Vicente Ferrio: “Soy más que mi trabajo”

Vicente Ferrio es ingeniero, formador y comunicador. Se formó en liderazgo y gestión en las universidades de Columbia y Harvard. Tras dos décadas dirigiendo proyectos internacionales, decidió profundizar en el fenómeno humano, en el sentido del trabajo, los cambios de carrera y la iniciativa emprendedora como clave para desarrollar nuestro talento y ponerlo al servicio de la sociedad. Acaba de publicar ‘Soy más que mi trabajo’.

Pregunta: ¿Por qué crees que cada vez más personas sienten que su trabajo no les representa?

Vicente Ferrio: Durante años hemos confundido trabajo con identidad. Nos han enseñado a presentarnos con un cargo, una profesión o una empresa, como si eso resumiera quiénes somos. Un puesto puede darte sueldo, estructura o reconocimiento, pero no siempre te da verdad. Y, llega un momento, en que mucha gente se mira al espejo y siente que está cumpliendo por fuera, pero apagándose por dentro. No es que el trabajo esté siempre mal; muchas veces lo que está roto es la manera en que hemos delegado en él nuestra identidad.

Vicente Ferrio.

P.: ¿Hasta qué punto las expectativas que tenemos sobre el trabajo son poco realistas?

V.F.: Hemos comprado la idea del trabajo perfecto que nos motive, nos represente y nos dé buenos ingresos, libertad, propósito, buen ambiente y energía para vivir. Y algo así es difícil que suceda siempre. El problema no es aspirar a algo mejor, sino comparar cualquier trabajo real con una fantasía imposible. Y así, mucha gente no disfruta, no construye y no se compromete con nada, porque vive esperando una versión ideal que no existe.

P.: ¿Qué papel juega el reconocimiento externo en nuestra satisfacción profesional?

V.F.: A todos nos gusta sentirnos valorados, pero, cuando se convierte en la base de nuestra autoestima profesional, empezamos a depender demasiado de algo que no controlamos. Entonces trabajas no solo para aportar o crecer, sino para que te aprueben, te aplaudan o te validen. Y eso agota muchísimo. El reconocimiento externo suma, claro que sí, pero no puede ser la razón principal. Si tu valor depende siempre de la mirada ajena, acabarás construyendo una carrera muy frágil.

P.: ¿Se puede disfrutar del trabajo sin que sea “vocacional”?

V.F.: Una de las trampas modernas es pensar que únicamente puedes disfrutar de un trabajo si es tu gran vocación o tu misión vital. Hay muchísima gente que no trabaja en lo suyo de una forma apasionada y, sin embargo, encuentra satisfacción, dignidad, aprendizaje, relaciones valiosas y sentido en lo que hace. No hace falta que cada lunes sea un festival de entusiasmo, basta con que haya coherencia, margen de crecimiento, buen ambiente y la sensación de que lo que haces tiene cierto valor. El disfrute no siempre viene de la vocación; muchas veces viene de la actitud, del enfoque y de cómo encaja ese trabajo en tu vida.

P.: ¿Qué es exactamente el “síndrome del lunes eterno” del que hablas en el libro?

V.F.: Es esa sensación de que no solo odias los lunes, sino que has dejado de ser dueño de tu tiempo y de tu vida entre semana. Mucha gente cree que lo que odia es su trabajo, pero en realidad lo que le pesa es sentir que vive en piloto automático, atrapada en una rutina que le roba energía, presencia y libertad interior. El domingo por la tarde se convierte en una pequeña tragedia semanal, no por el calendario, sino porque significa volver a una vida que sientes que no controlas. Por eso digo que el problema no es solo laboral, es también existencial.

P.: ¿Cómo influye el miedo a perder estabilidad, estatus o ingresos en nuestras decisiones profesionales?

V.F.: El miedo es uno de los grandes jefes en la sombra de nuestra carrera. Hace que aceptemos trabajos que no nos encajan, que posterguemos decisiones importantes, que nos quedemos años donde ya no crecemos o que confundamos prudencia con resignación. Nos decimos que aguantamos por responsabilidad, pero muchas veces aguantamos por miedo a decepcionar, a perder imagen o a salir de la zona conocida. Y lo curioso es que esa supuesta seguridad, a veces, nos sale carísima, pues la pagamos con tiempo, energía, creatividad y salud emocional.

P.: ¿Cómo puede alguien empezar a definir su propia propuesta de valor?

V.F.: El primer paso es dejar de pensar solo en tu cargo o en tus tareas y empezar a preguntarte: “¿Qué cambio genero cuando aparezco en un proyecto, en un equipo o en un problema?”. La propuesta de valor no va solo de lo que sabes, sino de lo que haces posible en los demás. Tiene que ver con tus talentos, con tu forma de trabajar, con tu mirada, con tu diferencial y con el impacto real que generas. A veces, uno cree que no tiene nada especial y, lo que realmente pasa es que, lleva tanto tiempo haciendo bien ciertas cosas, que ya ni las ve. Definir tu propuesta de valor es ponerle palabras a eso que otros notan en ti, aunque tú todavía no lo hayas ordenado bien.

P.: ¿Qué importancia tiene aprender a comunicar lo que uno aporta?

V.F.: El valor que no se comunica muchas veces se vuelve invisible. Nos han educado para creer que si trabajas bien, alguien se dará cuenta tarde o temprano. A veces pasa, pero muchas otras no. No se trata de vender humo, ni de ir por la vida con un altavoz, sino de aprender a expresar con claridad qué haces, qué problema resuelves, qué impacto generas y por qué merece la pena contar contigo. Comunicar bien lo que aportas no es ego, es madurez profesional. Es dejar de esperar a que te descubran y empezar a ocupar tu lugar con naturalidad.

Portada del libro.

P.: ¿Qué le dirías a alguien que siente que ha invertido años en una carrera que ya no le encaja?

V.F.: Le diría, primero, que no ha perdido esos años. No ha tirado su vida a la basura. Ha acumulado experiencia, criterio, cicatrices, habilidades y una comprensión de sí mismo que, ahora, puede usar a su favor. Otra cosa es que le duela reconocer que ese traje ya no le queda bien. Y eso es humano. Hay etapas que se agotan. Hay trabajos que te sirven durante un tiempo y luego empiezan a agotarte. Lo importante no es castigarte por haber llegado hasta ahí, sino preguntarte con honestidad qué toca construir ahora con todo lo que ya eres. Cambiar no siempre es empezar de cero; muchas veces es empezar con más autenticidad.

P.: ¿Hasta qué punto el libro cuestiona la idea de éxito que nos han vendido?

V.F.: La cuestiona bastante, porque una parte esencial de la insatisfacción laboral viene de perseguir una definición de éxito que ni siquiera hemos elegido nosotros. Nos han vendido que triunfar es ascender, ganar más, tener un gran cargo, estar siempre ocupado y parecer importante. Pero quizá para otra persona el éxito sea tener tiempo, libertad, calma, creatividad o una vida más equilibrada. El problema es que mucha gente ha alcanzado un éxito de escaparate y, aun así, se siente vacía por dentro. Este libro invita precisamente a revisar eso: si la meta que persigues de verdad tiene algo que ver contigo.

P.: ¿Qué te gustaría que sintiera o pensara el lector al terminar “Soy más que mi trabajo”?

V.F.: Me gustaría que sintiera alivio al entender que no tiene un problema, que no es raro, que no está solo. Y también un poco de energía nueva. La energía de quien empieza a sospechar que puede vivir su carrera de otra manera, con más libertad interior, menos dependencia de la validación externa y más protagonismo. No espero que el lector termine el libro con la vida resuelta, pero sí con la idea de que su trabajo importa, claro que sí, pero no define todo lo que es. Y, desde ahí, se respira distinto.

Sigue la actualidad de l’Horta en Google

Añade Hortanoticias como fuente preferida y recibe más noticias de tu comarca y municipios.

Añadir Hortanoticias en Google

Haz clic, marca la casilla y listo.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *