La falta de oferta de vivienda nueva en València está trasladando la presión del mercado al área metropolitana, donde municipios como Godella y Burjassot ya superan los 4.000 euros por metro cuadrado en obra nueva. Así lo advierte el informe del primer trimestre de 2026 de la Cátedra Observatorio de la Vivienda de la Universitat Politècnica de València (UPV), que alerta de que la capital “se queda sin vivienda” y de que la tensión residencial se está extendiendo a todo el sistema metropolitano.

Según este estudio, el precio medio de la vivienda de obra nueva en la ciudad de València ha alcanzado los 4.168 euros por metro cuadrado en el primer trimestre de 2026, lo que supone un incremento del 19 % respecto al mismo periodo del año anterior. La subida es todavía más acusada si se compara con el cierre de 2019, cuando el precio se situaba en 1.915 euros por metro cuadrado, lo que equivale a un aumento del 117,6 %.
El director de la Cátedra, Fernando Cos-Gayón, advierte de que la demanda ya no puede resolverse dentro de la capital y se desplaza cada vez con más intensidad hacia los municipios de su entorno. En ese escenario, localidades del área metropolitana como Godella y Burjassot ya replican e incluso superan los niveles de precio de la ciudad de València, lo que, a juicio del informe, evidencia que el problema no desaparece, sino que se desplaza.
El análisis apunta a un desequilibrio estructural entre oferta y demanda como origen principal de esta situación. La producción de vivienda nueva, según la Cátedra, sigue muy por debajo de las necesidades reales, mientras la demanda continúa creciendo de forma sostenida, impulsada en buena medida por la evolución demográfica. Esta falta de respuesta del sistema está derivando, según el informe, en precios más altos y en una mayor dificultad de acceso a la vivienda.
La UPV también pone el foco en el tipo de vivienda que se está promoviendo. El informe advierte de que muchas de las nuevas promociones no responden a la capacidad económica real de la mayoría de los hogares, lo que deja fuera del mercado tanto a los jóvenes como a las rentas medias. En este contexto, la vivienda de protección pública vuelve a situarse como una herramienta clave, aunque su desarrollo sigue siendo insuficiente por los elevados costes de construcción.
A esta situación se suma además la dificultad de acceso al alquiler. El aumento de precios y la reducción de la oferta han convertido el mercado arrendatario en una carga estructural para muchos hogares. El informe añade que los cambios regulatorios y la inseguridad jurídica están contribuyendo a la retirada de viviendas del alquiler tradicional, mientras que la reducción de la financiación bancaria en fases iniciales complica todavía más la generación de nueva oferta.
Ante este escenario, la Cátedra plantea la necesidad de replantear el modelo residencial y apuesta no solo por construir más vivienda, sino por impulsar un producto adaptado a las necesidades reales de la población. Entre las propuestas figura el desarrollo de una nueva tipología de vivienda asequible en alquiler, flexible y ajustada a la capacidad económica de los hogares, en un contexto en el que, según concluye el informe, el problema de la vivienda ya no es solo urbano, sino claramente metropolitano.





























































































































































































































