Eduardo Álvarez Tuñón (Buenos Aires, 1957) es narrador, poeta y ensayista, miembro de número de la Academia Argentina de Letras y miembro correspondiente de la Real Academia Española. A lo largo de su trayectoria ha publicado numerosas novelas, poemarios y libros de relatos, entre los que destacan ‘Armas blancas’, ‘El tropiezo del tiempo’ y ‘Donde la luz se pierde’, reunidos ahora en ‘Cuentos completos’ (Libros del Zorzal) junto a los relatos inéditos de ‘El último fervor’. Su obra ha sido traducida al inglés, francés e italiano. Actualmente, codirige la colección de poesía El aura, de Libros del Zorzal. En 2024 recibió el Premio Konex en el género cuento y en 2026 fue distinguido con el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía.
Pregunta: ¿Qué significa para ti reunir tantos años de escritura en un solo volumen?

Eduardo Álvarez Tuñon: La publicación de mis ‘Cuentos completos’ es, para mí, de una relevancia singular porque reúne toda mi producción de narrativa breve e incluye un libro inédito y, como epílogo, el texto de mi discurso de incorporación a la Academia Argentina de Letras, en el que expongo mi teoría sobre el cuento como género. Compruebo, a lo largo de los años, que he sido coherente con lo que he llamado “realismo inverosímil”, que caracteriza a mis historias, en general verídicas, pero increíbles para el lector, que aguarda el desenlace y se pregunta si lo narrado ocurrió o no.
P.: ¿Qué crees que caracteriza tu obra inédita, ‘El último fervor’, incluida en este libro?
E.A.T.: Mi obra inédita continúa en esa línea y el relato que da título al libro, ‘El último fervor’, tiene por personajes a Borges y a su padre. El episodio final sucede precisamente aquí, en Madrid, con la visita a quien fuera su maestro, Rafael Cansinos Assens.
P.: ¿Cómo es el proceso de convertir un hecho real en un cuento? ¿En qué momento comienza a intervenir la imaginación?
E.A.T.: El proceso de escritura, pese a los años que lo llevo a cabo, sigue siendo, para mí, misterioso. Escucho historias, como si tuviese un secreto radar; llegan a mí, las maduro, a veces las abandono y luego surgen. Mientras escribo, dejo fluir la imaginación, trato de ponerme en el lugar de los personajes y les agrego detalles y matices, a veces para darles más verosimilitud.
P.: ¿Están todos los cuentos basados en hechos reales?
E.A.T.: En su gran mayoría, sí. Me gusta trabajar en la escritura con lo real e inverosímil. Ser juez nacional y fiscal general te habituó a escuchar historias sorprendentes; ¿te has inspirado en casos para escribir estos cuentos? Las tareas como juez y fiscal me proporcionaron numerosas historias. Algunas, las más singulares, dieron origen a algunos de mis cuentos, e incluso a la novela ‘El desencuentro’.
P.: Utilizar el recurso de la ironía poética, ¿qué te permite?
E.A.T.: Acercarme a la vida, a la realidad y sus facetas más profundas.
P.: ¿Cómo posicionarías el género del cuento en la lengua española?
E.A.T.: Lamentablemente, no lo veo en auge. Pero en los últimos tiempos ha recuperado terreno. Ha sido muy importante. Pensemos en Jorge Luis Borges, en Julio Cortázar, en Juan Carlos Onetti, en Gabriel García Márquez.
P.: ¿Desde cuándo eres académico correspondiente de la RAE y cuáles son tus funciones en este ámbito?
E.A.T.: Soy académico desde septiembre de 2021 y he trabajado, esencialmente, en temas literarios. Me interesa mucho la escritura y los elementos poéticos de la narrativa. Mi discurso de incorporación fue sobre ‘El lugar del cuento en la literatura y la pasión por narrar’.
P.: La música tiene una gran relevancia en el libro: ¿por qué?
E.A.T.: No lo podría precisar, pero es cierto. He estudiado música sin ningún éxito; me parece un lenguaje superior.

P.: ¿Cuál es tu vínculo con Barcelona? Uno de los relatos, La suerte y la noche, que sucede en Barcelona, es autobiográfico.
E.A.T.: En verdad, mi abuela paterna era de Barcelona y vino a Argentina a los 16 años. Vivía cerca de la Rambla y siento Cataluña como uno de mis orígenes. Ella se enojaba y se alegraba en catalán. Ese cuento tiene mucho de autobiográfico, pero no todo. Acompañé a los garitos en lugar de cuidarlo, pero siempre a su pedido. Quise escribir sobre la vejez y la juventud extrema. Un encuentro de seducciones mutuas.










































































































































































































