Valencia Basket ya no juega únicamente finales. Las sobrevive. Las domina. Las transforma en capítulos eternos. Y el Roig Arena vivió este domingo una de esas historias destinadas a permanecer durante décadas en la memoria colectiva del baloncesto español.

El conjunto taronja conquistó su cuarta Liga Femenina Endesa consecutiva tras derrotar al Casademont Zaragoza por un agónico 68-67 en una final resuelta sobre la bocina, con una penetración imposible de Yvonne Anderson que desató el delirio absoluto en un pabellón convertido en un volcán emocional. Un desenlace cinematográfico para coronar a un equipo irrepetible, capaz de sufrir, resistir y levantarse una vez más cuando todo parecía escaparse.
La victoria cerró la serie con un contundente 2-0 tras el triunfo logrado días antes en Zaragoza y confirmó definitivamente a este Valencia Basket como una de las grandes dinastías del deporte nacional: cuatro ligas consecutivas, once títulos en apenas seis temporadas y una estructura deportiva que ha convertido la exigencia y la competitividad en una forma de vida.
Raquel Carrera fue elegida MVP de la final, pero la conquista llevó la firma colectiva de un grupo que volvió a responder en el momento más límite. Anderson apareció para decidir la última posesión. Leticia Romero sostuvo emocionalmente al equipo en el tercer cuarto. Leo Fiebich dominó en los momentos calientes. Y Awa Fam dejó una despedida imborrable con un triple gigantesco cuando el partido ardía.
El Roig Arena ya tiene su primera gran noche histórica.

Zaragoza golpea primero y silencia el Roig Arena
El partido arrancó bajo una tensión gigantesca. Valencia Basket saltó a pista con Yvonne Anderson, Elena Buenavida, Leo Fiebich, Raquel Carrera y Awa Fam. Enfrente, un Casademont Zaragoza sin margen de error, decidido a llevar la final al límite y dispuesto a desafiar el ambiente de un Roig Arena completamente entregado.
Y las aragonesas entraron mejor.
Dos triples consecutivos de Ortiz y Hempe colocaron rápidamente un inquietante 0-6 que silenció por unos segundos el pabellón. Valencia Basket reaccionó con carácter, devolviendo inmediatamente un parcial de 8-0 liderado por Anderson, capaz de romper líneas y generar ventajas cuando el ataque taronja empezaba a atascarse.
Pero Zaragoza estaba cómodo. Muy cómodo.
El conjunto maño encontraba situaciones liberadas desde el perímetro, castigaba los desajustes defensivos y mantenía un nivel de acierto elevadísimo. Valencia Basket sobrevivía gracias a acciones individuales, puntos cerca del aro y el empuje de su público, aunque el partido comenzaba a mostrar un escenario incómodo para las locales.
Rubén Burgos tuvo que detener el encuentro con el equipo cuatro abajo tras varios ataques consecutivos visitantes bien ejecutados. La sensación era clara: Valencia Basket necesitaba subir muchísimo el nivel defensivo para cambiar la dinámica.
El primer cuarto terminó con ventaja visitante (18-22) tras otro triple de Bankolé y una canasta sobre la bocina de Flores. Zaragoza había golpeado primero y lo hacía transmitiendo personalidad y confianza.

El aro se cierra y aparece Awa Fam
El segundo cuarto fue todavía más duro para Valencia Basket.
Casademont Zaragoza siguió martilleando desde la línea de tres y aprovechando el dominio físico de Gueye cerca del aro. Las visitantes llegaron a colocarse siete arriba y comenzaron a transmitir la sensación de tener completamente controlado el ritmo emocional del encuentro.
Valencia Basket veía el aro diminuto. El balón no circulaba con fluidez y cada posesión parecía una batalla.
Entonces apareció Awa Fam.
La joven interior conectó el primer triple taronja de la mañana y el Roig Arena reaccionó de inmediato. Fue una canasta liberadora, casi simbólica. Leo Fiebich elevó entonces el tono competitivo del equipo con varias acciones de enorme nivel físico y Anderson volvió a sostener al grupo atacando el aro con agresividad.
El intercambio de golpes continuó. Zaragoza seguía encontrando respuestas desde el perímetro con Oma y Ortiz, mientras Valencia Basket intentaba no perder definitivamente el partido antes del descanso.
Raquel Carrera apareció entonces desde el triple y Leticia Romero comenzó a activarse ofensivamente. Anderson cerró la primera mitad con una bandeja fundamental que dejó el marcador en un esperanzador 33-36 al descanso.
Porque, pese a todas las dificultades, Valencia Basket seguía vivo.

Romero prende la mecha de la remontada
El tercer cuarto fue un ejercicio de supervivencia competitiva.
Valencia Basket salió mucho más agresivo atrás, pero Zaragoza continuó castigando cada error defensivo. Oma volvió a aparecer desde el perímetro y las visitantes recuperaron ventajas importantes. Anderson y Romero recortaban, pero cada reacción encontraba un nuevo triple maño como respuesta.
Hermosa elevó la diferencia hasta los diez puntos mediado el tercer periodo y el Roig Arena entró por primera vez en una especie de angustia colectiva.
Entonces llegó el punto de inflexión.
Rubén Burgos paró el partido buscando un reinicio emocional y la respuesta apareció desde el liderazgo de Leticia Romero. La base canaria firmó probablemente los mejores minutos competitivos del encuentro. Penetró, dirigió, robó ritmo al partido y asumió tiros fundamentales cuando el balón quemaba.
Primero llegaron dos canastas de enorme calidad. Después, un triple de Leo Fiebich completó un parcial de 7-0 que cambió completamente el ambiente del pabellón.
Y entonces sucedió la locura.
Con el reloj de posesión agonizando, Leticia Romero lanzó un triple prácticamente imposible que tocó red justo cuando sonaba la bocina. Empate. Explosión absoluta en el Roig Arena. El partido volvía a empezar.
Los dos tiros libres finales de Pueyo dejaron el 51-53 antes del último cuarto. Todo quedaba abierto para diez minutos de máxima tensión.

El último cuarto de las campeonas
Los últimos diez minutos fueron una batalla emocional salvaje.
El miedo a perder comenzó a pesar en ambos equipos y el ritmo anotador cayó radicalmente. Cada posesión era un combate físico y mental. Cada rebote se peleaba como si fuera el último.
Valencia Basket seguía remando.
Buenavida encontró una canasta importante. Leticia anotó desde el tiro libre. Fingall respondió para Zaragoza. Y cuando más quemaba el balón apareció otra vez Ortiz con un triple brutal que devolvía el mando a las visitantes.

Raquel Carrera respondió inmediatamente sacando una falta y anotando dos tiros libres. Fiebich empató después desde la personal y el partido entró en un territorio completamente emocional a falta de cinco minutos.
Fue entonces cuando Leo Fiebich clavó un triple gigantesco que colocó por delante a Valencia Basket por primera vez desde el 8-6 inicial. El Roig Arena rugía. Parecía el momento definitivo.
Pero Zaragoza volvió a responder.
Ortiz conectó otro triple demoledor. Leticia empató otra vez. Oma devolvió la ventaja a las visitantes. Y entonces apareció el momento Awa Fam.
La pívot soltó un triple frontal espectacular a poco más de un minuto para el final que puso el 66-65 y provocó un estallido ensordecedor en el pabellón.
Todavía faltaba el último golpe.
Oma anotó una bandeja tremenda para devolver el mando a Zaragoza y dejar el 66-67 con menos de un minuto por jugarse. Valencia Basket falló dos tiros consecutivos y el partido parecía escaparse.
Pero las campeonas siempre encuentran una última vida.

Anderson escribe una imagen eterna
Con apenas 12 segundos en el reloj, Valencia Basket preparó la última posesión de la temporada.
El balón acabó en manos de Yvonne Anderson.
La veterana exterior asumió toda la responsabilidad. Penetró entre varias defensoras, atacó el aro con valentía y lanzó prácticamente sobre la bocina. El balón golpeó el aro, rebotó durante una eternidad y terminó entrando mientras sonaba el final.
68-67.
Locura absoluta.
Jugadoras desplomadas sobre el parquet. El banquillo invadiendo la pista. Rubén Burgos celebrando con rabia. El Roig Arena convertido en un estruendo imposible de describir.
Valencia Basket acababa de conquistar otra Liga desde el sufrimiento, desde la resistencia y desde la fe inquebrantable en sí mismo.

Una despedida con sabor a eternidad
La celebración final tuvo también un fuerte componente emocional.
Queralt Casas y Cristina Ouviña levantaron el trofeo entre lágrimas mientras la afición despedía a dos jugadoras fundamentales como Awa Fam y Leo Fiebich. La imagen resumía perfectamente lo que representa este grupo: competitividad feroz y vínculo emocional con su gente.

Raquel Carrera fue nombrada MVP de la final tras otra serie gigantesca y Rubén Burgos volvió a demostrar por qué este Valencia Basket ha construido una cultura ganadora incomparable en el baloncesto femenino español.
Porque este equipo ya no es solamente campeón. Es historia viva.





















































































































































































































