Pan y circo: La coreografía del adiós en Moncada

Jesús Gimeno Ciudadanos Moncada

Dice el refranero que “no hay nada más largo que una despedida que no quiere consumarse”. En Moncada, sin embargo, estamos asistiendo a un fenómeno nuevo: la transformación de la gestión municipal en una gira de despedida de una estrella de variedades.

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El próximo 17 de junio parece haberse marcado en el calendario oficial no como un trámite administrativo, sino como el clímax de un culto a la personalidad que pagamos todos. La consigna es clara: que la señora Orts no pierda ni un gramo de protagonismo antes de ceder la vara de mando. Y para ello, el equipo de gobierno ha decidido que la gestión debe detenerse para que la fiesta continúe.

Es fascinante, por no decir audaz, la capacidad de este Ejecutivo para inventarse efemérides. Hemos pasado de celebrar décadas a conmemorar el ’55 aniversario’ de las Reinas de las Fiestas. ¿Por qué el 55 y no el 50 o el centenario? La respuesta no está en la historia de Moncada, sino en la urgencia del ego: es el último año de la alcaldesa y cualquier excusa es buena para un flash, un escenario y un brindis a cuenta del contribuyente.

Mientras la orquesta afina y se organizan galas de falleros, vehículos antiguos y actos multitudinarios de Protección Civil, la realidad de Moncada se desmorona tras las bambalinas. Es el triunfo de la estética sobre la aritmética.

Hablemos de números, esos que no salen en las fotos de Instagram: 8.300.000 euros de fondos FEDER evaporados por pura negligencia; 2.000.000 euros en inversiones fantasma, vinculadas a una parcela en el polígono que nadie sabe -o nadie quiere- vender y 136.000 euros extra en el último pleno para ‘saraos’, elevando la partida de fiestas a la escandalosa cifra de 1,2 millones de euros.

Es el mundo al revés: tenemos presupuesto para orquestas, pero no tenemos Presupuestos Municipales. Estamos en abril y, al igual que el año pasado, las cuentas públicas brillan por su ausencia. El Auditorio, el carril bici de la Pelosa y el Camí Camarena no son proyectos; son ya leyendas urbanas que duermen el sueño de los justos mientras el dinero vuela en confeti.

La guinda del pastel será el 17 de junio. Un relevo a las 12:00 de un miércoles, con precisión de relojero, para que el señor Gonzalvo no pierda ni un segundo de su cuota de poder. Asistiremos entonces a una guerra de codazos por el encuadre de la foto: ella intentando retener una sombra de mando y él ensayando la sonrisa de quien hereda un municipio con la gestión vacía pero el calendario de festejos lleno.

Gobernar es establecer prioridades. Y en Moncada, la prioridad no es que las calles estén limpias o que las infraestructuras funcionen. La prioridad es que, cuando el barco se hunda, la música no deje de sonar y el maquillaje de la capitana luzca impecable.

Cuestión de prioridades, dicen. Cuestión de decencia, diría yo.

Jesús Gimeno | concejal Ayuntamiento de Moncada por Ciudadanos | @jgimenocs ]

 

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