Vecinas y vecinos de Albal, agrupados en un colectivo civil organizador, celebraron este sábado un acto de memoria, dignidad y reparación simbólica con motivo de la restauración de la placa en recuerdo de las víctimas mortales de la DANA del 29 de octubre de 2024, instalada frente a Correos y vandalizada meses atrás.

El memorial forma parte de un espacio de recuerdo creado por la sociedad civil de Albal en torno a una olivera, una placa conmemorativa y velas en memoria de las víctimas.
El pasado mes de abril, distintos medios recogieron la denuncia vecinal por el ataque sufrido por este espacio, en el que se dañó la placa y el entorno del memorial, así como la petición de que fuera repuesto en condiciones dignas.
Durante el acto se encendieron velas junto a la olivera y la placa restaurada, y se reivindicó la necesidad de preservar los espacios de memoria como lugares de dignidad colectiva.
Como recogía el manifiesto leído durante la convocatoria, “la memòria, quan és vertadera, no consistix només a recordar el que va passar”, sino que consiste también en “cuidar el lloc moral que ocupen les víctimes”.
La presencia más destacada fue la de Rosa Álvarez, de la Asociación de Víctimas Mortales de la DANA 29-O, que subrayó la importancia de los actos pequeños y cuidados “con mimo”, especialmente cuando nacen desde la sociedad civil. Álvarez también señaló, en relación con la dimensión pública de la memoria, que “las ausencias de los representantes políticos, de cualquier color político, hablan por sí mismas”.
También asistieron concejales del PSPV en el Ayuntamiento de Albal, como Lola Martínez, Melani Jiménez, Inma Marí y Aitor Ávalos, así como Mar Sanchis, miembro de Esquerra Unida Albal, y Fernando Ntutumu, coordinador de Esquerra Unida l’Horta Sud.
El manifiesto recordó que la cifra oficial de víctimas mortales reconocidas asciende ya a 231 personas y defendió que “cap xifra, per exacta que siga, arriba del tot a anomenar una vida”. El texto insistió en que detrás de cada número había “una casa, un projecte de vida, una família, una taula que va quedar incompleta”.
La restauración de la placa fue presentada como una respuesta serena, pero firme, ante la vandalización del memorial. En palabras del manifiesto, “trencar una placa de memòria no és danyar una cosa. És intentar ferir una altra vegada els qui ja van ser ferits”. Frente a ello, el acto reivindicó volver a colocar la placa “sense cridar, sense odi, sense renunciar tampoc a la fermesa”.
El texto también puso en valor la olivera como símbolo de arraigo, permanencia y memoria compartida: “una olivera no torna una vida, però pot impedir que una comunitat oblide on li va fer mal”. La intervención combinó el homenaje a las víctimas y a sus familias con el reconocimiento a quienes, tras la catástrofe, salieron a ayudar “amb botes, pales, poals i mans”.
El acto concluyó con un mensaje de compromiso colectivo: “Que esta olivera creixca. Que esta placa permaneixca. Que les famílies no se senten a soles. Que les víctimes tinguen veritat. Que la reparació no siga una paraula pendent”.
























































































































































































