El Ayuntamiento de València ha comenzado los trabajos previos para restaurar el artesonado de la Sala Dorada de la Lonja de los Mercaderes, una estructura de madera del siglo XV considerada una de las piezas más destacadas de su género en Europa. La instalación del andamio en la planta superior del edificio del Consulado del Mar permitirá realizar los primeros estudios sobre el estado de conservación del techo antes de abordar su recuperación.
La intervención coincide con el año en que se cumplen 30 años de la declaración de la Lonja como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, que tuvo lugar en diciembre de 1996.
Los trabajos fueron adjudicados el pasado 21 de septiembre por la Delegación de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales a la empresa Noema Restauradores S.L. por un importe de 36.070,10 euros, IVA incluido, y un plazo aproximado de tres meses. Durante este tiempo, la Sala Dorada permanecerá cerrada al público.
Esta primera fase contempla catas estructurales, tratamientos preventivos contra los insectos xilófagos y actuaciones constructivas para conocer el estado del alfarje. Los resultados servirán para redactar y ejecutar el proyecto de restauración integral, cuyo presupuesto supera el millón de euros.
El concejal responsable del área, José Luis Moreno, ha destacado el valor artístico de la pieza: “El artesonado de la Sala Dorada es, sin duda, una de las grandes joyas del patrimonio artístico valenciano. Sus tallas, pinturas y dorados constituyen un testimonio excepcional del esplendor cultural alcanzado por nuestra ciudad durante el Siglo de Oro y forman parte de una rica herencia histórica que debemos conocer, conservar y transmitir”.
Moreno ha explicado que, antes de iniciar su recuperación, resulta necesario conocer con precisión su estado actual, “con respeto siempre los materiales originales y el extraordinario valor del conjunto”.
Un diagnóstico antes de la restauración integral
La actuación cuenta con la autorización de la Dirección General de Patrimonio Cultural, concedida el pasado 31 de julio, y permitirá examinar tanto las partes visibles como la estructura interna del artesonado.
Para ello, los restauradores trabajarán sobre dos vigas y sus correspondientes tabicas. También levantarán de forma controlada un metro cuadrado de la tarima flotante de la planta superior para acceder a la parte oculta del techo y analizar sus posibles daños.
El artesonado presenta actualmente una importante acumulación de suciedad ambiental, provocada por el paso del tiempo, la contaminación atmosférica y la falta de mantenimiento. Estos depósitos dificultan la conservación de la madera y afectan a la visibilidad de sus pinturas y elementos decorativos.
La intervención incluirá la retirada del polvo y de las capas de suciedad, con especial cuidado para no alterar los materiales originales. También se extraerán pequeñas muestras para analizar los pigmentos, los aglutinantes y las preparaciones utilizadas en su elaboración.
Además, se realizarán pruebas para comprobar cómo responden los estratos pictóricos a los tratamientos de consolidación y limpieza, así como ensayos de estucado sobre la madera y las superficies pintadas. El estudio de las patologías internas permitirá definir los procedimientos más adecuados para la futura restauración.
Una obra concebida para mostrar el esplendor de València
El artesonado formaba parte de la Sala Dorada de la antigua Casa de la Ciudad, la estancia de mayor representación institucional de la sede del gobierno municipal. En 1418, los jurados de València encargaron su construcción con una instrucción muy concreta: realizar “una construcción tan bella y tan costosa como pudiera hacerse”, siguiendo el criterio de los maestros más experimentados.
La obra fue realizada por Joan del Poyo y otros artistas destacados de la época. Está formada por 670 piezas distribuidas en 19 vigas de madera, apoyadas sobre dobles jácenas. El conjunto reúne tallas, pinturas y dorados con representaciones del escudo de la ciudad, motivos bélicos, figuras fantásticas y referencias musicales.
El doctor arquitecto Arturo Zaragozá destaca que “su riqueza en tallas, pinturas y dorados y su extenso alarde de técnicas artísticas, unidas en un relato global sobre el buen y el mal gobierno, pasando por lo cotidiano y lo legendario, hacen de este techo una pieza cargada de historia, belleza y de fantasía“.
La historia del artesonado también está marcada por el incendio que sufrió la antigua Casa de la Ciudad en 1853. El fuego dañó parte de la estructura y, tras el derribo del edificio, la obra fue desmontada y almacenada en distintas dependencias.
En 1920, a propuesta del archivero y cronista municipal Luis Tramoyeres, se decidió trasladarla al Consulado del Mar de la Lonja. Para adaptarla a su nueva ubicación se incorporaron dos jácenas y varios tableros. Los trabajos terminaron en 1923, una fecha que todavía recuerda una placa de cobre situada en el acceso a la sala.
Músicos, guerreros y figuras fantásticas en el techo
El programa iconográfico del artesonado combina escenas religiosas, representaciones de animales y figuras humanas con un marcado carácter simbólico. Las ménsulas superiores muestran profetas sentados y vestidos con túnicas, mientras que en las inferiores aparecen animales y seres híbridos asociados al mal gobierno.
En los laterales se distribuyen bajorrelieves policromados y dorados con niños, leones y dragones. Las vigas están decoradas con pinturas y dorados que representan ejemplos de virtudes cívicas y otros motivos ornamentales.
La parte superior del conjunto incorpora figuras de músicos y guerreros talladas en bajorrelieve, pintadas y doradas. Los personajes presentan cuerpos híbridos que mezclan rasgos humanos y animales, con vestimentas inspiradas en la moda del siglo XV.
Según la descripción de Arturo Zaragozá, la composición reúne una serie de músicos que interpretan distintos instrumentos y otra de figuras que parecen representar una danza guerrera ceremonial. El arquitecto relaciona estas escenas con “los espectáculos de las entradas reales en la ciudad y de la procesión del Corpus Christi, la Festa Grossa de la ciudad”, aunque trasladados a “un extraño mundo paralelo de monstruos híbridos, con notable carga humorística, paródica y acaso ridiculizante del imaginario de la caballería”.
Zaragozá destaca también “la expresividad de los rostros, el movimiento de las figuras y la calidad de la pintura y del dorado” como características que convierten esta parte del artesonado en un conjunto excepcional.










































































































































































































