Cristina Araújo Gámir: “Esta es la manera en la que siempre había soñado escribir”

Cristina Araújo Gámir presenta su obra Distancia de fuga, explorando el amor y la identidad.

Tras el impacto de ‘Mira a esa chica’, novela con la que ganó el XVIII Premio Tusquets Editores, Cristina Araújo Gámir (Madrid, 1980) regresa con ‘Distancia de fuga’ (Tusquets), una obra en la que cambia de registro para explorar, con una mirada más introspectiva, las complejidades del amor, la identidad y la forma de contarse.

Cristina Araújo Gámir presenta su obra Distancia de fuga, explorando el amor y la identidad.“Yo siempre he sabido que quería escribir de esta manera”, explica Araújo. Antes de Mira a esa chica, cuenta, ya trabajaba en textos más cercanos a este tono, aunque no llegaron a publicarse. “Sabía que lo de Mira a esa chica era una excepción”, añade.

Ese cambio se nota en una narración más pausada y más atenta a su propio ritmo. La historia arranca en el norte de Italia, durante un verano, cuando Theo, un estudiante de filosofía, conoce a Frances, la hermana de su mejor amigo, Robin, y ese encuentro basta para trastocar sus vidas. A partir de ahí, la novela sigue el desajuste entre dos mundos que se separan: mientras él intenta abrirse paso en el ámbito académico, ella se ve arrastrada por un éxito fulgurante que la expone a otra realidad, mucho más vertiginosa. Es, como reconoce la autora, “la manera en la que siempre había soñado escribir”, y también una historia especialmente significativa para ella.

Su cuidado de la forma marca el ritmo de la novela. “Para mí la forma tiene muchísima importancia, incluso más que el contenido”, afirma. El tema, insiste, es lo de menos; lo decisivo es cómo se construye: “si la forma no me convence, me echa para atrás”. En el fondo, resume, “la literatura es hacer atractivo el envase de la narración”.

Esa exigencia se traduce en una escritura que intenta esquivar lo previsible. “Intento evitar frases hechas y buscar una manera más propia de expresar”, explica, aunque reconoce que no es un proceso sencillo: “no me sale sin más: me cuesta muchísimo”.

En Distancia de fuga, el amor se construye desde dentro, como una experiencia que se vive más que como algo que se observa. Araújo llevaba tiempo queriendo abordar una historia así, aunque tenía claro que quería alejarse de lo previsible: “quería escribir una historia de amor, pero evitando caer en lo cursi”. Por eso se centra en lo íntimo, en cómo ese sentimiento atraviesa a quien lo vive: “me interesa contar cómo te afecta mental, emocional y físicamente. El amor también te cambia el cuerpo, la energía, los hábitos.”

En ese recorrido, la filosofía aparece como una herramienta para pensar las emociones. Es, reconoce, una inquietud personal que llevaba tiempo queriendo explorar: “me fascinaba ese nivel de abstracción”. Y también una forma de encontrar precisión en lo que se cuenta: “hay maneras filosóficas de describir el desamor que son perfectas”.

El propio título, Distancia de fuga, recorre toda la novela. Araújo lo explica como una especie de medida invisible que regula las relaciones, “cada persona tiene una distancia a la que tolera al otro”. En ese equilibrio, añade, uno está constantemente calibrando cuánto acercarse sin romper nada: “ese ir y venir está presente todo el tiempo”.

La novela se abre también a cuestiones muy actuales, como la exposición constante o la fragilidad emocional, en un momento en el que, más que obstáculos externos, aparecen tensiones más difusas: la ambición, el tiempo o la dificultad de sostener una vida compartida. Para abordarlas, la autora se documentó con autobiografías y otros testimonios, con la intención de no caer en la superficialidad: “no quería que fuese irreverente ni mal documentado”. Porque, como subraya, no se trata de realidades ajenas, “la sobreexposición afecta mucho a cómo una persona se percibe a sí misma. No hace falta ser famosa para sufrir estos problemas”.

Con Distancia de fuga, Cristina Araújo Gámir se instala en una forma de escribir más suya. Una escritura donde el cómo se cuenta es tan importante como lo que se cuenta, y donde el amor se pone a prueba frente a todo lo que lo rodea. “Para mantenerte pegado necesitas pequeños impactos”, apunta, convencida de que todo depende, en última instancia, de la forma: “y eso se consigue con cómo lo cuentas.”

Quizá por eso, más que cerrar una historia, la novela deja una sensación que se queda: la de haber acompañado a dos personajes que, aun queriéndose, no siempre consiguen estar en el mismo lugar al mismo tiempo.

 

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