Chanti (Santiago González Riga) nació en la ciudad de Mendoza, Argentina, en 1970. Es considerado uno de los más grandes creativos que posee la historieta infantil argentina en la actualidad. Cuenta con más de ochenta libros publicados como autor integral y ha creado series emblemáticas como las series ‘Pico Pichón’, ‘Payunia City’, ‘La Historietería’, ‘Yoco Yaca’, ‘Misión más cota’, ‘Cachito y Chorlito’, y otras. Sin lugar a dudas, su historieta ‘Mayor y menor’, que fuera publicada semanalmente en la revista dominical Rumbos, es en la actualidad y desde hace dos décadas, un best seller indiscutido entre los lectores argentinos de todas las edades. Se encuentra compilada en varios libros que son disfrutados con devoción.
Pregunta: Después de tantos años creando para la infancia, ¿qué te siguen enseñando los niños como lectores? ¿Te sorprende todavía la manera en que reaccionan ante tus historias?

Chanti: Los niños son muy buenos como público lector, muy detallistas, muy fieles y muy sinceros. Te hacen saber si hay algún error. Porque leen y releen un libro muchas veces. ¡Y eso me encanta! Porque hace que uno con su trabajo esté dando siempre lo mejor posible. La primera regla para escribir para niños es no subestimarlos. Por eso, intento no darles todo masticado, pongo los elementos y que ellos analicen y saquen sus propias conclusiones. Y me sigue sorprendiendo cómo les llegan mis personajes, cómo se enganchan con las historias y se ríen con sus ocurrencias. Yo puedo darles vida a mis personajes, pero ellos son los encargados de mantenerlos con vida.
P.: Llevas años creando personajes e historias para niños. ¿Qué ha cambiado en tu manera de mirar la infancia desde tus primeros trabajos hasta ahora?
Ch.: Siento que los niños no han cambiado su esencia. Siguen siendo creativos, cuestionadores, e inocentes. Podrán ahora tener otros medios para entretenerse o tecnología más alcance de la mano, pero en sus primeras instancias, siguen siendo totalmente iguales a los niños de antes. Quizás este cambio lo podamos ver más en la adolescencia, donde se rigen más por una época, una moda, o la comunicación a través de la tecnología. Pero en los niños, no se ve tanto el cambio. Se siguen maravillando por historias bien contadas e incluso se siguen riendo por el mismo tipo de humor. La tecnología va cambiando a las personas, y les genera más ansiedad, menos tolerancia a la frustración, menos paciencia y que sea todo más inmediato.
P.: Tus libros trabajan mucho con el silencio, los gestos y la expresividad de los personajes. ¿Qué puede contar un dibujo que no podría contar una frase?
Ch.: ¡Uuff!, se pueden contar muchas cosas. El lenguaje no verbal dice mucho, y eso lo dibujo en mis personajes. Me gusta cuando puedo poner un detalle que rompa con el guion o que te haga mirar con detenimiento el dibujo. Hay una historieta de ‘Mayor y menor’ donde salen de un restaurante donde los chicos han estado haciendo lío, y el papá está hablando con la mamá diciendo que no salen más a comer afuera, mientras el hermano mayor dice: “Al Tobi se le salió una zapatilla”. Ese detalle hace que uno mire el dibujo con atención y se ría de algo que no estaba en el tema principal del guion. O por ejemplo, en mi reciente libro ‘Sobrenatural’, hice un dibujo donde de un huevo rompiéndose sale una garra de tigre. Y la gallina en vez de estar asustada o sorprendida, está emocionada y feliz. Eso hace pensar muchas cosas. Y esa fue la idea de ‘Sobrenatural’, que los dibujos dieran para reflexionar otras historias.
P.: En ‘Sobrenatural’, el libro nace de un juego creativo al revés: primero la imagen y después el texto de Cecilia Blanco. ¿Cómo fue trabajar desde esa libertad, sin explicar la ilustración y dejando que otra persona inventara la historia?
Ch.: Justamente eso fue: dibujar con total libertad lo que surgiera. Y Cecilia dando rienda suelta a su imaginación escribió un micro cuento de lo que veía, más allá del dibujo. Fue una experiencia muy enriquecedora para ambos y muy libre creativamente. Cada vez que recibía un cuento de Cecilia, estaba la intriga y el disfrute de ver qué había visto, qué se le había ocurrido. Así que fue como un juego, donde los dos disfrutamos del proceso.
P.: ¿Qué papel crees que tienen hoy la historieta, el humor gráfico y el álbum ilustrado en un momento en que los niños están rodeados de pantallas?

Ch.: En estos momentos más que nunca son imprescindibles. Porque la historieta, o el álbum ilustrado son los encargados de que el niño ingrese a la lectura, tenga contacto con los libros, es la puerta de entrada. En Argentina son muchísimos los padres que me agradecen el papel que cumplen mis libros por acercar a los niños a la lectura. Y no solo eso, sino que la mayoría de las veces, es la herramienta que usan para aprender a leer, porque la historieta tiene poco texto, está en mayúsculas y apoyado con los dibujos. Y una vez que tienen ese primer contacto, se entusiasman y pueden pasar a libros de otro tipo, con más texto. También cumple un papel muy importante la escuela, quien hace uso de esta atractiva herramienta para que los chicos lean. Muchos de mis lectores me descubrieron en clase o en la biblioteca escolar, y se engancharon tanto con la lectura, que fueron y le pidieron a los padres comprar los libros. Es increíble que, en estos tiempos, la historieta pueda competirle a las pantallas y muchas veces ganar esa pulseada. Es importantísimo que los niños lean, porque ya los expertos estudiaron que estimula el cerebro desarrollando sus habilidades cognitivas, mejora la atención, amplía el vocabulario, ejercita la memoria, la comprensión, además de desarrollar la imaginación y el espíritu crítico.
P.: En Pequeñas grandes bestias trabajas mucho con el contraste entre lo grande y lo pequeño, lo tierno y lo salvaje, lo amenazante y lo ridículo. ¿Qué buscabas explorar con ese juego?
Ch.: Estas viñetas nacieron del contraste, de ver que pasaría entre la relación entre bestias grandes y muy pequeñas, donde no siempre la primera es la que atemoriza, sino que puede ser que la pequeña sea la más terrible. Además de mostrar muchas actitudes animales, quise poner la parte psicológica humana. Eso me permitió poder decir muchas cosas terribles de las personas representadas con bestias animales, que me permiten que se suavice el contenido y además le dé ese toque humorístico. Es un libro atípico dentro de mi obra, que está mucho más enfocada a lo infantil y es más tierna. Este libro, por el contrario, tiene un humor ácido y negro.

P.: ¿Se puede hacer humor para niños sin perder profundidad?
Ch.: Totalmente. Ya decía más arriba que nunca hay que subestimar a los niños. Y muchas veces, hay que pensar que lo que no entiende, le quedará rondando por la cabeza hasta que haga el clic. Además, tengamos en cuenta que también lo leen los padres. Y ellos, pueden también divertirse, porque encuentran algo que tiene un poco más de profundidad, son los encargados de responder cualquier duda de sus hijos. Lo importante es ser el disparador, dejar que el pequeño lector procese la información y la haga propia. Porque de eso se trata, de enseñar a reflexionar.
P.: ¿La imaginación infantil es más libre que la adulta o simplemente tiene menos miedo al ridículo?
Ch.: ¡Las dos cosas! Por un lado, la imaginación infantil es mucho más libre, porque no está tan condicionada por todo lo que tenemos en la cabeza los adultos. A los adultos nos enseñan a amoldarnos a una sociedad, a un trabajo, a un sistema. El niño todavía es muy libre, y su manera de pensar y su imaginación son muy amplias. Por eso debemos dejarlos jugar, dibujar, pintar y aburrirse para que puedan crear. Y, por otro lado, también es verdad que le tienen menos miedo al ridículo. Porque el ridículo son normas y reglas que nos imponemos como sociedad. Lamentablemente, cuando van creciendo, los niños empiezan a sentir vergüenza a hacer el ridículo, a hacer algo que no vaya en sintonía con lo que todos hacen. Y dejan de jugar, de dibujar, de crear. Por eso, vemos tantos niños que dibujan y tan poco adolescentes que lo siguen haciendo. Yo soy alguien que sigue dibujando e imaginando como cuando era niño a pesar de la educación que recibí y la sociedad donde estoy. Mi imaginación siempre fue demasiada para poder guardarla dentro de mí.












































































































































































































