Cavadas reconstruye la pelvis, la columna y la vida de un joven tetrapléjico de Guatemala

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El Hospital de Manises ha sido el escenario, una vez más, de una de las operaciones quirúrgicas que ha permitido que un equipo liderado por el prestigioso doctor Cavadas reconstruya la vida de un joven guatemalteco al que una infección había destrozado el hueso sacro y el final de la columna postrándolo en la cama con un dolor indescriptible. Ahora, Wilmer Arias, tetrapléjico desde los 9 años a causa de una bala perdida que le atravesó el cuello, puede volver a sentarse, a estudiar, a hacer la vida que llevaba sin sentir dolor.

Cavadas y su paciente han comparecido hoy en el hospital de Manises para dar a conocer la historia de Wilmer Arias acompañados del doctor Ximo Casanova, miembro del Comité de Dirección del Departamento de Salud de Manises, quien ha recordado el provechoso convenio entre la Fundación Cavadas y el Hospital de Manises que ha permitido llevar a cabo numerosas y complejas operaciones desde el año 2011.

Wilmer tenía nueve años, iba a la escuela y trabajaba desde los siete en la agricultura. Vivía con sus abuelos. Un día, jugando con sus primos en la calle, una bala perdida le atravesó el cuello. Wilmer quedó tendido, sin poder moverse. Tras una cirugía exploratoria, pasó dos meses y medio en coma. Durante ese tiempo, nadie movió su cuerpo y eso le provocó numerosas úlceras incluida una úlcera sacra, muy habitual en los tetrapléjicos. Pero, mientras las demás úlceras sanaban y se cerraban, la del hueso sacro cada vez era mayor y más dolorosa porque siempre estaba soportando presión.

En 2015, el dolor ya era insoportable y Wilmer, que entonces estudiaba ADE, empezó una peregrinación por médicos guatemaltecos y estadounidenses que le dijeron que esa operación era muy complicada, que podía morir en el proceso pero que, si no se arreglaba, una infección podría matarlo. En Guatemala trabaja Marta, una enfermera española que ha colaborado con la Fundación Cavadas en estancias en África. Marta conoció a Wilmer y llamó al doctor Cavadas para hablarle de un paciente con una úlcera sacra que ningún médico allá podía operar. Tras darle largas durante meses, dudando de que una lesión tan habitual en tetrapléjicos como una úlcera sacra no pudiera ser operada por ningún médico, Cavadas aceptó el reto y pidió a Marta que viajara con Wilmer a España.

Al verle en persona es cuando el doctor entendió la gravedad de la situación. La úlcera derivó en una infección que se había comido el hueso sacro por completo y las dos vértebras y media inferiores de la columna vertebral. “En la práctica, Wilmer estaba partido en dos”, ha explicado Cavadas, quien ha dicho que esa herida lo habría acabado matando porque era tan profunda que por ella se salía la columna vertebral.

Ahora, este joven guatemalteco ha recuperado su vida. Puede salir de la cama y de la silla de ruedas sin miedo a una infección en la herida abierta que lo acabe matando. Ahora, Wilmer puede retomar sus estudios de ADE, hacer el máster en marketing digital que quiere cursar y trabajar ayudando a la Fundación Pequeños Hermanos a la que le debe la vida pues fue la que lo mantuvo hospitalizado de niño “porque si hubiera estado en casa, hubiera muerto”, ha reconocido ya que sufría malnutrición severa y neumonía.

Paciente difícil pero “duro como una piedra”

La dificultad de la operación residía, principalmente, en que el paciente es tetrapléjico. Ello supone medir muy bien el grado de “agresión quirúrgica” a la que se le somete, según ha explicado Cavadas, quien ha reconocido que en los pacientes tetrapléjicos tanto la anestesia como la reanimación son procesos muy complejos por sus problemas respiratorios.

Sin embargo, un buen equipo de profesionales y el positivismo y la fuerza de Wilmer han permitido que la historia tenga un final feliz. “Es un tío duro como una piedra que no se ha rendido nunca y a estos tíos es a los que hay que ayudar”, ha dicho Cavadas, quien ha puesto de relieve la importancia de la ayuda humanitaria en casos como el de Wilmer.

“Objetivamente, no nos importa nada un tío que está postrado en una cama al otro lado del mundo. Esa es la grandeza de la ayuda humanitaria”, ha dicho el doctor que ha sentenciado: “Esta operación ha aunado la medicina en estado puro y la cooperación humanitaria en estado puro”.

En unos días, Wilmer volverá a Guatemala donde espera retomar sus estudios el año que viene y volver a tener la vida que el dolor le obligó a abandonar. “Cuando me desperté de la primera operación y noté que no sentía dolor pese a estar tumbado boca arriba, no me lo podía creer. Estar hoy aquí sentado, hablando, sin sentir molestia alguna… es una sensación que no les puedo explicar”.

Cavadas reconstruyó la conexión entre la pelvis y la columna utilizando partes del peroné, una práctica habitual en cirugía reconstructiva aunque “lo verdaderamente complicado no es qué hacer, sino cómo lo haces para que esa reconstrucción funcione después”.

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