40 años de Valencia Basket: de sobrevivir para seguir jugando a vivir entre los grandes

El club taronja celebra cuatro décadas en el mejor momento deportivo de su historia, después de conquistar cuatro títulos en una temporada, alcanzar su primera Final Four y estrenar una nueva dimensión en el Roig Arena. Pero el camino hasta aquí también tuvo descensos, finales perdidas, reconstrucciones y momentos en los que hubo que volver a empezar

Valencia Basket cumple este 15 de julio cuarenta años. Lo hace con veinte títulos en las vitrinas de sus dos primeros equipos, instalado entre la élite del baloncesto español y europeo, con una estructura masculina y femenina consolidada, una de las grandes instalaciones de formación del continente y una nueva casa que ha cambiado la dimensión del proyecto.

Es la fotografía de 2026. Pero la historia completa tiene muchos más matices.

Porque Valencia Basket no llegó hasta aquí recorriendo una autopista recta hacia el éxito. Hubo un descenso. Hubo que reconstruir. Se jugaron y perdieron finales antes de aprender a ganarlas. Hubo temporadas de enorme frustración y otras en las que el siguiente salto parecía no llegar nunca.

Quizá por eso tenga todavía más valor contemplar dónde está hoy aquel club que nació el 15 de julio de 1986.

A sus cuarenta años, Valencia Basket acaba de completar la mejor temporada de su historia. Sus dos primeros equipos han conquistado cuatro títulos y el masculino ha alcanzado por primera vez una Final Four de la Euroliga. El traslado al Roig Arena, uno de los mayores desafíos emprendidos por la entidad, ha coincidido con un curso de enorme crecimiento deportivo y social.

Pero para entender realmente todo lo ocurrido hay que regresar al principio.

Cuando no había veinte títulos.

Cuando no existían L’Alqueria ni el Roig Arena.

Cuando el color taronja todavía ni siquiera era el color del equipo.

Un club que nació porque había que seguir jugando

La historia comienza en el verano de 1986, después de la desaparición de las secciones deportivas del Valencia CF. El baloncesto necesitaba encontrar una nueva estructura para continuar y de aquella situación nació el Valencia Basket Club.

Vicente Solà estuvo entre quienes impulsaron aquellos primeros pasos, junto a Pipo Arnau, la Asociación de la Prensa Deportiva y los hermanos Juan y Fernando Roig, que entrarían desde entonces en una historia a la que su familia acabaría quedando definitivamente vinculada.

El primer equipo comenzó jugando en La Canaleta de Mislata. Competía en Primera B y todavía estaba muy lejos de parecerse a la organización que conocemos actualmente.

Primero fue Valencia Hoja del Lunes. Después llegaría Pamesa y un nombre que acompañaría al equipo durante una parte fundamental de su crecimiento.

El salto a la máxima categoría llevó también al club hasta la Fuente de San Luis. Comenzaba entonces una relación de 38 años con la Fonteta —interrumpida únicamente por una breve etapa en Llíria durante su reforma— que terminaría convirtiendo aquel pabellón en uno de los grandes escenarios de la historia taronja.

Antes de aprender a ganar, también hubo que caer

La historia de los clubes suele contarse desde las fotografías de los títulos. Pero hay temporadas que explican tanto o más que las victorias.

Una de ellas fue la 1994-95.

Después de varios años compitiendo en la ACB, Pamesa Valencia tuvo que disputar la permanencia frente al Somontano Huesca. La eliminatoria terminó con una derrota por 90-89 en el cuarto partido y el descenso.

Valencia se quedaba fuera de la ACB.

La temporada siguiente tuvo que jugar en la Liga EBA, entonces segundo nivel del baloncesto español. Al frente del equipo llegó Miki Vukovic y comenzó a tomar forma una generación en la que aparecían nombres que acabarían siendo fundamentales en la historia del club, como Víctor Luengo, Nacho Rodilla, Berni Álvarez, César Alonso o Jesús Fernández.

El equipo consiguió deportivamente el ascenso a la recién creada LEB, aunque aquella temporada no estaba previsto el acceso directo a la ACB. Finalmente, los problemas económicos del CAI Zaragoza abrieron la posibilidad del regreso y Valencia recuperó su plaza en la máxima categoría apenas un año después de haberla perdido.

Desde 1996 no ha vuelto a abandonarla.

Aquel episodio merece ocupar un lugar en estos cuarenta años.

Porque antes de convertirse en campeón, Valencia Basket también tuvo que demostrar que sabía levantarse.

La primera copa cambió la forma de mirar hacia arriba

Dos años después de regresar a la élite ocurrió algo que hasta entonces nunca había sucedido. Valencia Basket ganó. Ganó de verdad.

La Copa del Rey de 1998 fue el primer título oficial de la historia del club. Llegó después de superar al TAU Cerámica, al anfitrión Fórum Valladolid y al Joventut en la final.

Miki Vukovic estaba en el banquillo. Sobre la pista crecían jugadores como Víctor Luengo y Nacho Rodilla, cuyos nombres terminarían unidos para siempre a la identidad del club.

Aquella Copa tuvo un significado que fue mucho más allá del trofeo.

Hasta entonces, Valencia Basket estaba intentando hacerse un sitio entre los mejores.

Desde aquel momento sabía que podía derrotarlos.

Europa enseñó primero a perder

Antes de convertirse en uno de los grandes especialistas europeos, Valencia Basket tuvo que aprender una lección bastante menos agradable.

Perder finales.

El estreno continental llegó en la Copa Saporta y el equipo alcanzó la final en su primera participación europea, en 1999. La Benetton de Treviso ganó aquel partido por 64-60.

Tres años después llegó otra oportunidad. Otra final de la Saporta. Y otra derrota, esta vez frente al Montepaschi Siena en Lyon. Dos finales europeas. Dos derrotas.

La historia pudo haberlas olvidado después de todos los títulos que llegaron posteriormente, pero forman parte del camino. Valencia Basket necesitó perder en Europa antes de aprender a conquistarla.

La primera vez llegó en 2003, con la ULEB Cup ante el Krka Novo Mesto. Después vendrían 2010, 2014 y 2019.

Cuatro títulos de EuroCup que han convertido al club en el equipo más laureado de la historia de la competición.

Y entre aquellas primeras finales europeas ocurrió también algo aparentemente menor que terminó definiendo al club para siempre: en la temporada 2000-01, el naranja se convirtió en el color de la primera equipación.

Había nacido definitivamente el taronja.

De aspirar a competir a aprender a ser campeón

El crecimiento continuó durante años, aunque no siempre al mismo ritmo.

Valencia Basket se convirtió en un habitual de las competiciones europeas y de las eliminatorias por el título en España, pero la Liga seguía siendo una frontera pendiente.

Hasta 2017.

Aquel equipo consiguió lo que ninguna plantilla anterior había logrado: ganar la Liga Endesa.

Y lo hizo derrotando en la final al Real Madrid.

La primera Liga cambió nuevamente la dimensión del club. Meses después llegó también la Supercopa y Valencia Basket confirmó que ya no estaba condenado a vivir únicamente en el papel de aspirante.

Nueve años después ha llegado la segunda.

La temporada 2025-26 ha situado al primer equipo masculino en un territorio desconocido hasta ahora. Supercopa, Liga Endesa y primera presencia en una Final Four de la Euroliga, después de superar una eliminatoria de playoff a cinco partidos frente al Panathinaikos.

Por primera vez, Valencia Basket estuvo entre los cuatro últimos aspirantes a conquistar la máxima competición continental.

Cuarenta años después de empezar en Primera B, aquella distancia parece casi imposible de medir.

Cuando Valencia Basket dejó de ser solamente un proyecto masculino

Existe otro momento fundamental para comprender el club actual. La llegada del baloncesto femenino.

En 2014, tras la desaparición del Ros Casares y la integración de sus equipos, Valencia Basket incorporó el femenino a su estructura. Pero el camino hacia la élite tuvo que recorrerse desde las categorías inferiores.

El proyecto fue ascendiendo hasta alcanzar la máxima categoría en 2018. Y entonces todo ocurrió muy rápido.

La EuroCup Women de 2021 abrió una etapa extraordinaria. Después llegaron las Supercopas nacionales, la Supercopa de Europa, las Copas de la Reina y una sucesión de cuatro Ligas consecutivas que ha colocado al equipo entre las grandes referencias del baloncesto europeo.

Once títulos en apenas seis años.

Queralt Casas, Cristina Ouviña, Leticia Romero y Raquel Carrera forman parte del núcleo humano que ha acompañado buena parte de esa transformación, con Rubén Burgos al frente del banquillo durante la construcción de todo el ciclo ganador.

La temporada del 40 aniversario ha vuelto a terminar con dos títulos: Copa de la Reina y Liga. El baloncesto femenino no fue un añadido a un club masculino.

Terminó cambiando la dimensión del proyecto entero.

Veinte títulos, pero la historia no cabe en una vitrina

El palmarés conjunto alcanza hoy los veinte títulos.

El masculino suma una Copa del Rey, cuatro EuroCup, dos Ligas Endesa y dos Supercopas. El femenino ha conquistado una EuroCup Women, tres Supercopas nacionales, una Supercopa de Europa, cuatro Ligas y dos Copas de la Reina. Nueve y once. Veinte. Es la manera más sencilla de resumir cuarenta años.

Y probablemente también la más incompleta.

Porque en esas vitrinas no están las dos finales de la Saporta perdidas. No está el descenso de 1995. No está aquella temporada en EBA. Tampoco están las innumerables eliminatorias que terminaron antes de tiempo, las reconstrucciones de plantilla, los jugadores que se marcharon, los entrenadores que llegaron y se fueron ni los años en los que el siguiente paso parecía mucho más difícil de lo previsto.

Los títulos cuentan quién ganó. La historia explica cómo se llegó hasta allí.

L’Alqueria: decidir que el futuro también podía construirse

El siguiente gran salto no llegó con un fichaje ni con una copa. Llegó construyendo pistas.

La apertura de L’Alqueria del Basket convirtió la formación en uno de los grandes pilares estratégicos del club. Valencia Basket pasó a disponer de una infraestructura excepcional para desarrollar jugadores y jugadoras, entrenadores y proyectos vinculados al baloncesto.

La cantera dejó de ser únicamente una necesidad deportiva para convertirse en una declaración de principios. Formar. Dar oportunidades. Construir desde abajo. Y hacerlo tanto en masculino como en femenino.

L’Alqueria representa una idea que explica buena parte de la evolución del Valencia Basket: crecer no consiste únicamente en comprar mejores jugadores.

También consiste en crear mejores estructuras.

La Fonteta se quedó pequeña para todo lo que había crecido alrededor

Durante 38 años, la Fuente de San Luis fue la casa del Valencia Basket. Allí ocurrió prácticamente todo.

La primera Copa. Las primeras noches europeas. Las derrotas dolorosas. Las EuroCup. La primera Liga. El nacimiento y crecimiento del equipo femenino. Miles de partidos y varias generaciones de aficionados.

Pero llegó un momento en que el proyecto había crecido más allá de las dimensiones de su casa.

El traslado al Roig Arena abrió en 2025 una etapa completamente nueva. El desafío no era únicamente construir un gran recinto. Había que llenarlo.

Y la respuesta de la afición ha acompañado el salto. Durante la primera temporada, la asistencia media superó las 12.400 personas en los partidos masculinos y las 4.200 en los femeninos, cifras que explican hasta qué punto ha cambiado también la dimensión social del club.

El recorrido físico de Valencia Basket cuenta casi por sí solo su historia. De La Canaleta de Mislata a la Fonteta.

De la breve estancia en Llíria al regreso a casa. Y de la Fonteta al Roig Arena. No son solamente pabellones. Son las distintas dimensiones que ha ido teniendo el mismo sueño.

Juan Roig, la continuidad detrás de la transformación

Resulta imposible explicar estas cuatro décadas sin detenerse en la figura de Juan Roig y en el respaldo sostenido de su familia.

Porque una de las grandes diferencias entre Valencia Basket y muchos proyectos deportivos ha sido precisamente la posibilidad de pensar más allá de la urgencia del resultado inmediato. El club pudo construir.

Primero una estructura estable. Después una organización capaz de competir en Europa. Más tarde llegó la apuesta por el baloncesto femenino, L’Alqueria y finalmente el Roig Arena. El dinero ha sido imprescindible. Pero también lo ha sido la continuidad. Porque cuarenta años no se construyen con una temporada extraordinaria. Se construyen permaneciendo cuando las temporadas no lo son.

Cumplir cuarenta en la cima y tener que empezar otra vez

Hay una última paradoja que hace especialmente interesante este aniversario.

Valencia Basket cumple cuarenta años después de tocar uno de los puntos más altos de su historia y, al mismo tiempo, obligado a reconstruir una parte importante del equipo que lo llevó hasta allí. El éxito también tiene un precio.

Los grandes clubes europeos han mirado hacia Valencia y el mercado ha desmembrado buena parte de una plantilla que hizo historia. Pedro Martínez ha cerrado su etapa y junto a él se han producido salidas importantes que obligan al club a abrir inmediatamente otro ciclo.

Ahora será Xavi Albert quien deba recoger el testigo desde el banquillo. Y quizá también eso forme parte de la historia de estos cuarenta años.

Valencia Basket nunca ha podido quedarse demasiado tiempo celebrando lo conseguido. Después de cada llegada siempre apareció otra salida.

Después de cada título, otro desafío.

Cuarenta años después

El 15 de julio de 1986 no había Roig Arena. No había L’Alqueria. No había veinte títulos. No había Final Four.

Ni siquiera existía todavía el color taronja como identidad del equipo. Había un club recién nacido y un grupo de personas intentando conseguir que Valencia pudiera seguir teniendo baloncesto.

Después llegaron Mislata, la Fonteta y Llíria. El descenso y el regreso. La primera Copa y las finales europeas perdidas. Las cuatro EuroCup y las dos Ligas. El nacimiento del proyecto femenino y sus once títulos. L’Alqueria. El Roig Arena. La primera Final Four. Y una afición que ha crecido al mismo tiempo que lo hacía el club.

Eso son cuarenta años. No una línea recta. Una historia. Con victorias y derrotas. Con aciertos y errores. Con momentos extraordinarios y temporadas mucho más difíciles. Con personas que llegaron, personas que se fueron y otras que dedicaron buena parte de su vida a construir algo cuyo resultado quizá ni siquiera podían imaginar cuando comenzaron.

Hoy Valencia Basket puede mirar hacia atrás y reconocerse en todo ese camino. Desde aquel equipo que perdió su sitio en la ACB y tuvo que empezar de nuevo hasta el club que hoy compite entre los mejores de Europa.

Desde La Canaleta hasta el Roig Arena. Cuarenta años después, quizá esa sea su mayor victoria. Haber cambiado casi todo sin dejar de reconocerse.

Feliz 40 aniversario, Valencia Basket.

La historia ya está escrita. La siguiente página vuelve a estar en blanco.

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