València cuida en verano sus 24 árboles gigantes del Parterre, Glorieta y Alameda

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El Ayuntamiento de València, a través del servicio de Jardinería Sostenible, está realizando durante los meses de verano trabajos de conservación de las 24 higueras australianas, los árboles más grandes de la ciudad, que forman parte del patrimonio arbóreo monumental de València. Se trata de los ejemplares monumentales de Ficus macrophylla emplazados en el Parterre, la Glorieta o la Alameda. El vicealcalde y concejal de Ecología Urbana, Sergi Campillo, ha señalado que el objetivo es “garantizar la salud de unos ejemplares gigantescos que nos ofrecen un enorme abanico de servicios, materiales e inmateriales, mejoran nuestra calidad de vida y son también la base de la infraestructura verde urbana, el activo más valioso que tenemos ante la amenaza del cambio climático”.

Los trabajos consisten en la inspección y poda selectiva, la revisión de la estructura arbórea y otras acciones para reducir el riesgo de rotura de ramas. Según ha explicado el vicealcalde y regidor de Ecología Urbana, Sergi Campillo, las higueras australianas “son árboles que se desarrollan con relativa rapidez, llegan a alcanzar gran tamaño y peso en la copa, y su crecimiento horizontal hace que acumulen gran peso al final de las ramas”. Otra característica de esta especie es la sensibilidad al calor y al viento, por lo que “las higueras australianas requieren atención y mantenimiento mediante tareas periódicas de inspección y de contención de la frondosidad para evitar riesgos de rotura, así como daños tanto en el propio árbol como en su entorno”.

El patrimonio arbóreo municipal de València comprende, tal como ha recordado Campillo, 500 ejemplares de árboles y palmeras monumentales y singulares, entre los que destacan las 24 higueras australianas “por su volumen de biomasa arbórea”. El vicealcalde ha apuntado que, según establece la Ley 4/2006, de Patrimonio arbóreo monumental de la Generalitat, “para detener y evitar la degradación y desaparición de nuestro patrimonio arbóreo, hace falta una asistencia continuada individualizada y de cuidados especializados que garanticen su pervivencia”.

“Este patrimonio”, ha añadido el edil, “está formado por individuos vivos y sensibles, y cualquier modificación o intervención que se haga en ellos o en su entorno puede implicar graves consecuencias para su salud”. Por eso, “resulta esencial velar, coordinar y supervisar para que los programas de conservación y las medidas de intervención particularizadas para cada ejemplar sean las más adecuadas”.

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