Una ganadora y cinco finalistas en la VIII edición de los torneos literarios de ‘Libro vuela libre’

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‘Alma marina’, de Andrea Perea Carot , que ha participado con el seudónimo de Droyiland, ha sido el texto ganador en la VIII edición de los torneos literarios de Libro Vuela Libre.

La ganadora de estos juegos de creación literaria -que tienen como objetivo estimular la creatividad de los integrantes de los talleres de escritura online y cursos presenciales en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE, dirigidos por Aurora Luna– ha tenido que competir en este 2021 con una gran variedad de estilos y, en su elección, se ha tomado en cuenta tanto el voto de la comunidades literarias de la iniciativa, como el del jurado compuesto por el escritor y periodista Rafa Marí -que ya fue invitado, como especialista, por las cadenas de escritura de Libro vuela libre para dar una masterclass sobre Periodismo y literatura- y por el escritor, periodista, profesor de guion cinematográfico, y también especialista invitado a las clases magistrales de la iniciativa, Jimmy Entraigües.

Andrea Perea Carot ha recibido por parte del comando liberalibros de Libro vuela libre un ejemplar de la novela ‘El doble’, del maestro de la narrativa rusa Fiódor Dostoyevski, y una cesta de comida italiana diseñada por La Bottegara, empresa patrocinadora de los torneos.

Sorteos de los diferentes paneles de esta edición de los torneos literarios de ‘Libro vuela libre’.

Junto a la ganadora de esta edición, han sido seleccionados también, después de varias rondas de votación, cinco finalistas: David Iborra. Miguel Ángel Berenguer García, Milagros Germán Melo, Lola Vigil Pérez y Tomás González González, que han participado con los seudónimos de Robespierre Caponi, Hidra, Rubí, Luciérnaga inquieta y Melquiades respectivamente.

Un año más la iniciativa Libro vuela libre ha buscado que los autores homenajeados por los torneos de sus cadenas literarias procedieran de culturas muy diversas y representaran estilos completamente distintos para abrir la mirada de los escritores en formación de sus talleres de escritura en Valencia.  Así pues los torneos de esta edición, que han tenido como protagonistas de sus tributos la obra de la novelista y dramaturga nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, la narrativa de la escritora y poetisa inglesa Penélope Fitzgerald y los cuentos del escritor ruso Vsévolod Garshin, han rendido homenaje también a Fiódor Dostoyevski y al escritor y crítico literario estadounidense Henry James, cuya novela corta ‘Madame de Mauves’, una de sus obras de juventud preferida por Hemingway, ha sido elegida por el comando liberalibros para premiar a los finalistas de esta edición.

Andrea Perea Carot, ganadora de la VIII edición de los torneos literarios de ‘Libro vuela libre’.

Texto ganador de la VIII edición de los torneos literarios de Libro Vuela Libre:

‘Alma marina’, de Andrea Perea Carot (seudónimo: Droyiland)

Esperaba a que todos durmiesen para escabullirme en esa mansión llena de corredores y salas.

Desnudarme por la noche, meterme en el mar y sentir como si el agua tuviese unos brazos apretados que acariciaban cada centímetro de mi piel. Aquel era mi ritual, mi único momento de paz y calma, mi reencuentro conmigo misma.

Una noche en la que me disponía a repetir mi rutina nocturna, escuché un deambular inquieto tras de mí, me giré y no había nadie. Supuse que serían imaginaciones mías, fruto de mi cansancio, y continué con mi paseo hacia la playa. Una vez allí, sentí que un cuerpo delgado pero esbelto se apretaba fuerte contra el mío.

– ¿Por qué te bañas todas las noches desnuda? –me susurró una voz que me hizo erizar la piel. Me giré y ahí estaba la señorita Alma.

-Alma, sabes que nos pueden ver. Si se enteran tus padres, me echarán de la casa y a ti te enviarán a un convento – dije obviando su pregunta.

– ¿Sabes que esta playa es mágica? Cuenta la leyenda que dos enamorados se adentraron en este mar a la luz de la luna y nunca más se supo de ellos. Hay gente que dice que solo fueron unos pobres desgraciados que se ahogaron, pero yo pienso que su amor era tan fuerte que el mar les concedió el deseo de vivir su romance lejos de este pueblo lleno de cotillas y gente sin vida propia.

-Qué inocencia tienes, mi niña. Por eso me cautivas; ojalá el mundo real fuese el que ven tus ojos –le contesté apartándole un mechón de pelo rubio que caía sobre su cara de porcelana.

Alma se deshizo de su camisón estampado púrpura, dejándome contemplar la blancura de su delgado cuerpo. Su ombligo erguido por su juventud, con tres pecas rodeándolo, eran mi universo prohibido.

– ¿Qué haces? Estás loca, Alma.

Me cogió de la mano y nos adentramos en el agua, que estaba más fría que de costumbre. Parecía una tela metálica. El oleaje chocaba con fuerza contra nuestros cuerpos desnudos y Alma se aferraba a mí acurrucándose en mis pechos con temor.

En medio de aquella marejada le levanté la cara con delicadeza para que me mirase y nos fundimos en un beso apasionado que nos hizo cerrar los ojos, como si nuestros labios fueran botes salvavidas. Inmersa en aquel beso, sentí un sol de mediodía sobre mi piel, abrimos los ojos a la par y el paisaje había cambiado. Estábamos en otro mundo; el agua era cristalina. Miré hacia abajo y los pequeños peces jugaban entre los dedos de mis pies.

-Este es el primer día de nuestra verdadera vida –Alma me miró sonriéndome, haciéndome sentir la mujer más afortunada de la tierra.

Aquella playa era hermosa, tenía una cabaña de madera con todas las equipaciones posibles. El tiempo se paró en aquel paraíso en el que no había planes futuros.

Estábamos en otro universo, en el que no existían las sirvientas ni las señoritas de alta cuna.

¿Qué era aquello: sueño, realidad o muerte? Cualquiera de las tres opciones era válida. Nuestro deseo silenciado de hacer posible nuestro amor se había cumplido.

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