Regreso al nicho 1501

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José A. Garzón, escritor e investigador.

 

En 2013 el conocido bibliófilo, autor e investigador, Rafa Solaz se encontró con una fascinante historia. Muy pronto, al compartirla, nos contagió esa fascinación.

En lo esencial, es una trágico episodio de amor con el Cementerio General de Valencia como escenario. Si fuera un relato de ficción, tendría reminiscencias de alguna leyenda de Gustavo A. Bécquer o, incluso,  de narraciones de Poe o Lovecraft. Sin embargo,  su magia emana de ser una historia real. Tiene como protagonista al actor y director teatral valenciano Vicente García Valero (1855-1927)  y a su familia, en mayor medida a su primera esposa Emilia Vidal Esteve.

El propio García Valero dice —nos recuerda Solaz—«no hay nada tan inverosímil como la realidad». En efecto, ya avisaba Aristóteles que era verosímil que algunas cosas se desarrollaran en desacuerdo con la verosimilitud.

Ahora, Solaz nos reabre el nicho 1501. Con importante exhumación documental —ironías del lenguaje—, completando la biografía de García Valero, y apuntalando con todo rigor una historia que fue  presentada en sociedad en un artículo publicado en la edición conmemorativa  del número 2.000 de Hortanoticias, Solaz ha preparado una monografía, que pronto verá la luz, a través del sello ROM Editors, siempre comprometido con los temas valencianos,

El artículo de Solaz Nicho 1501 tuvo una notable repercusión, del que se hicieron eco varios diarios valencianos, radios y televisiones, y cuyo corolario fue la obtención del  2º premio a la mejor y más documentada historia, otorgado por la revista Adiós Cultural, de Funespaña.

Era necesario que Solaz completase esta historia. Su recuerdo, su embrujo,  es permanente para él  en la visitas guiadas que realiza por el propio camposanto valenciano, que dimanan del original y sugerente Museo del Silencio, iniciativa concebida y desarrollada asimismo por Solaz.

Rafa Solaz cuenta, en el Museo del Silencio,  la fascinante historia del nicho 1501, un día de invierno de 2017

Muy sucintamente, recordaremos la historia de Vicente y Emilia, una historia de amor de dos jóvenes que en 1877 tienen veinte y dieciocho años, respectivamente.  Emilia, sin que lo supiera Vicente, cayó gravemente enferma de fiebres tifoideas, falleciendo en noviembre.

Vicente, enterado pocos días después, visitó a los padres de su prometida y su consternación fue mucho mayor al conocer que  Emilia, ante la falta de recursos en la familia, fue enterrada en un fosa común.

El desdichado amante hizo la promesa a sus suegros de que Emilia tendría un nicho a perpetuidad.  Sorteando todo tipo de problemas sanitarios y legales, finalmente se realiza una exhumación clandestina el 24 de diciembre de 1877. Al desenterrarla, Emilia «parecía como dormida». Solaz cuenta en el libro con todo detalle este episodio central del relato, que corona el traslado del cadáver al nicho 1501.

Portada de  Relatos de un vejancón (1919).  Biblioteca de Rafael Solaz Albert

Con el transcurso de los años el actor se casó con Ángela y,  tras enviudar de nuevo, con Amparo, ambas hermanas de Emilia, su primer amor. Vicente, rememorara Solaz, estuviese donde estuviese, siempre se acordaba de mandar dinero a Valencia, el día de Todos los Santos, para que su amada tuviera flores frescas en el nicho 1501.

La magia del 1501

Según nos relata Solaz, en 1911, al acercarse la referida efemérides, García Valero, ya muy mayor y sin apenas recursos económicos,  no pudo enviar desde Madrid el dinero habitual para el cuidado del nicho.

Por casualidad, al dirigirse como era su costumbre  al teatro Apolo, vio que una administración de loterías cercana dispensaba el número 1501. No podía ser casual y compró un décimo, por diez pesetas,  para el sorteo del 10 de octubre de 1912.  El número fue agraciado con 6.000 pesetas. La suerte sonríe a Emilia y al nicho 1501.

Solaz concluye su estudio recorriendo los últimos años de García Valero en Madrid, en los que «era una sombra que cruzaba los teatros», pues como dijo un buen amigo suyo «no hay nada más triste que la vejez de los cómicos». Baste ver Film (1965),  con guión de Samuel Beckett y con una solitaria y soberbia interpretación de Buster Keaton, para entender esto: vemos reinar por doquier a la soledad, amiga cognada de la propia muerte, impregnándolo todo.

En suma, Nicho 1501. Teatro amor y muerte, es un conmovedor y  riguroso trabajo, en el que Solaz proporciona un último aliento a sus protagonistas,  nombres  otrora borrados por la erosión del tiempo,  proceso que conduce inexorablemente al olvido. El amor de Vicente y Emilia, revive, para siempre.

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