
Mario C. Salvador es psicólogo y especialista en psicología clínica, es codirector de ALECES, Instituto de Psicoterapia Integradora del Trauma y de Brainspotting España. Tiene 40 años de experiencia en la práctica de la psicoterapia. Es cocreador, formador y supervisor en Modelo Aleceia de Psicoterapia de Reprocesamiento del Trauma, Analista Transaccional (EATA-ITAA), y Formador Senior en Brainspotting por BTI. Es Formador Internacional en estas disciplinas para España, Brasil, Italia, Eslovenia, Ecuador, Rumanía, Rusia y Austria. Actual presidente de la Asociación Ibérica de Brainspotting y Tesorero de la Asociación Iberoamericana de Psicotrauma (AIBAPT); Conferenciante y autor de los libros Más Allá del Yo: Encontrar nuestra esencia en la curación del trauma; Ed. Eleftheria (2016, 2022), ¿Quién Soy?: De la Disociación a la Integración, Ed. Desclée De Brouwer (2022), Las Dos caras de Nina, Comanegra (2024) y coautor de The Power of Brainspotting. Assanger (2018).
Olga Prieto Blanco es licenciada en Psicología y cuenta con un máster en Salud Mental y Técnicas Psicoterapéuticas por la Universidad de Deusto. Es terapeuta Gestalt y está formada en Psicoterapia del Trauma (Modelo Aleceia) y Brainspotting. Actualmente se dedica a la psicoterapia en su espacio Centro de Psicología BaDaVé, situado en Arroyo de la Miel (Benalmádena, Málaga). “La escritura es uno de los medios a través de los cuales comparte sus aprendizajes y desarrolla, desde la creatividad, un lenguaje cercano y humano que favorece la integración y comprensión del arte de la psicoterapia”.
Belén Rincón Granados es Licenciada en Psicología por la Universidad de Málaga. Es Terapeuta Gestalt, Arteterapeuta Gestalt y está formada en Constelaciones Familiares con muñecos y en Psicoterapia del Trauma (Modelo Aleceia) y Brainspotting. Actualmente se dedica a la Psicoterapia en su Centro Espacio Al-Alma, situado en Torre del Mar (Málaga). “La creación a través del dibujo nace desde un lugar íntimo del ser, donde se le da forma a lo invisible, a lo que no se puede expresar con palabras. Es una forma rápida y transparente de comunicación”.

Pregunta: Mario, después de 40 años de práctica psicoterapéutica, ¿ha cambiado en los últimos años nuestra manera de entender qué es un trauma y cómo nos afecta?
Mario: Hace 40 y 30 años la palabra trauma era poco escuchada. Imperaba muy dominantemente la psiquiatría biologicista y la terapia conductista. Es desde unos 25 años atrás que la psicoterapia, informada por la neurociencia, empezó a explicarse los problemas de desregulación emocional, de la disociación o desconexión de la propia experiencia, y la hipervigilancia del sistema nervioso traumatizado. Esto es una gran contribución para los psicoterapeutas que conocemos más fundamentalmente el por qué hacer lo que hacer. El trauma emocional, que es un dolor no procesado, está en la base de todas las disfuncionalidades psicológicas y en la mayoría de las enfermedades físicas, ya que condiciona al organismo a vivir en un modo de supervivencia que genera toda una bioquímica del estrés continuo.
P: Y siguiendo con el trauma, Mario, ¿hasta qué punto nuestra historia y nuestras experiencias traumáticas condicionan la forma en que reaccionamos ante situaciones que, objetivamente, ya no representan una amenaza?

M.: El trauma implica el haber vivido una experiencia intensamente amenazante para la supervivencia y el haberse quedado atrapado en las respuestas que ya tenemos programadas para sobrevivir como la lucha, la huida o la congelación. Nuestro cerebro subcortical tiene como principal función ayudarnos a sobrevivir. Cuando esto ha marcado nuestra vida, en muchas ocasiones, en todo el período de maduración de la persona, el sistema nervioso se queda condicionado a percibir el mundo y las relaciones como amenazantes. Una de las tareas de nuestro cerebro es predecir, y predice aquello que ya ha conocido. En adelante, se convierte en un hábito de percepción que lleva a ver peligros incluso donde y cuando ya no los hay; condiciona a la persona a vivir amenazada y a apagar la vitalidad porque no se predice ya una buena respuesta, eso es lo que podríamos conocer como depresión.
P.: Olga, en el libro habláis no solo de los pacientes, sino también de las dudas, miedos y vulnerabilidades de los propios terapeutas. ¿Por qué era importante mostrar esa parte menos visible de la profesión?
Olga: Precisamente por eso, porque es la menos visible. Existe la idea de que a los psicoterapeutas no nos sucede nada, que no tenemos problemas personales o que poseemos una varita mágica que soluciona problemas. Sin embargo, la realidad dista mucho de esta imagen. Efectivamente, nos afecta e impacta lo que escuchamos en las sesiones, tenemos puntos débiles o ciegos que necesitamos poder tratar en espacios como la psicoterapia también para nosotros y la supervisión. Ser conscientes de que somos nuestra principal herramienta de trabajo y entrenar nuestra compasión y presencia es parte de nuestra responsabilidad como psicoterapeutas, así como parte fundamental del éxito en nuestro trabajo.
P.: Belén, los mandalas y mapas visuales no aparecen simplemente como decoración, sino como una forma de integrar de manera vivencial los contenidos del libro. ¿Cómo planteaste este trabajo y cómo fue tomando forma?
Belén: En primer lugar, he de decir que fue una propuesta que me hizo Olga y que me pareció muy interesante. Fuimos dándole forma en cada encuentro. Efectivamente, no se trata de ilustraciones decorativas, sino que nacen del propio proceso de escucha. Los mapas visuales muestran una especie de territorio intermedio entre las preguntas de Olga, la experiencia de Mario y mi propia percepción desde el hemisferio derecho y acompañan visualmente el contenido de las entrevistas, mientras escucho las conversaciones voy traduciendo visualmente aquello que va sucediendo. Con los mandalas ocurre algo diferente, después de escuchar cada uno de los relatos escritos por Olga, comienzo a pintarlos desde lo que esa historia me ha evocado. A través del mandala trato de expresar una huella visual de la escucha.

P.: Y, para terminar, una pregunta para los tres. Compartís formación y experiencia en el ámbito de la psicoterapia, pero cada uno se acerca al libro desde un lugar diferente. ¿Qué aporta cada una de vuestras miradas a la hora de abordar cuestiones como el trauma, la vulnerabilidad o los mecanismos de protección?
En mi caso (Olga), mi rol en este libro es el de una psicoterapeuta que está aprendiendo y que tiene la oportunidad de plantearle a Mario todas las dudas y curiosidades sobre la profesión. Las heridas traumáticas y las defensas que hemos creado para sobrevivir aparecen una y otra vez en las sesiones, y he querido reflejar cómo cada conversación con él daba lugar a aprendizajes que después se trasladaban a mi trabajo con los pacientes o resonaban en mi propia vida.
Para mí (Mario), ha sido una experiencia diferente como autor. Las preguntas de Olga y los apoyos gráficos de Belén me han permitido expresar de una forma coloquial muchos aspectos de la práctica de la psicoterapia que difícilmente tendrían cabida en otro tipo de libro. También me han dado la oportunidad de reflexionar sobre cómo acompañamos el dolor de otra persona y sobre la importancia del propio terapeuta en ese proceso. Nos curamos en relaciones, y la relación terapéutica puede convertirse en un espacio seguro desde el que reparar heridas emocionales.
Y desde mi mirada (Belén), creo que precisamente ahí está una de las riquezas del libro: compartimos un mismo territorio, pero cada uno lo observa desde un lugar diferente. Olga aporta la curiosidad y las preguntas; Mario, su experiencia y conocimiento sobre el trauma; y yo, una mirada más visual e intuitiva que transforma en imágenes aquello que surge de la escucha. Son tres perspectivas que se complementan: la palabra, la experiencia y la imagen.

























































































































































































