Los aplausos no llegan al campo

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Durante estos días de largo confinamiento he podido leer en las diferentes redes sociales, especialmente  en algún grupo de Whatsapp, las duras quejas de muchos agricultores. Unos se quejaban por el precio de las cosechas, otros por el comportamiento incívico de la gente con sus campos y muchos otros, lamentablemente, por los robos que sufrían en sus cosechas por los denominados ‘paseantes de la bolsita’.

Huerta ValenciaEl pasado viernes –día de San Isidro, patrón de los labradores– recibía un mensaje a las 6:39 horas de un amigo mío, de los buenos agricultores que tenemos en Alboraya. Decía lo siguiente: “Ye! Mira a ver si puedes poner algún artículo de la patata que está a 13 céntimos en el campo y se están perdiendo 400€ por hanegada”.

La verdad es que el mensaje me alegró porque pensé: “alguien lee lo que escribo y le da valor”. Será poco humilde pero reconozco que me satisfizo. Sin embargo, al analizar el mensaje de mi amigo se me cayó el alma a los pies. Y es que vemos aplausos y reconocimientos por doquier en plena crisis pero el primero de los eslabones de nuestra sociedad que es el sector primario está ahogado. Algo falla.

Me pregunto si nos hemos parado a pensar que cuando toda España, por desgracia, estaba parada, los agricultores salían a trabajar. Cuando han tenido que salir a desinfectar las calles de los pueblos, lo han hecho. Y nunca a nadie le ha faltado la ayuda de uno de sus tractores para cualquier necesidad que surgiera en el pueblo.

Y ellos ¿qué reciben a cambio? Incívicos que cuando salen a pasear les estropean los campos o paseantes que van con la bolsita y recogen un puñadito de aquí y otro de allá de las cosechas que encuentran en su camino. El campo no es de todos, es de quien lo trabaja.

Con la crisis estamos en un momento delicado y tenemos que ver cómo podemos ayudar a nuestros agricultores. Pablo Casado hace unas semanas proponía una exención de impuestos, como también lo reclamó para los trabajadores esenciales, porque los agricultores lo son, lo han sido y lo serán siempre.

No piden mucho. Simplemente que se respete un precio acorde a la calidad de los productos que ofrecen, que la gente sea cívica y que les respeten sus campos. Piden poco, solamente poder vivir dignamente y lo que todos deberíamos tener en nuestros trabajos: respeto.

[ Modesto Martínez | Diputado provincial y concejal del PP en Alboraya | @ModestoMartinez ]

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