‘La niebla’, más allá y más acá de Góngora y Quevedo

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Brumas y nieblas envuelven a dos notables hombres de letras españoles. Situados en un espacio irreal y fantástico Luis de Góngora y Francisco Quevedo reviven sus desencuentros y proximidades. Lo que empezó siendo un duelo literario entre dos de las grandes plumas del Siglo de Oro acabó convirtiéndose en una rivalidad casi africana entre el clérigo poeta y el también escritor y versista madrileño. Dos visiones del mundo que los rodea, dos maneras de contemplar la vida, dos formas de palpar la fama (y la popularidad) unidas por el drama de sus nieblas (“Nos une la tragedia”, diría Borges).

‘La niebla’ es la nueva propuesta escénica del dramaturgo Chema Cardeña que reúne a dos de los pesos pesados de la pluma hispana para proponer un enfrentamiento intelectual y personal que salta los siglos hasta salpicar, desde sus diversos temas, la actualidad. Viejo y amnésico pero no mermado de agudeza, Góngora reprocha los comportamientos mundanos, canallescos y viriles del díscolo Quevedo quien a su vez, con viperino ingenio, hace mofa de la poética de su contrincante y su débil ética dentro de la corte de Felipe IV. Poca tregua se adivina entre ambos.

Una imagen de la obra.

Así, atrapados en las brumas de sus propias realidades y vivencias plantea Cardeña su texto. Junto a la dramaturgia y la interpretación (asume el rol de Góngora), toma el control de la dirección con acertada planificación del espacio escénico y limpio trabajo sobre las actuaciones. Al tratarse casi de un match a dos, Cardeña cuenta con la complicidad de lujo de un actor como Juan Carlos Garés que bajo  la piel de Quevedo ofrece un trabajo soberbio.

Gusta y mucho la propuesta escenográfica que habilita la idea de dos espacios diferenciados en la visión de cada personaje. Funciona, entre brumas espectrales, la inclusión de imágenes por donde circulan Lope de Vega (Mauel Valls), Jusepa Vaca, ‘la Gallarda’ (Rosa López), María de Zayas (Iria Márquez) o Felipe IV (Saoro Ferre), ante los literatos rivales sin que chirríe el efecto audiovisual.

‘La niebla’ juega en su texto a situarnos en un más allá que llega hasta el más acá reflejando las luces y las sombras de las miserias humanas y sociales como un divertimento agridulce.  Merece la pena adentrarse en las brumas ideadas por Cerdeña, puede que la poesía y el ingenio mundano nos ayude a distinguir la claridad.

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