La Cremà puso el broche final a las Fallas más lluviosas

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Ya pasaron las Fallas en València y en multitud de poblaciones de la provincia de València. La Cremà, en el nuevo horario adelantado que ya se estrenara en septiembre con tan buenas sensaciones que se ha afianzado en marzo, ha sumido a casi 800 monumentos efímeros en el olvido.

Pero la lluvia de este mes de marzo ha dibujado un fin de Fallas muy diferente. El agua deslució un tanto el ancestral ritual del fuego purificador que abre paso a la primavera y sí, esta vez ninguna falla se quedó esperando ese ritual. Todas desaparecieron, incluso las que han aguardado dos años almacenadas en una nave.

Poco antes de este broche final conocíamos un lamentable suceso que tenía como protagonista a la falla de Maestro Gozalbo-Conde Altea, primer premio de la Sección 1ª A, que era víctima del acto vandálico de unos desalmados, unos desconocidos sin duda ajenos a la fiesta que dañaban e intentaban llevarse varios ninots.

Tal y como denunciaban los miembros de esta emblemática falla, una gamberrada que sólo pone de manifiesto la falta de educación de más de uno.

La otra anécdota vino de la mano de la lluvia, sin duda la causante de la lenta agonía con que se consumió la falla municipal infantil, alargando así el mal trago y el llanto de Nerea López, Fallera Mayor Infantil de València, y su Corte de Honor.

A continuación fueron quemándose las fallas grandes, a partir de las 22 horas por turnos según la llegada de los bomberos a cada demarcación, en un horario que acababa teóricamente a las 0 horas, pero que se alargaría con alguna que otra falla que fue quemada a las dos de la madrugada.

Así, a las 22:30 horas caía pasto de las llamas la ganadora de la sección Especial, Convento-Jerusalén, obra de Pere Baenas con el lema '2030' en alusión a la agenda del mismo número, con la que se han puesto sobre el tapete los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU.

A las 23 horas era el turno del otro monumento 'ecologista' del año, la falla municipal grande, creada por Alejandro Santaeulalia y Dulk, que ha gustado mucho este año con su alegoría de la Naturaleza y que ha sensibilizado a propios y extraños sobre la necesidad de proteger el Planeta a través de las muchas especies animales y vegetales en peligro de extinción.

Poco a poco, una tras otra iban desapareciendo todas bajo el implacable paso del fuego, protagonista de esta fiesta que despide el invierno y abre los brazos a la primavera y, apenas unas horas después, este domingo ya no quedaba ni rastro de los monumentos que, apenas seis meses después de la última vez, ha congregado a miles de personas con muchísimas ganas de volver a vivir unas Fallas 'normales' y que no lo han podido ser tanto como se deseaba por la lluvia y el viento.

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