José Luis Corral: “Jamás existió una corona catalano-aragonesa o un modelo de països catalans, no hay rigor histórico en esos conceptos”

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Considerado como el maestro de la novela histórica española contemporánea, el historiador y escritor aragonés José Luis Corral acaba de publicar ‘El Conquistador’ (Ediciones B), una novela en la que narra la vida del rey Jaime I.

Personaje fundamental, según indica el autor, para comprender la España actual, Corral se adentra en la fascinante historia de conquistas, rivalidades y pasiones que vivió Jaime I en su largo reinado. Junto a esta historia novelada, el escritor aprovecha para desmontar algunos mitos como el falso término de la Corona catalano-aragonesa que muchos nacionalistas utilizan con fines políticos. Superventas desde su primera novela, ‘El salón dorado’,  José Luis Corral ha escrito 24 novelas y 35 ensayos, recibió el Premio de las Letras Aragonesas en el 2017 y ha sido asesor del director de cine Ridley Scott en la película ‘La conquista del paraíso’. En viaje a Valencia para la presentación del libro, charlamos vía telefónica con el autor.

Portada del libro.

Pregunta: Sin duda Jaime I, por su personalidad, vivencias y talla histórica, era merecedor de una novela pero, ¿tan importante fue su influencia en el campo territorial que su legado llega hasta nuestros días?

José Luis Corral: Sin la menor duda. Todo lo que entendemos como territorios administrativos  de su corona y que en la actualidad forman parte de la composición de España nace de Jaime I. Buena parte de la división administrativa que hoy en día existe en España, por ejemplo la región de Murcia, la Comunidad Valenciana o los límites territoriales entre Cataluña y Aragón, fueron obra de él. Aunque parezca sorprendente, la configuración territorial de la España actual es fruto de aquellos pactos que el mismo llevó a cabo. Lérida y Tortosa son catalanas por decisión suya. Valencia tiene una entidad histórica propia porque lo decidió Jaime I. La división que hizo durante su reinado y sus conquistas influyeron hasta la actualidad en la Historia de España. Entre ellos los tratos que cerró con los reyes de Castilla y de León y Navarra fueron decisivos a la hora de organizar España tal cual la entendemos hoy. No olvidemos que firmó un tratado, en 1258, con Luis IX de Francia que fue un desastre porque acabó con una frontera en los Pirineos, de esta forma acabó con las pretensiones de los reyes de Aragón y los condes de Barcelona de expandirse hacia el sur de Francia. Su influencia fue decisiva en lo territorial.

P.: Uno no imagina, teniendo en cuenta que España modificó sus fronteras internas a lo largo de casi mil años, la magnitud de este hecho y su importancia sino visita la historia o logra conocer el legado de un rey como Jaime I.

Acto de presentación del libro ‘El conquistador’. (Foto-Javier Furió).

J.L.C.: La tiene y mucho. Los territorios que han cambiado son lo que decidió Jaume I. Lo que ahora es Aragón son exactamente los mismos territorios administrativos que dejó en su último testamento. Por la tanto toda Catalunya, a excepción del Roselló y la Cerdeña, es exactamente la misma y en lo que respecta al reino de Valencia es tal cual, salvo en lo que respecta a Alicante que la incorporó Jaume II. Hay que decir que ningún soberano gobernó en España tanto tiempo como él, ninguno ganó tantas batallas, ninguno conquistó tantos reinos como Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, de Valencia y de Mallorca, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier. Estamos ante una figura histórica de importancia capital en la construcción territorial de lo que conocemos como España.

P.: En tiempos de posverdad, ¿era necesario recurrir a una ficción para intentar dar claridad a la historia?

J.L.C.: Yo ya venía interesado en la figura de Jaime I. Mira, en el año 2014 publiqué el ensayo ‘La corona de Aragón: manipulación, mito e historia’ en el que es muy importante la figura de Jaime I. Es el rey de Aragón que realmente pone en marcha la expansión de la corona con las conquistas de Mallorca, Valencia y Murcia. Estaba un poco harto de la manipulación que se hace de la historia de la corona de Aragón, yo soy aragonés, y…, no solo desde el punto de vista de la interpretación, que eso es muy subjetivo evidentemente, sino de cómo se manipula y tergiversa la historia para hablar de una corona catalano-aragonesa o una confederación catalano-aragonesa que nunca existieron. Nunca. Los reyes de Cataluña, la monarquía catalana o lo que llaman els països catalans nunca existieron. Jamás existió una corona catalano-aragonesa o un modelo de països catalans, no hay rigor histórico en esos conceptos. Desmonté todos esos mitos en ese libro y ahora quería hacerlo en una novela. Es verdad que un libro de ensayo llega a muy poco gente, así que recurrí a la novela para que, de alguna forma, se explicara cómo fueron los hechos y cómo se produjeron. Todos los acontecimientos son reales y los personajes son reales y tras años de investigación no encontré nada referente a la supuesta corona catalano-aragonesa. Condensar la vida de Jaume I y acabar con todo el mito del nacionalismo en una novela me parecía importante así que pensé que la mejor manera de desmitificar una ficción con hacerlo con otra obra de ficción y así nació la novela. Sobre este tema hay que ser rigurosos y serios. La monarquía en Cataluña, en referencia a la corona catalano-aragonesa, o els països catalans son inventos del siglo XIX, del siglo XX e, incluso, del siglo XXI. A este presente político, al nacionalismo que defiende una identidad única, le interesa proyectar una idea del presente en el pasado más remoto. Esas formaciones jamás existieron. Lo que hubo, lo que existió, fue una corona de Aragón que integraba a varios estados que eran patrimonio del rey de Aragón. Esa era la realidad existente y no otra.

P.: Jaime I fue criado en un entorno donde pese a su educación templaria se mostró frágil sentimentalmente, ¿te atraía ver las carencias afectivas del personaje y su debilidad emocional?

J.L.C.: Sí y mucho. Como escritor me interesaba indagar en sus aspectos más íntimos, más personales. Su infancia no fue fácil, por el contrario, fue durísima. No olvidemos que quedó huérfano de padre y de madre con solo cinco años. Estuvo carente de todo ese cariño que necesitan los niños, aunque en el siglo XIII la infancia de cualquier niño era difícil, y siempre estuvo al abrigo de circunstancias políticas muy adversas y cargadas de intrigas. Convertido en rey siendo un niño tenía fuerzas opositoras muy fuertes y su figura era molesta para varios bandos. Durante toda su infancia estuvo educado en el castillo de Monzón por los templarios y de ellos recibió unos principios y unos valores muy rigurosos. Eso le marcó toda su vida, fue un niño templario y quizás, por eso, toda su vida estuvo muy necesitado de afectos y de sentimientos. Yo tracé todo un perfil psicológico del personaje para darle vida y hacerlo verosímil. Fue un trabajo muy interesante y muy estimulante. Me interesaba conocer cuánto marcó su infancia su personalidad para luego profundizar su relación con sus pasiones humanas con sus hijos, sus mujeres, sus relaciones afectivas…

José Luis Corral vuelve a la librerías con una novela histórica sobre la figura de Jaime I.

P.: He visto que al final del libro incluyes todo el material bibliográfico que has utilizado para la construcción de la novela y, sin duda, su autobiografía ‘Llibre dels fets’, en donde expone sus inquietudes emocionales, te habrá servido como un estupenda referencia para conocer más a Jaume I.

J.L.C.: Por supuesto. Precisamente el ‘Llibre dels fets’ es una buena fuente porque Jaume I narra los conflictos que tiene con sus hijos y las sensaciones que tiene y siente frente a los problemas que le plantean. He manejado más de 11.000 documentos relacionados a la vida de Jaume I y en la biografía que incluye el libro he incluido los más importantes y destacados. Jaume I ocupa el undécimo lugar entre los monarcas que más tiempo mantuvo la corona a lo largo de la historia. Reinó a lo largo de casi 63 años y fue un deseo de él redactar su biografía en primera persona en la lengua lemosín que, no olvidemos, fue la lengua más utilizada en Occitania y germen de la lengua catalana. Como historiador y novelista no quería dejar pasar ningún pasaje de su vida sin conocer o revisar.

P.: Su padre, el rey Pedro, muere en la batalla de Muret tras pasar, la noche y madrugada previa al enfrentamiento un largo encuentro de pasión y alcohol con una de su muchas amantes, ¿la imagen de un padre mujeriego, buen mozo y con ideales mesiánicos pudo ser una referencia en la personalidad de Jaime I?

J.L.C.: Creo que sí. Durante su formación templaria en el castillo de Monzón él es informado de qué manera muere su padre, de qué manera gobernó su reino y cuales eras sus ideales, por la tanto Jaume I era conocer de muchos detalles de la vida de su padre. Creo que influyó bastante ya que él mismo, que fue un hombre muy atractivo, con casi dos metros de altura, también repitió la promiscuidad de su padre, también buscó el dominio y expansión de sus territorios para la corona y también buscó formar parte de las cruzadas, como deseaba su padre, pero en el este último proyecto fracasó. Creo que sí estuvo marcado por la figura de su padre y ello lo refleja en muchos aspectos de su vida.

P.: En tu libro ‘La corona de Aragón: manipulación, mito e historia’ la figura de Jaume I toma un importante protagonismo, ¿trabajabas la idea de novelar aquel estudio teniendo a Jaume I el Conquistador como figura central?

J.L.C.: Bueno, en realidad la figura de Jaume I ya rondaba en mi cabeza como otra figura mítica que es el Cid, sobre quien también hice una novela. No se trataba de tomar el ensayo como modelo novelístico pero sí la figura de un rey como Jaime I cuya vida es auténticamente novelística. La novela sirve para conocer más aún al personaje, explicar cómo fueron los hechos históricos y desmentir las manipulaciones que se realizan sobre su figura y sobre la historia. Además, no olvidemos, que es un novela y lo que se pretende es que el lector siga unos acontecimientos a través de los avatares del personaje y de todo cuanto le rodea.

José Luis Corral durante la presentación del libro en Valencia. (Foto-Javier Furió).

P.: Tú dices que Valencia tiene una entidad histórica propia por decisión de Jaime I, ¿a qué te refieres o…, que tenemos que entender como entidad histórica propia?

J.L.C.: Bueno…, se puede interpretar como un concepto político nacionalista, podemos identificarlo con unas leyes, un concepto de territorialidad o con la lengua pero…, no siempre es así. La lengua no es más que una parte de un sentido de la identidad. Se entiende como entidad histórica porque contiene uno símbolos, unos hechos históricos en común, una cultura de carácter propio  pero…, en realidad actúan otros muchos factores como el económico, el social, el territorial, el político… Digamos que hay un acuerdo sobre la memoria, sobre el pasado, que unifica y en ese sentido Jaime I dejó marcado un concepto propio que fue y es significativo para su reinado y que traspasó los siglos. El tema se tuerce cuando desde la perspectiva de algo en común se lleva al terreno nacionalista como un principio de identidad diferenciador y excluyente.

P.: Creo que en gran parte de tus trabajos en novela histórica subyace el tema de la identidad o de la pertenencia, y me refiero a ‘Cid’, ‘Numancia’, la trilogía sobre los Austria, por citar algunos ejemplos. Ahora bien, ¿todo relato debe ser identitario o debe ser deconstruido de la identidad? Lo digo por el hecho de la manipulación del término y lo fácil que resulta utilizarlo en un sentido u otro.

J.L.C.: Participé en un encuentro de escritores de novela histórica al que acudieron escritores y escritoras hispanoamericanos y fue muy interesante descubrir cómo la mirada y las observaciones que cada uno ofrecía, sobre la historia y su legado, dependía del sentido identitario de sus países o regiones. Claro, aquí interviene una vez más el tema de lo territorial, lo político, lo social… Puede darse el hecho de miradas enfrentadas o visiones distintas ante un mismo hecho histórico y ambas miradas tienen una visión identitaria con su pasado. Un ejemplo lo tenemos aquí mismo. En Aragón, la figura de Jaime I no está bien vista porque le dio Lérida y Tortosa a los catalanes y con ese acto cortó la salida al mar de Aragón por el Ebro. Es decir, Aragón quedó reducido a un reino interior por su decisión. Todavía hoy se recuerda ese pasaje con cierto pesar. Sin embargo en Valencia Jaime I es un gran rey y su figura más importante dentro de la historia. ¿Todo esto significa un sentido de la identidad distinto? No lo creo, aunque sí es verdad que España, dentro de su compleja realidad de pueblos y lenguas, tenga relatos apoyados en identidades distintas y sean válidas para cada uno. Se da el caso que en España tuvo personajes y monarcas que interactuaron en parte de su territorio y eso dio matices identitarios variados que marcaron luego los componentes culturales de cada región.

P.: Muchas gracias José Luis por charla sobre las interioridades de tu nuevo trabajo y tu visión de la historia. Te deseamos mucho éxito con ‘El Conquistador’.

J.L.C.: Como siempre ha sido un placer conversar con vosotros. Un saludo.

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