Jaime de los Santos: ”Sí que existe una violencia ejercida contra las mujeres”

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Llega el correo y con las cartas habituales, un libro, el ritual de siempre antes de la visita del escritor anunciado. Isabel Coixet elogia la obra de Jaime de los Santos (Madrid, 1978), Si te digo que lo hice, en la nota de prensa. Dice así la cineasta, “una saga familiar que es un fascinante recorrido a través de fragmentos de nuestra historia más reciente. La poderosa voz de la narradora es inolvidable”. No hay mejor madrina para este historiador del arte, colaborador en diferentes medios, senador y exconsejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, que debuta en el mundo de la literatura con una novela que habla de las huellas de la guerra civil española y el franquismo, en una generación de mujeres que vivieron con los sentimientos y el amor, si este existió, encorsetado en un armario. Mordemos el anzuelo lanzado por la editorial Espasa para adentrarnos en la historia de varias mujeres, en especial dos, con vivencias asentadas en las antípodas, por pertenecer una a la Madrid de la posguerra, la otra, a la Madrid actual. Días después el que fuera el Hotel Astoria, ahora Only You Hotel, de Valencia es testigo de nuestro encuentro con este amante de la cultura.

¿Si te digo que lo hice es un homenaje a las mujeres?

“Sí, porque quería hablar de los ciudadanos, en neutro, que han vivido en los márgenes y de manera muy especial en la posguerra. Y en la posguerra en los márgenes vivían las mujeres, homosexuales, rojos, locos, en respuesta a una ideología castrante, que como todas las dictaduras pretendía silenciar a todos, pero en especial a los que se salían de lo que consideraban que era la norma. Además, las mujeres llevan siendo desheredadas, arrinconadas, desde que Eva cometió el error de coger una manzana. Así que, intelectualmente, por eso, y porque vivo rodeado de mujeres, tengo cuatro hermanas, una madre poderosa, jefas, amigas, primas, porque me siento muy cómodo en el universo femenino, porque me encanta el arte de las escritoras, porque me gusta Lorca por cómo refleja a las mujeres, porque si me das a elegir siempre me quedo con cantantes mujeres, por todo eso, y porque sigue siendo necesario reivindicar vuestra figura y recordar, sobre todo, ante el advenimiento de según qué teorías y según qué partidos políticos que sí existe una violencia ejercida contra las mujeres, que se llama violencia machista. Hay una conquista hecha inimaginable, pero todavía hay terrenos por conquistar. Y sin duda, espacios a los que ya no se puede renunciar.”

¿Por qué encuadrarla en esos años del terror?

“Los cuarenta son años terroríficos. Después de casi cualquier guerra, hay un período de calma, de calma sangrante, de purga y es la calma del miedo, de las garras, de las faltas de libertades y de encerrar las manos dentro de los bolsillos del gabán, para que ni siquiera a través de tus gestos puedan conocerte. No hay comida. Además, hay muertos por las calles y la Segunda Guerra Mundial arrancando, por lo que el aislamiento viene desde todos los puntos posibles. Es una época terrible.”

Jaime de los Santos
Foto Arantxa Carceller

¿Con una violencia ejercida doblemente hacia las mujeres?

“Hay una violencia ejercida doblemente con quien se salga de la norma. El pecado se vuelve a convertir en la base de una sociedad, porque a la dictadura, a cualquier dictadura, lo que le sirve de palanca es el miedo. Y el miedo no se ejerce solamente con terrorismo tangible, es mucho peor el miedo, que como el agua, va calando y entra por capilaridad en esos cuerpos, que están además hambrientos. El tifus, en Madrid en la década de los 40’, se extiende hasta reducir la esperanza de vida a los treinta y pocos años, porque no se come. No hay comida, además, en Madrid no hay un río con peces, un mar que te dé algo de sostén, ni tampoco tierras cultivadas. Sin embargo, está El Pardo con un dictador a menos de treinta kilómetros y además permanentemente en alerta porque los últimos estertores de la guerra han sido en los frentes de ciudad universitaria. Es una escenografía terrible y, sin embargo, necesario recordarla.”

¿Qué papel jugaba la religión en aquellos años sobre la educación?

“La educación como herramienta necesaria para que las dictaduras se perpetúen, lo que hacen es desprogramar las cabezas, para inocularles las ideas que ellos consideran unívocas. Y luego la religión, yo soy religioso, soy creyente, a pesar de todo, porque discrepo con muchos de los planteamientos que se hacen desde la Iglesia, pero durante la década de los cuarenta, cincuenta, sesenta, vuelve a ser, junto al poder totalitario del dictador, quienes plantean principio y fin, quienes plantean cómo se tienen que hacer las cosas y además se aúnan. Es el poder de la púrpura. La iglesia fue necesaria porque es la que contribuye al miedo.”

¿Y dónde quedaban las emociones ante tanto miedo?

“Las emociones generan pensamientos libres, relaciones humanas que pueden llevar a discrepar con la idea totalitaria, entonces hay que coartarlas, los sentimientos y las pulsiones. El sexo es el mayor de los pecados. Como sale en el libro, el jardín de las delicias, por más teorías que quieran inventarse, es una tabla para enseñar a un príncipe los peligros de la lujuria. En todo eso, hay toda una historia de siglos y siglos superpuestos en los que el cuerpo es pecaminoso. La mujer no es que no pudiese enseñar sólo el tobillo, es que como montase en bici estaba acometiendo el pecado de los pecados. Hoy suena a chiste, pero es que mi madre, mi abuela, han vivido en eso. Hoy son las heroínas, primero, porque han sobrevivido a tamaña barbaridad, porque además fueron educadas en un mundo para transmitirnos a nosotros una continuación y han tenido, mientras nos enseñaban, que aprender cómo era el nuevo paradigma. Nadie las explicó cómo ser madres. Nadie las explicó cómo era el mundo en el que estaban viviendo, y encima, ahora, las generaciones nacidas en democracia no hemos parado de reclamar derechos. Para ellas, en muchos casos, la palabra derecho no sabían ni lo que significaba. Son auténticas heroínas, por eso, también una novela dedicada a las mujeres, a las madres que son las grandes educadoras en el mundo, pero más en este país que no tenían herramientas para acompañarnos, lo han ido improvisando todo. Las madres que nacen en los años sesenta, cincuenta, cuarenta, han vivido una carrera de fondo, un viaje extraordinario, por eso, creo que, aunque, se hayan podido equivocar, no hay que justificarlas, perdonarlas y, sobre todo, darles las gracias.”

¿Nos falta empatía para entender?

“Nos falta empatía y nos sobran palabras. Menos sororidad y más amor. Quiero decir, ¿por qué no nos queremos chicos a chicas, chicos a chicos, chicas a chicas? Yo siempre lo digo cuando hablamos del tema LGTBI, con lo difícil que es querer y que te quieran, dará igual que tengamos por debajo de la cintura unos y otros. Es que es así. Las mujeres que son además las que sostienen toda la parte de los cuidados, como piedra angular de toda una sociedad. Empatía eso es una palabra casi posmoderna, que hablen con nuestras abuelas, que ellas sí nos van a enseñar qué es vivir una guerra, una posguerra, que se mueran familiares de hambre, de sed, de todo, y que ahora están absolutamente en el entramado de un mundo que nada tiene que ver con el que ellas vivieron.”

¿Y no fue lo mismo para las mujeres de la posguerra que para las de antes de la guerra?

“En la novela, aparece Dolores, que es la abuela de Elvira, la protagonista de esta historia, que ha visto como gracias, entre otras, a Clara Campoamor, llega el sufragio universal en el año 33, pero inmediatamente después, en el 39, llega la dictadura y el 78 la democracia. Especialmente las del medio han estado asfixiadas, arrinconadas, por eso cuando a Elvira su hija le dice mamá amo a Virginia lo primero que piensa es en pecado mortal, porque es lo que les han enseñado y no es fácil sobreponerse a eso, pero lo han hecho. En Inglaterra, las sufragistas estaban defendiendo sus derechos cien años antes y las feministas francesas desde mediados del s.XIX. Aquí, hablamos del año 1980. Por mucho que la Constitución se aprobase en referéndum, falta un rato para que las cosas se coloquen. Hoy 2022 los puestos de altísima dirección en España están en manos de mujeres en un 3%, que luego me vengan y me cuenten que no hace falta ser feminista.”

Tanto Dolores, Angela, Elvira, o todas las hijas de Elvira, reivindican ese papel de la mujer en la historia, ya sea la mayúscula o la que se teje de puertas hacia dentro, pero ¿también la memoria?

“La memoria colectiva, que es necesaria, pero no es todo lo justa que debe de ser. Quiero decir, hay que intentar hacer un trabajo de memoria colectiva y sobre todo teniendo en cuenta los contextos. No podemos juzgar lo que pasó hace cincuenta años, sin entender cómo se fraguó esa idea o esa experiencia, ni quién era el protagonista ni cómo estaba labrado el mundo. Es decir, no podemos juzgar el imperialismo español en las Indias sin entender qué estaba sucediendo en el mundo en el s.XVI. Otra cosa es que pidamos perdón desde el mundo contemporáneo frente a cualquier desmán que se hiciera frente al débil, por supuesto.”

Que no se nos olvide que todos somos hijos de nuestro tiempo…

“Claro, pero este tiempo nuestro es el más injusto de la historia, porque miramos el pasado con ojos actuales. Y eso es de una miopía, que yo diría endémica, y sobre todo en el mundo de la cultura. Estamos volviendo a la censura, porque eran más libres los que estaban creando en los 80’ que ahora.”

 

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