El tribunal del jurado de la Audiencia Provincial de Valencia ha condenado a entre 16 y 27 años de prisión a los dos hombres y la mujer declarados culpables por unanimidad del crimen de otro hombre al que habían conocido en un bar en las Fallas de 2024, con quien pasaron varias horas de fiesta y al que torturaron en su piso de Manises para que les dijera las claves de su cuenta bancaria con el objetivo de robarle los 126.000 euros que sabían que tenía. Según considera probada la sentencia, le sometieron a un “situación de agonía durante un periodo ciertamente considerable superior a los 50 minutos”.
A uno de ellos, el presidente del tribunal le impone 21 años de cárcel por el asesinato y cuatro años y medio por el robo, con la circunstancia agravante de abuso de superioridad, reincidencia y la atenuante de drogadicción. La Audiencia ha acordado su expulsión del país tras cumplir al menos diez años de prisión y la prohibición de regresar a España por el mismo periodo de tiempo; al segundo de los condenados le impone 27 años y cuatro meses de prisión por los dos delitos, al no contemplar atenuantes, mientras que la mujer, a la que reconoce confesión, cumplirá 16 años y tres meses de prisión. Los tres deberán indemnizar al hermano de la víctima con 15.000 euros.
El jurado declaró probado que los acusados, el 19 de marzo, sabiendo del saldo en la cuenta de la víctima, al haber hecho previamente pagos mediante bizum, acordaron robarle el dinero tras contratar a una prostituta y suministrarle analgésicos, sedantes y relajantes mezclados con cocaína para obtener sus claves.
Sobre las 4:30 horas del día 20, en el domicilio de la víctima, lo agarraron fuertemente del cuello por la espalda tratando de inmovilizarlo y estrangularlo, tirándolo al suelo, realizando la técnica del ‘mataleón’.
Ante los gritos de socorro del hombre, comenzaron a propinarle golpes y patadas por todo el cuerpo, que le provocaron fractura de costillas y hemorragias, así como en la nuez y le introdujeron en la boca trapos de tela y pañuelos de celulosa, que le impedían gritar y también respirar hasta que le provocaron la muerte por asfixia.
Según la sentencia, la agresión fue ejecutada inicialmente con la intención de obtener las claves de acceso a la cuenta bancaria, y los tres acusados aceptaron que la víctima pudiera morir por sus acciones.
“Agresión despiadada”
“La agresión se ejecutó de manera despiadada, puesto que se aumentó de forma deliberada el dolor de la víctima y de una forma totalmente innecesaria“, recoge la sentencia, que considera probado que se llevaron el móvil y todas las tarjetas bancarias pero, sin embargo, no pudieron hacerse con el dinero porque no pudieron desbloquear las claves.
Los tres acusados lo dejaron allí si bien la acusada avisó de lo ocurrido al día siguiente a la Policía Local, y encontraron el cuerpo de la víctima junto al sofá.
Todos los acusados admitieron su presencia en el apartamento del acusado la noche de autos pero negaron su participación activa en la “brutal” agresión que acabó con la vida de la víctima, y afirmaron que adoptaron una actitud “meramente pasiva, meros espectadores”.
Sin embargo, la Audiencia considera que la inferencia del jurado sobre el juicio de autoría y la causa de la muerte resulta “inobjetable” dado el resultado de la prueba practicada en el plenario y considerando que lo decidido por los miembros del tribunal popular resulta “congruente con una interpretación racional del conjunto de la prueba practicada”.
Mensajes de audio
En este sentido, subraya que en el juicio se reprodujeron los mensajes de audio que la acusada envío a su expareja, a través de la aplicación de Whatsapp, que abarcan el tramo horario desde las 5:05:27 hasta las 5:56:50 horas, y en los que se recoge el inicio de la agresión y la narración de lo que estaba pasando.
Esas grabaciones recogen los gritos de la víctima “reclamando auxilio”, y entre ellos se distingue la voz de la mujer “reclamando que no gritara, pidiendo la clave y el número PIN, insistiendo que necesitaba el dinero”, al igual que la de otro de los acusados, que le pedía que lo anotara en un papel y le exigía la huella para desbloquear al móvil, así como se oían sonidos de bofetadas.






























































































































































































