Un vecino de Burjassot logra volver tras dos meses atrapado en Argentina por el coronavirus

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La espera de Néstor, argentino de nacimiento pero español de adopción -vecino, de hecho, de Burjassot- y de pasaporte desde hace ya tiempo, se eternizaba hasta esta misma semana en Buenos Aires tras conocer que el vuelo que Aerolíneas Argentinas había preparado con destino a Madrid para el 10 de mayo agotó sus plazas en media hora vía web. “Yo no he tenido la suerte”, nos contaba resignado.

Néstor con su madre.

“Son vuelos comerciales y pagados, la embajada (de España en Argentina) no participa y la aerolínea no da prioridades”, fue la lacónica respuesta. “Todos los vuelos son de pago, ni siquiera aceptaron canjes de vuelos de otras compañías. La embajada no los gestiona”, responde Néstor. “Es más, la embajada ni siquiera nos informó de la existencia de ese vuelo del día 10. Nos enteramos por el Whatsapp y por la web de la compañía”, nos cuenta.

Néstor habla en plural porque no es un caso aislado. Hay un buen número de españoles que, como él, se encontraban en Argentina cuando sobrevino la crisis del COVID-19 a nivel mundial y viajar de un país a otro se convirtió en un imposible. Como en tantos otros países, españoles atrapados por el COVID-19 en un país que no es el suyo. Algo que deja a Néstor un poco descolocado, ya que aquél sí es su país de nacimiento, pero también lo es España, donde tiene su casa, su hogar.

Y es que la suya es una historia cuanto menos sumergida en un mar de calamidades y abandono. Néstor llegó a España en 1997 y desde entonces ha vivido en Burjassot, trabajando en el mundo de la hostelería todos estos años hasta que una extraña enfermedad le hizo perder la vista “casi de un día para otro”, cuenta él, hace ahora dos años. “Entre operación y operación la mutua tramitó la incapacidad laboral”, dice, y desde entonces “me pensionaron”, cuenta.

Dos buenas amigas -de esas amistades que los años no hacen sino engrandecer y enriquecer- le acompañaron y ayudaron con el papeleo y aquella tragedia sobrevenida se suavizó un tanto, al conseguir para sí al menos un sustento, sin alardes ni holganzas, pero sí lo justo para poder vivir.

El necesario viaje a Argentina

Este pasado mes de febrero, Néstor recibió una llamada. Su padre, de 84 años de edad, tenía que ser intervenido quirúrgicamente en Argentina. Tenía que ir allá, fuera como fuere, no había opción y menos teniendo su padre una edad tan avanzada.

Sopesó sus opciones y encontró una forma de financiar un viaje con cierta agencia conocida, de forma que pudiera pagar el viaje en cuotas. Fecha de salida, el 7 de febrero. Fecha de vuelta, 27 de marzo.

Lo que pasó durante el mes de marzo es de todos conocido: El 14 de marzo se decretó el Estado de Alarma en España, cerrándose las fronteras. En Argentina, una semana después. “Antes del 27 la agencia me avisó de la cancelación del viaje de vuelta y emitió un nuevo billete para el 2 de mayo. Luego canceló también éste y emitió otro para el 2 de junio. También éste lo canceló y…, ya no emite más hasta septiembre”, contaba Néstor con una amargura difícil de describir.

En consecuencia, el panorama que se le presentaba a Néstor era cuanto menos desalentador. O pagaba otro billete dejando perder el que aún está pagando a plazos, o hasta septiembre, como mínimo, no podía volver. “Todos los vuelos que salieron hay que pagarlos, los de Iberia solo es posible comprarlos con tarjeta de crédito, Aerolineas Argentinas te permitía con la de débito, aunque algunas fueron rechazadas”, nos cuenta.

La situación de Néstor no era única, ni mucho menos. Eran más de 700 los españoles que, ante la aparente pasividad de la Embajada y el Consulado españoles, se organizaron para intentar remediar su situación o al menos darla a conocer a las autoridades españolas. “Varados en Argentina”. Una expresión que a fuerza de repetirla se ha convertido casi en un slogan.

Néstor tiene allá a sus padres y ha estado viviendo con ellos pero hay muchas personas que no tienen esa suerte. La situación, tal y como este numeroso grupo de afectados relata en una carta abierta a la Embajada de España en Argentina, es insostenible, con multitud de casos que, como el de Néstor, requieren de una respuesta por humanidad. Personas que carecen de recursos económicos en un país que no es el suyo, personas mayores de 65 años, padres cuyos hijos están solos o al cuidado de terceros en España, trabajadores que han perdido o temen perder su puesto de trabajo, enfermos con tratamientos específicos que no pueden acceder a su medicación…

La Embajada de España

El pasado 16 de marzo, la Embajada de España anunció la apertura de un registro online para la inscripción de turistas españoles “varados” en Argentina, partiendo hacia Madrid un total de 5 vuelos especiales que se debían pagar a un precio mínimo de 450 euros por billete. Unos vuelos que, se quejan los afectados, apenas se avisaron con tiempo de antelación lo que, en muchos casos, imposibilitó reaccionar a tiempo a muchas personas que se encontraban a distancias considerables -recordemos la extensión geográfica de Argentina-.

El 14 de abril, sin previo aviso según aseguran los afectados, la Embajada cerró este registro con el argumento de que “ya había habido tiempo adecuado y suficiente para inscribirse en él”.

El día 21 de abril, las presiones de los que aún seguían varados en Argentina surtieron efecto y se fletó un sexto vuelo especial para el 27 de abril que, en menos de una hora, agotó los billetes.

Por si fuera poco, en este caso se vendieron más billetes que plazas tenía el avión, con lo cual, varios pasajeros con su billete de 450 euros comprados se quedaban en tierra, sencillamente, porque no caben.

Para el vuelo del día 2 de mayo consiguieron billete 100 de las 700 personas de este grupo de españoles varados en Argentina. Quedan muchas personas allí, en una situación realmente desesperada.

¿Final feliz?

Y llegó el día en que el puro impulso del colectivo logró alcanzar un acuerdo con Aerolíneas Argentinas para organizar un vuelo extraordinario que trajera a España a 240 españoles, y la eterna espera de Néstor acabó. El pasado miércoles, 13 de mayo, lograba partir desde el aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, en un vuelo organizado previo pago, evidentemente, de su billete –seguirá pagando los plazos del otro-, llegando de noche al Aeropuerto de El Prat, en Barcelona.

Néstor, con mascarilla, espera en el Aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, la salida del vuelo que lo ha traído de vuelta a Burjassot.
Néstor, con mascarilla, espera en el Aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, la salida del vuelo que lo ha traído de vuelta a Burjassot.

Y lo que son las cosas, el mismo vuelo que había traído a Néstor y a otros 239 españoles y españolas a nuestro país, recogía a su llegada a Barcelona a cierta cantidad de argentinos y argentinos que, a su vez, estaban esperando volver al suyo. Un hecho que fue decisorio, según nos cuenta Néstor, para que Aerolínas Argentinas se decidiera a organizar el vuelo: “Por eso al final aceptaron, pero pagando claro”.

Un coche de alquiler le trajo, junto a otras dos personas, a su querida Burjassot, donde ya descansa. La pesadilla pasó. “Toda una odisea, desde luego”, comenta ya desde la tranquilidad de encontrarse en casa. Ahora llega otra aventura, ya que Burjassot ya no es como Néstor la dejó en febrero…

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