Todo está guardado en la memoria

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El cantautor argentino León Gieco tiene una hermosa canción titulada ‘La memoria’, una obra en la que señala que la memoria “despierta para herir a los pueblos dormidos que no la dejan vivir libre como el viento”. El nuevo texto creado por el director y actor Chema Cardeña pone su foco, precisamente, en el deseo de despertar al pueblo, en la insistencia en que no podemos sepultar la memoria (y sus víctimas) sin reparar el dolor, sin poner justicia a un pasado que aún duele por cerrar en falso los crímenes de lesa humanidad de la dictadura franquista y porque…, si deseamos y queremos que la memoria vuele libre como el viento tenemos la responsabilidad de evitar que se repita.

Imagen de la obra.

‘La invasión de los bárbaros’ aborda su texto desde un teatro de compromiso, desde un principio de reparación de memoria histórica sobre quienes se jugaron la vida durante la Guerra Civil y la posguerra, sobres quienes aún hoy sus familias reclaman sus cuerpos para darles digna sepultura.

Su argumento se mueve entre dos espacios temporales y espaciales. Por un lado las Torres de Serrano de Valencia en 1939, en donde una conservadora del Museo del Prado es vejada y torturada, por un teniente del ejército Nacional, para dar respuesta a la desaparición del cuadro ‘La invasión de los bárbaros’ (cuadro de Ulpiano Checa desaparecido tras el conflicto de los archivos del museo). Por otro, el año 2009 en donde una mujer, periodista y representante de una fundación para la recuperación de desaparecidos, se entrevista con el alcalde de un pequeño pueblo en busca de  los restos de una represaliada. Dos historias, aparentemente paralelas, que convergen hacia un mismo destino. El texto de Cardeña muestra las raíces de dos historias que tocan la sensibilidad de la platea: la barbarie y la sinrazón de los torturadores y…, la sinrazón bárbara de un alcalde ultraconservador que se niega, de forma amoral y bajo escurridizas argumentaciones legales, a permitir la apertura de una fosa común.

La articulación del relato es fluida, cruda, dolorosa, pero fluida. Con una larga mesa que habilita la creación del juego temporal y escénico, ‘La invasión de los bárbaros’ mueve sus piezas (el ajedrez tiene su parcela significante) bajo los cimientos del texto y la interpretación; es una obra de actores y de diálogos, es una obra donde la palabra tiene tanto peso como la sinrazón y barbarie que expone. Texto intenso, sin espacio para la sonrisa, se manifiesta claro y contundente sobre su planteamiento de compromiso.

Estupendo trabajo el realizado por Javier Marcos en la creación audiovisual y admirable trabajo realizado por el cuarteto actoral integrado por Iria Márquez, Rosa López, Juan Carlos Garés y el propio Cardeña. Teatro necesario e imprescindible, ‘La invasión de los bárbaros’ no solo se presenta como un texto que brinda homenaje a los sepultados por la injusticia, sino también como una obra que invita a despertar “a los pueblos dormidos”. Recuerden: todo está guardado en la memoria. Hasta el 1 de marzo en Sala Russafa.

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