España pasa en apenas unas horas de dominar las aguas valencianas a quedarse fuera de la final. Una mala salida, el desvente y una última apuesta por levantar el F50 condenan a Los Gallos. La caída del viento obliga a cancelar la segunda manga y deja a Estados Unidos y Dinamarca dentro. Canfield remata después la jornada arrebatando la victoria a Australia

Valencia cambia las reglas del juego
El mar que este domingo recibe a la flota de SailGP poco tiene que ver con el del sábado. El viento ha perdido intensidad y la competición entra en ese territorio incómodo en el que los F50 dejan de ser máquinas capaces de volar sobre el agua y tienen que sobrevivir pegados al mar, buscando cada soplo de presión.
España llega en una posición privilegiada. Los Gallos han firmado el sábado un 1-1-2, suman 14 puntos y encabezan su grupo. La final parece al alcance de la mano. Pero SailGP no concede derechos adquiridos.
La salida se retrasa por falta de viento y, cuando finalmente comienza la única manga que podrá disputarse en el Grupo B, Estados Unidos interpreta mejor que nadie el escenario.
Jimmy Spithill no está al timón estadounidense; es Taylor Canfield quien gobierna un F50 que consigue algo que inmediatamente marca la regata: salir, encontrar presión y levantar el barco sobre los foils.
Mientras sus rivales navegan sobre los cascos, Estados Unidos vuela. Y desaparece.
Los Gallos quedan enterrados en la salida
España intenta llegar a la línea con velocidad y encontrar un hueco entre los barcos. El espacio nunca aparece.
Los rivales cierran las puertas y el F50 español queda atrapado detrás de la flota.
En un día normal todavía existiría campo para recuperar. Este domingo, con viento escaso y barcos navegando durante largos periodos sin vuelo, estar detrás significa recibir el aire sucio de quienes navegan delante. Los Gallos quedan enterrados.
Alemania se instala detrás de Estados Unidos, Canadá encuentra también su oportunidad y Dinamarca consigue mantenerse en la pelea mientras España continúa buscando desesperadamente una calle de viento limpio. La clasificación comienza a convertirse en una amenaza.
Estados Unidos navega hacia la victoria. Dinamarca sabe que no necesita ganar: necesita permanecer delante de España.
Una última apuesta para intentar volar
Botín busca entonces la única solución que puede cambiar radicalmente la situación: levantar el barco.
España intenta acelerar y entrar en vuelo en la última ceñida. Es una apuesta extrema porque, si funciona, el F50 puede multiplicar inmediatamente su velocidad y regresar a la regata. Pero falta viento. Y cuando parece que puede conseguirlo, vuelve a aparecer el enemigo invisible de este domingo: el desvente. Los barcos que cruzan por delante ensucian el aire del F50 español. El barco no termina de levantarse. Se acabó.
Estados Unidos gana la manga por delante de Alemania, Canadá, Dinamarca, Francia y España.
La clasificación acumulada deja a Estados Unidos primero, con 15 puntos, y a Dinamarca y España empatadas a 14. El desempate favorece al equipo danés.
Pero todavía debería quedar una oportunidad.
La segunda bala que nunca llega
El programa contempla una segunda manga. El viento decide otra cosa. La presión continúa cayendo y Dirección de Regata acaba cancelando las segundas pruebas de ambos grupos. No habrá posibilidad de reparación. Para España la noticia es demoledora: Los Gallos están fuera de la final.
Veinticuatro horas antes habían sido el barco más sólido de Valencia. Ahora contemplan desde tierra la regata por el título. Estados Unidos y Dinamarca pasan desde el Grupo B. Australia y Red Bull Italia completan la final.
Cuatro barcos para una final sin margen
La final vuelve a demostrar que, incluso con poco viento, SailGP castiga cualquier error.
Italia llega lanzada después de completar un magnífico fin de semana, pero Phil Robertson se precipita en la salida y recibe una penalización. Australia toma el control.
Tom Slingsby empieza a construir una regata que parece encaminada hacia otra victoria. El F50 australiano administra mejor la presión y durante buena parte de la final parece tener la situación bajo control. Pero Canfield no se marcha.
Estados Unidos permanece a distancia de ataque esperando exactamente lo que un buen regatista espera en estas condiciones: una oportunidad. Llega.
Los estadounidenses consiguen superar a Australia. Slingsby responde y recupera posteriormente el mando. Queda muy poco recorrido. Y entonces Canfield vuelve a atacar.
Canfield roba la cartera a Slingsby
La maniobra decisiva llega en la aproximación a la última baliza. Estados Unidos entra foileando y con derecho de paso. Canfield ejecuta la virada, protege la posición y consigue salir del último giro con los metros suficientes. Ahora ya no queda campo para que Australia responda. El F50 estadounidense cruza la llegada. Australia entra 11 segundos después. Italia, apenas cinco segundos detrás de los australianos. Estados Unidos gana el Spain Sail Grand Prix de Valencia.
Es la segunda victoria estadounidense de la temporada, después de Sydney, y llega precisamente en una jornada en la que Canfield y los suyos habían comenzado el domingo necesitando prácticamente una actuación perfecta para alcanzar la final. La consiguen.
El volante se va a Estados Unidos
Después llega la liturgia de SailGP. El podio, la celebración de la tripulación, el Trophy Wheel, el característico volante reservado al vencedor entregado por la alcaldesa de Valencia Maria José Catalá y el Vicepresidente primero del Consell Díez, y el champán convierten el final de la tarde valenciana en una fiesta estadounidense.
Canfield y su equipo levantan el premio después de haber ganado primero la regata que les permitía sobrevivir y después la única que daba derecho a llevarse Valencia. El triunfo tiene además recompensa económica: 400.000 dólares.
Australia vuelve a demostrar por qué continúa siendo la referencia del campeonato, mientras Estados Unidos da un salto enorme y se coloca tercero en la general. España, pese al golpe, mantiene la segunda posición del campeonato con 68 puntos. Pero la distancia con Australia aumenta.
Valencia deja una advertencia
Los Gallos abandonan sus aguas con una sensación difícil de digerir. El sábado fueron posiblemente el mejor barco de la flota. El domingo bastaron una salida comprometida, unos metros navegados en aire sucio y una última apuesta fallida para quedarse sin final. No hubo segunda manga. No hubo reparación. No hubo revancha. Así es también SailGP.
Porque Valencia deja una lección que va mucho más allá de la velocidad: cuando los F50 no pueden volar, vuelve a mandar una de las leyes más antiguas de la vela: encontrar viento limpio antes que el rival. Estados Unidos lo encontró. España, esta vez, no.







































































































































































































