“Una persona sola no hace nada. Somos un equipo”. La frase la repite varias veces durante una conversación que se prolonga mucho más de lo previsto. No responde por cortesía. Lo hace porque realmente lo cree

Y quizá sea esa forma de entender el liderazgo la que explica por qué, dieciocho años después de asumir la dirección del Trofeo SM La Reina – Regata Homenaje a la Armada, Rafel Chirivella sigue siendo una de esas personas imprescindibles de las que apenas se habla cuando todo sale bien.
Y casi siempre sale bien.
Mientras más de 130 embarcaciones y cerca de 1.300 regatistas llenan estos días el campo de regatas de Valencia en la edición más numerosa de su historia, pocos imaginan la enorme maquinaria que hay detrás para que cada salida, cada recorrido y cada clasificación respondan únicamente al mérito deportivo.
Porque una gran regata no comienza cuando el comité iza una bandera. Empieza mucho antes.
Empieza cuando alguien interpreta un parte meteorológico, estudia un role de viento, decide la posición exacta de una boya o aplaza una salida treinta minutos porque sabe que dentro de media hora el campo será mucho más justo para todos.
Ese alguien lleva casi dos décadas llamándose Rafel Chirivella.
Del niño del Snipe al director de una gran regata
Su historia no comienza en un comité de regatas. Comienza con un niño de nueve años.
Su tío, uno de los primeros socios del Real Club Náutico de Valencia, le llevó un día al club. Un amigo le propuso sacar un Snipe y, sin apenas saber navegar, descubrió algo que todavía hoy conserva intacto. “Desde entonces nunca me he bajado de un barco.”
Sesenta años después sigue hablando del mar con la misma ilusión. Regatista. Monitor. Director de escuela. Técnico deportivo. Formador. Oficial de regata. Vicepresidente de la Federación de Vela de la Comunitat Valenciana. Director de una de las grandes pruebas del Mediterráneo.
Una trayectoria construida sin atajos y sin buscar protagonismo. “He trabajado con cinco presidentes del Real Club Náutico de Valencia y todos me han confiado la regata. Nunca he entendido esto como un proyecto personal. La regata siempre está por encima de cualquiera de nosotros.”
Quizá ahí resida una de sus mayores virtudes. Habla continuamente de “nosotros”. Nunca de “yo”.

La excelencia no se compra. Se construye.
Cuando uno contempla el éxito del Trofeo SM La Reina podría pensar que basta con un buen patrocinador, un excelente campo de regatas y un puerto como el de Valencia. Chirivella sonríe. “No vienen aquí porque sí.”
La frase resume años de trabajo silencioso. Convencer a armadores internacionales para desplazar sus barcos exige mucho más que una buena organización.
Hace falta credibilidad. Hace falta un comité respetado. Hace falta un equipo solvente. Hace falta que quien invierte cientos de miles de euros en una temporada deportiva sepa que competirá en igualdad de condiciones. “La excelencia es lo verdaderamente importante.”
Por eso insiste en que el prestigio de una regata nunca depende únicamente del número de inscritos. Depende de la confianza que genera. Y esa confianza tarda años en construirse.
Setenta personas para que nadie las vea
Desde tierra sólo se perciben los barcos. Pero detrás trabajan cerca de setenta personas.Oficiales de regata. Balizadores. Jurado internacional. Equipos de seguridad. Salvamento Marítimo. Logística. Pantalanes. Comunicación.
Cada uno desempeña una función precisa para que el deportista sólo tenga que preocuparse de navegar. “Una persona sola no hace nada.” Vuelve a repetirlo.
Y esta vez enumera uno por uno a quienes considera responsables del éxito colectivo. Es imposible no percibir el respeto con el que habla de cada miembro de su equipo.
Tecnología sí. Pero el mar sigue decidiendo
Las regatas de hoy ya no se parecen a las de hace veinte años. Boyas con posicionamiento satelital. Geolocalización. Comunicación permanente.
Sistemas digitales que permiten modificar recorridos en tiempo real. La tecnología ha transformado completamente la dirección de regata.
Sin embargo, Chirivella marca una línea muy clara. “La tecnología ayuda muchísimo, pero nunca sustituirá a las personas.”
Explica que una batería puede agotarse. Que un equipo puede fallar. Que siempre habrá circunstancias imposibles de prever. “Al final, la decisión siempre la toma un oficial.”
Es una afirmación que va mucho más allá de la vela. Es toda una declaración de principios.
“No puedes salir a navegar sin saber adónde vas”
Durante la conversación surge una frase que resume toda su filosofía. “No puedes salir a navegar sin saber adónde vas.” Habla del mar. Pero también de la gestión. De la Federación. De un club. De cualquier organización. Porque para él dirigir significa anticiparse. Pensar antes. Preparar escenarios. Tener un rumbo.
Después llegarán los cambios de viento, los chubascos, las calmas o los temporales.
Eso forma parte de navegar. Lo importante es no perder nunca el destino.
La vela empieza en un Optimist
En plena conversación sobre la Copa América, el SailGP o los TP52, sorprende con una reflexión que rompe cualquier tópico.
“La vela es un deporte de pobres.” Inmediatamente la explica. No habla del coste de los grandes barcos. Habla del niño que aprende a navegar.
Del monitor. Del padre que dedica los fines de semana a acompañar a su hijo. Del voluntario. De las escuelas. “Todo el mundo tiene derecho a navegar.”
Su auténtica pasión no son únicamente las grandes regatas. Es la vela de base. Porque sabe que sin ella no existirán los grandes campeones del mañana.
Como vicepresidente de la Federación, sigue convencido de que el verdadero futuro del deporte se construye desde abajo.
El prestigio de Valencia
El Trofeo SM La Reina forma hoy, junto a Palma y Barcelona, uno de los grandes ejes del circuito mediterráneo. Más de cuatrocientas embarcaciones participan cada temporada en ese recorrido.
Para Chirivella, Valencia ha sabido encontrar su espacio gracias a un campo de regatas extraordinario, un viento térmico excepcional y un trabajo constante.
Ni siquiera el récord histórico de participación le hace perder la perspectiva. “Siempre se puede mejorar.”
Habla del crecimiento de las clases ORC, del reto de atraer más grandes embarcaciones, del papel de la Armada con el TP52 Hispania y del enorme esfuerzo que supone desplazar proyectos deportivos de ese nivel.
No hay autocomplacencia. Sólo ganas de seguir creciendo.

Un gigante discreto
Conozco a Rafel Chirivella desde hace casi veinte años. Cuando él comenzaba a asumir responsabilidades en aquella regata que todavía estaba muy lejos de convertirse en la gran cita internacional que hoy conocemos, yo empezaba a contar historias de mar.
Desde entonces hemos compartido amaneceres en el Náutico, jornadas interminables pendientes del viento, entregas de trofeos, conversaciones improvisadas en un pantalán y hasta alguna botella de champán abierta cuando el trabajo de todo un año terminaba como debía. Nunca le he visto perder la calma.
Nunca levantar la voz. Nunca apropiarse de un éxito colectivo. La naturaleza no le concedió una gran estatura.La vida, sin embargo, le permitió hacerse enorme allí donde verdaderamente importa. En el conocimiento. En la experiencia. En el respeto que le profesan regatistas, oficiales, jueces y organizadores.
Hay gigantes que se reconocen por su tamaño. Otros, mucho más difíciles de encontrar, se reconocen porque hacen mejores a todos los que trabajan a su lado. Rafel Chirivella pertenece a esa segunda categoría. Y probablemente ahí resida el mayor secreto del Trofeo SM La Reina.
Que detrás de una de las grandes regatas del Mediterráneo hay un hombre que nunca quiso ser protagonista. Sólo conseguir que la regata lo fuera.

























































































































































































































