Espido Freire: “Escribo para tender puentes con quien no conozco”

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La pasada semana el Ateneo Mercantil de Valencia galardonaba a Espido Freire por su trayectoria literaria y por “ser una de las mejores escritoras del panorama nacional de las últimas décadas”. El premio se suma a la extensa carrera de la escritora que ya goza del Premio Planeta, del Premio Azorín y del Ateno de Sevilla entre los más importantes. Inquieta en la disciplina de la letras (en su obra hay libros de ensayo, relatos, narrativa juvenil e infantil, poesía…), la autora ha dejado un excelente grupo de novelas entre las que destacan ‘Melocotones helados’, ‘Llamadme Alejandra’ o ‘De la melancolía’, todas ellas obras que han gozado del favor de los lectores y de la crítica. El premio a Freire se enclava en la celebración de la II Noche Valenciana de las Letras que organiza el Ateneo y la editorial Olé Libros que publica a los autores y autoras premiados.

Freire nos recibe en la cafetería del Ateneo Mercantil. Cubre su cara con una mascarilla negra decorada en su contorno por pequeños adornos dorados. Sus grandes y brillantes ojos brillan y dan lectura a los gestos que ocultan su cara. Saluda con una mano al corazón e inclinando la cabeza y nos invita a sentarnos. Sus movimientos, suaves y elegantes, invitan a pensar en una entrevista distendida y sin los rigores de un tiempo límite. Hablar con Espido Freire siempre es encontrar una sonrisa solidaria (oculta por la seguridad sanitaria), una charla fluida y exposiciones sólidas.

Espido Freire en una de las salas del Ateneo Mercantil. (Foto-Arantxa Carceller).

Pregunta: Bienvenida a Valencia y felicidades por este nuevo galardón, del Ateneo Mercantil de Valencia, que premia tu trayectoria literaria que es amplia y abarca varios géneros.

Espido Freire: Muchas gracias, estoy encantada de estar aquí. Bueno… Sí, particularmente contenta, en este caso, porque viene a dar mucha esperanza en mitad de una crisis cultural como en la que nos encontramos y por la sensación de haber llegado en edad y en recorrido…, en el que los premios a una trayectoria, y a una obra, son importante y…, eso para una persona como yo, que empezó tan joven, me resulta muy importante. Es tener la sensación de haber llegado a donde deseaba llegar. Queda mucho por delante, espero (pese a la mascarilla sus ojos desvelan el gesto de una sonrisa). Para mi es una señal de estar bien encaminada.

P.: Tu última novela, ‘De la melancolía’, habla de una personaje abatido emocional, personal y económicamente como consecuencia de una depresión. Este derrumbe del personaje, ¿no te resulta algo anticipatorio ante la situación que viven muchas ante la actualidad que vivimos?

E.F.: En realidad pretendí hablar de un hecho pasado, del de la recesión y pretendía reflejar a la enorme cantidad de personas que no imaginaron encontrarse en la situación en la que estaban. No pretendía ser anticipatorio, sino más bien una memoria de lo ocurrido. Pero, efectivamente, durante el confinamiento volví a leer algunos fragmentos y…, reflejaban muy bien los sentimientos de lo que se nos estaba viniendo encima y de los que sospecho que…, nos tocarán volver a vivir. Es decir, una nueva crisis a todos los niveles, sabiendo lo que hemos sabido y sabiendo lo que hemos vivido en los últimos diez años. En aquellos momentos hablábamos de una crisis económica, una especie de culpa individual. Se nos dijo que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, que habíamos sido incautos. En este caso, la crisis es global y los culpables, o que principalmente lo parecen, son las autoridades. Apuntamos a ellos. No nos están viendo, no nos están diciendo lo que debemos hacer. Hemos pasado de asumir una responsabilidad individual, que posiblemente fuera incorrecta, a exigir una responsabilidad por parte de las autoridades que, a su vez, conlleva una enorme crisis respecto a la confianza en los poderes establecidos.

P.: Tengo otra percepción respecto a las crisis.

E.P.: ¿Sí? ¿Cuál? (pregunta con una risa enmascarada).

P.: Creo que el estallido de un gran problema o el resultado final de un derrumbe no es más que la visión de algo que ya estaba en crisis y no se quería ver. Si en algún momento esta sociedad sobredimensionó y sobrevaloró la realidad en la que vivía es que ya estaba en crisis y no quiso ver las consecuencias que aquello acarrearía. Nietzsche lo dijo muy claro: “creamos nuestros propios monstruos”.

E.P.: No solo creamos nuestros propios monstruos, somos y ocultamos nuestros propios rasgos monstruosos. Por eso, el hecho de buscar un culpable, una cabeza de turco es un gesto desesperado de huida de nosotros mismos. Lo que tú planteas es una teoría muy interesante. Tiene que ver, no tanto con una onda expansiva, sino con el eco de algo que ya ha sucedido. Como si estuviéramos viviendo con una distorsión del espacio y el tiempo. Puedo compartir esa visión hasta un punto muy elevado pero…, creo que quienes manejan el conocimiento, quienes tienen la lucidez como para vivir el presente padecen más esa realidad pero se recuperan antes. Sin embargo, la mayor parte de nosotros vivimos en un estado de continua negación de la realidad, de nuestras circunstancias, del paso del tiempo, de nuestra debilidad, de nuestra vulnerabilidad y…, eso. Que es muy útil como supervivencia de la especie y nos hace productivos y nos hace hedonistas y también nos convierte en seres completamente vulnerables ante a la desgracia. ¿Por qué no asumimos, plenamente, el alcance que significa vivir? La literatura, la buena literatura, tiende a ofrecer herramientas para ello. La literatura de evasión, es la que en los últimos tiempos es la que está teniendo mayor éxito, hace exactamente lo contrario. Te entretiene con enigmas. Ambas son válidas, sin embargo el tiempo suele premiar a la primera y suele relegar a la segunda, ¿no? (pregunta con interés).

P.: Bueno…, suelo también leer novelas de evasión. Creo que no me impida la reflexión o el análisis pasar de Chejov a un best sellers que llame mi atención.

E.F.: ¡Por supuesto! Es algo que asumo (indica con una gesto de la mano). Lo que ocurre es que por un contagio, volviendo al tema que tratábamos antes, sigue habiendo determinadas disciplinas humanas que nos centran en la realidad, una de ellas es la filosofía y la otra solía ser la literatura. Lo que pasa es que la narrativa trabaja con la ficción, es decir…, entretiene y al mismo tiempo ubica, explica, nos permite identificarnos con un tipo de cuestiones. El resto del ocio que tenemos en estos momentos, de una u otra manera, favorece cierto hedonismo y una cierta evasión. La literatura, hasta hora, había mantenido un pie en la trascendencia. Cuando eliminamos esa capacidad trascendente estamos ganando en ligereza y en brillo pero perdemos un elemento primordial de la literatura que tiene que ver con la conexión entre nosotros como seres humanos. La conexión con el dolor, lo perentorio, con la alegría compartida o la tristeza.

Freire posa en uno de los murales del Ateno. (Foto-Arantxa Carceller).

P.: En cierta ocasión un escritor le comentó a Borges que escribía mejor cuando lo hacía desde el malestar o desde el dolor y…, el viejo escritor argentino se tomó unos segundos antes de responderle y decirle: “¡Qué suerte, yo no puedo escribir nada cuando estoy enojado!”. ¿El malestar es un detonador de la escritura?

E.F.: (abre con plenitud sus ojos como muestra de sorpresa al tiempo que la anécdota le invita a reír) Borges es particularmente analítico. Necesitaba entrar en el laberinto y a partir de ahí descubríamos qué rodeos daba, ¿verdad? Hmmmm…, yo creo que por un lado está el proceso emocional del autor, en el que su carácter, su temperamento, va a primar; sea el enojo, sea la reflexión y por otro está el proceso creativo. En mí caso, el proceso creativo, las emociones son un punto de partida pero no intervienen durante la construcción o el proceso de construcción de la historia. Mi intención es la de un diálogo en diferido con un lector y que en ese diálogo el lector sea capaz de sentir aquello que yo deseo que sienta. Por eso, previamente, yo he debido de haberlo sentido o, al menos, intuido. En el proceso creativo me interesa mucho más la elaboración del sentimiento o de la emoción que la emoción en sí misma. Me encuentro más del lado de Borges que del interlocutor, quizás también porque mi propio carácter me ha obligado a desarrollar pequeños trucos para mantener una cierta estabilidad y…, una cierta sensación de estabilidad y equilibrio que para mí son muy valiosas.

P.: Digamos que son tus herramientas de escritura. Es tu forma de trabajar frente a las palabras.

E.F.: En mi caso sin duda. A partir de ahí tiene que contarse con una empatía constante, con el lector y con el juego, con el enigma que va planteando la historia. Si el lector quiere jugar el éxito es completo y…, si no desea jugar se acabó la magia, ¿no?

P.: Tus obras están avaladas por premios y distinciones y en distintos géneros y sectores pero, ¿cómo ves tu propia trayectoria como autora?, ¿desde qué perspectiva ves tu propia labor?

E.F.: Mira, mi caso es bastante peculiar y relativamente atípico aunque… Yo publiqué mi primera novela con veintitrés años y mis expectativas era la de tener una carrera mucho más lenta y mucho más pausada. El hecho de publicar tan joven y luego el de ganar un premio de una relevancia mediática tan importante aceleró el proceso y yo era consciente de que era un trampa. Al haber llegado a una culminación de ventas y de visibilidad con veinticinco años yo tenía que aceptar, lo más rápido posible, y a la vez lo más inteligente posible el que, a partir de ahí,  yo tenía que volver a construir la carrera inicial que yo tenía. Partía desde un punto más alto pero no podría mantener las mismas ventas ni las expectativas que con el premio Planeta. Si percibía eso como jun fracaso iba a sufrir pero…, lo asumí rápidamente y lancé a los dos años un ensayo, un libro de poemas y un libro infantil. De manera que lo empleé como una plataforma para abrir campos en otros géneros que me interesaban y…, eso ha sido la dinámica que he continuado haciendo desde entonces. Explorar distintos géneros y distintos formatos, no olvidar la novela, la novela requiere de otro ritmo, y por medio..., no podemos olvidar que las crisis económicas que hemos sufrido han afectado enormemente al mercado editorial;  sus modas, a sus ritmos, a sus géneros y…, aunque yo he publicado de forma regular, paso de las treinta obras en menos de veinticinco años y…, en algunos caso han sido, por su propio mérito, éxitos o premios, y ¿qué ha ocurrido mientras tanto? El aprendizaje de los fracasos, que es particularmente rico para un escritor; la función de la madurez, es decir dejar atrás algunas ideas para sustituirlas por una reflexión o un conocimiento mayor y, por otro lado, el sentir el apoyo del público y la presencia del curioso. Me refiero al que no es lector pero no de novela pero sí de periódicos, de artículos o sí oyente de la radio en la que he tenido una sección. Entonces…, ese tipo de audiencia que yo no me plateaba tener ahora sí me acompaña. Eso sí que ha sido un descubrimiento curioso, pasar de un lector a una interacción con los curiosos, los que siguen lo que haces y puede que no lean tus novelas. Creo que el balance sería más o menos ese, teniendo en cuenta que tengo cuarenta y seis años y la impresión de que me quedan treinta o cuarenta años por delante para seguir trabajando y consolidar una voz y una obra narrativa lo más pulida y perfecta de lo que sea capaz.

P.: Una reflexión budista dice que todo conocimiento lleva al autoconocimiento, ¿qué ha significado tu trayectoria en cuanto a indagación personal, en cuanto a conocimiento propio?

E.F.: No estoy muy segura que mis vivencias y experiencias hayan marcado mi obra o que la hayan marcado de una manera inmediata. Me voy conociendo de forma pausada. Como te comentaba antes, los procesos vitales, la depresión de hace algunos años, la madurez de pasar de ser una joven escritora a una mujer con más de cuarenta…, va sin duda pesado pero no se decantan de una manera inmediata en lo que se escribe, no tiene sentido. Yo no escribo autoficción, por lo cual no hay un testimonio abierto. Hay más bien una elaboración de lo vivido y una traducción de esa experiencia…, no en la vivencia de los personajes sino en un desarrollo más global y en la manera en que concibo los personajes. Antes hacías mención a ‘De la melancolía’ y el personaje no tiene nada en común conmigo solo el hecho de que ella ha vivido una fractura personal como puede ser una depresión y…, en mi caso me ha servido para desarrollar un interés personal sobre personas que viven una circunstancia similar. Me une a ellas esa experiencia. Más que reflejar lo que he vivido me interesa integrar lo que he vivido dentro de la narración. Me alejo de esa tendencia, muy exitosa, que tiene que ver con la autoficción. Como lectora me interesa pero como escritora no es mi opción. Y el gran problema del conocimiento es que se manifiesta con revelaciones instantáneas pero con soluciones tardías y…, en mi caso es ahora cuando me explicó qué estaba ocurriendo hace quince o veinte años. Vuelvo a contarlo y para mi tiene un discurso vital al que le doy sentido.

P.: Decía García Márquez que él escribía por amor y por otro lado Lillian Hellman comentaba que ella lo hacía para sentirse viva, ¿por qué escribe Espido Freire?

E.F.: En mi caso la vocación es el punto de partida pero…, es tan obvio que ni siquiera puedo decir que escribo por una cuestión vocacional. Creo, en mi caso, que tiene que ver con el control. Cuando estoy escribiendo una novela, plasmo en una pequeña escala todo aquello que me desborda. Es una forma particular, casi artesanal, de construir un mundo propio y percibir que hay un tipo de sentido y que deseo compartirlo. Me resultaría frustrante que esa experiencia se quedará entre el papel y yo. Necesito un tercero con el que dialogar.

P.: ¿Un cómplice?

E.F.: Sí, un compañero de juego. Un espectador si hablamos de teatro, un seguidor en la red…, alguien de deseé compartir aquello que, sin duda, tenemos en común. Creo que esa sería la motivación principal por la cual escribo: la búsqueda de un cómplice que no sé su edad, ni sexo, ni condición sexual… La búsqueda de otro u otra. Creo que esto me ocurre desde que era niña.

P.: Es decir, escribes para quien no conoces.

E.F.: Hmmmm… (piensa la respuesta). Escribo para tender puentes con quien no conozco. Para encontrar lo que hay en común con los extraños. La idea de una pertenencia a una única comunidad me atrae y está muy presente en intentar comprender no solamente al otro, sino las oscuridades del otro que también son las mías.

P.: El otro también es también una forma de otredad y alteridad.

E.F.: Creo que tiene que ver mucho con la ruptura del ego. El ego está muy impregnado en el caso de los creadores y de los autores en particular. Creo que sale poco bueno del ego, por no decir nada. Por eso pienso que en esa propuesta de diálogo entre el escritor y el lector es cuando olvidamos una dictadura tan opresora del ego. Es ego es terriblemente dictatorial.

P.: Cortázar, para zafar de la facilidad de la popularidad y el ego, decía que los premios solo duran el minuto de los aplausos.

Espido Freire junto al entrevistador tras la charla.

E.F.: A veces ni eso. Coincido con Cortázar.

P.: También has incursionado en la poesía, Pizarnik decía ‘hagamos de la literatura poesía’. ¿Cómo vives el género de la poesía, ¿cuándo entras y cuándo sales de ella?

E.F.: Cuando me preguntan por mis poetas favoritos siempre menciono a Pavese, Rilke, Kavafis… Eeehhh…, no son ni autores fáciles ni accesibles y…, también la poesía de Borges, que era trabajosa, muy compleja y muy deudora de las sagas nórdicas y de la nostalgia del héroe y…, todos ellos hablan de identidad y de la construcción de la identidad y no es casual que yo te mencione a estos autores. Pizarnik me entusiasma e incluiría a Silvia Plá y a Emily  Dickinson. En esa poesía hay una fusión de la naturaleza con un objeto, no de la naturaleza de un bosque, sino que te sublima y por otro lado la búsqueda de una voz propia. A mí me resulta mucho más sencillo hablar a través de personajes que de tramas y la esencia de lo que quiero narrar tiene que ver con esa catarsis casi poética. Lo que adopto de la poesía tiene que ver con el ritmo y la sonoridad del lenguaje con el intento de aferrar lo inasible. Entro en la poesía también como una búsqueda y eso me apasiona (comenta moviendo sus ojos).

P.: Espero Freire, gracias por esta entrevista, felicidades por este nuevo galardón y deseamos verte en más ocasiones por nuestra ciudad.

E.F.: Gracias a vosotros y ha sido una charla magnifica. Además, siempre me ha gustado venir a Valencia, tenéis un clima maravilloso y siempre me han recibido con mucho cariño.

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