La Comunitat Valenciana, número 1 en creación de cooperativas de trabajo en 2017

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En la Asamblea de la Federación Valenciana de Cooperativas de Trabajo Asociado (FEVECTA), celebrada hace unos días, entre los asuntos tratados estuvo el hacer balance de lo que fue 2017. Ese año se crearon en la Comunitat Valenciana un total de 161 empresas nuevas, lo que sitúa a esta comunidad como la que más cooperativas de trabajo ha generado durante el pasado curso.

Coop.svgEste dato consolida a la valenciana como una de las comunidades donde más peso tiene y está cobrando el cooperativismo dentro del estado español. Según los datos recogidos en la “Memòria d’activitats 2017”, 2017 confirma la tendencia al alza de los últimos años en cuanto a creación de cooperativas de trabajo; se ha pasado de las 96 creadas en 2010 a las 161 del año pasado.

Esas 161 nuevas cooperativas suponen un incremento del 9’5% respecto al año anterior, y la creación de 403 nuevos puestos directos de trabajo. En cuanto a distribución por provincias, es en Valencia y Alicante donde se concentran la mayoría de nuevas cooperativas, con 75 y 68 respectivamente. En Castellón se crearon 18.

De acuerdo con los resultados del Estudio sobre el impacto económico del cooperativismo en la Comunitat Valenciana realizado por el Centro Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa (CIRIEC), esta comunidad se sitúa como la tercera de España en cuanto a número de cooperativas, sólo por detrás de Cataluña y Andalucía. Las 2.180 cooperativas de la Comunitat dan empleo directo a 53.290 personas, siendo un 85% del mismo de carácter fijo, y además crea otros 21.447 trabajos vinculados a ellas, por lo que en total generan unos 75.372 puestos de trabajo que suponen el 4% del empleo total.

Más de la mitad de las cooperativas de la Comunitat se sitúan en Valencia, donde hay un total de 1.261 que dan 37.977 empleos directos.

El total de ventas entre las cooperativas de Valencia, Alicante y Castellón supera los 6.240.000 euros, lo que supone un 6’1% del PIB de la Comunitat Valenciana.

Otro dato a destacar es el porcentaje de empleo femenino que generan. Un 47% de los trabajadores de las cooperativas son mujeres, siendo una de las pocas organizaciones dentro del sector laboral donde hay prácticamente paridad de género, al menos en el número de empleos.

Prácticamente cualquier actividad es susceptible de convertirse en una cooperativa: viviendas, seguros, crédito, enseñanza, transportes, consumidores, etc. En la Comunitat Valenciana destacan las agrarias y, sobre todo, las de trabajo asociado, que suponen un 70% del total. Este tipo de cooperativas empezaron a organizarse como una de las consecuencias de la Revolución Industrial de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Desde entonces se han mantenido, en mayor o menor medida, como una organización cuyo objetivo es generar trabajo y hacerlo sostenible gracias al mantenimiento de una estructura común de producción. En los últimos años, ante la falta de empleo, están tomando un nuevo impulso.

En la Comunitat Valenciana se llevan a cabo varias iniciativas para fomentar este tipo de modelo empresarial, como el convenio firmado por Caixa Popular y FEVECTA hace unos meses. Por primera vez, la Generalitat ha lanzado un plan de apoyo y fomento del cooperativismo, llamado “Fent Cooperatives”, que se presentó a finales del año pasado y se centra en los ejercicios de 2018 y 2019. Un plan bienal que desde el sector esperan se lleve a cabo.

Las cooperativas del futuro

Las cooperativas suponen para muchos una posible solución para combatir el desempleo y los desafíos que los cambios tecnológicos presentan al ámbito laboral.

Trust Hand Teamwork Keep Cooperation Unity

Precisamente las nuevas tecnologías pueden convertirse en grandes aliadas de las cooperativas. La idea de sostenibilidad y democratización que se asocia con el cooperativismo, cuyo lema habitual es “las personas primero”, subyace también, al menos en teoría, a algunas de las “revoluciones” tecnológicas de hoy en día.

Cada vez es más popular el crowdfunding o micromecenazgo, que a través de plataformas virtuales buscan la financiación de todo tipo de proyectos como puedan ser realizar un documental sobre el vecino de Alcàsser Josep Almudéver. Estas fórmulas se están sofisticando y desarrollando entorno a ideas tradicionalmente ligadas al cooperativismo como son la eliminación de intermediarios, la transparencia en el proceso productivo, el acceso en igualdad de condiciones al conocimiento, o la distribución igualitaria de los recursos.

La tecnología que en teoría más se acerca a este ideal, es el blockchain o cadena de bloques. Este sistema se ha hecho famoso gracias a las criptomonedas, como Bitcoin. Divisas que se relacionan, de manera errónea, únicamente con el mundo de las finanzas pero que tienen muchas otras utilidades, desde el ocio más puro en innovadoras salas de poker hasta pretensiones de cambiar el sistema actual por otro más justo. Lo verdaderamente importante de la tecnología que utiliza Bitcoin es el amplio abanico de oportunidades que ofrece.

El blockchain, explicado de manera sencilla, es básicamente un libro de cuentas virtual al que todo el mundo que quiera puede acceder, de manera que cualquier operación que se realice está controlada por la comunidad. No es uno el controla, sino todos.

Este sistema ha permitido que puedan desarrollarse los llamados smart contracts, traducido como “contratos inteligentes”. Blockchain permite que un acuerdo entre dos partes (sea a nivel laboral, económico o de cualquier otro tipo) esté “vigilado” por toda una comunidad, de manera que se pueda asegurar que se realiza de manera correcta y que se mantiene tal y como que suscribió, además de resultar en un proceso más barato y rápido que el que rodea a un contrato tradicional.

Son cada vez más las voces que creen que el crowdfunding, la tecnología blockchain o los smart contracts se convertirán en herramientas habituales que transformen el tejido formado por las cooperativas tradicionales.

Es pronto para asegurar que esa transformación se producirá, e incluso puede que esa prometida revolución tecnológica que aboga por el reparto del poder no llegue nunca a hacerse efectiva. Ya se sabe que una cosa es la teoría y otra la práctica. Tiempo al tiempo.

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