Así trabaja Movil 30, los ‘GEOs’ del agua que garantizan el suministro en València

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La ciudad de Valencia dispone de unos 1.200 kilómetros de tuberías en una auténtica telaraña que vertebra de agua todos sus barrios. Una infraestructura de tal calibre precisa de un equipo que sepa reparar sus fugas y sus filtraciones con precisión y velocidad y en la capital del Túria ese equipo es la denominada Móvil 30, una especie de unidad «GEO» del agua que persigue cualquier avería durante las 24 horas del día, los 365 días del año.

En este Día Mundial del Agua, los 12 integrantes de la Móvil 30 de la empresa Global Omnium destacan en una entrevista que par asubsanar este tipo de fugas «la experiencia muchas veces es más importante que los aspectos técnicos», aunque destacan la dotación técnica con la que han perfeccionado su trabajo para cambiar cañas de bambú o de hierro por detectores de ruido o amplificadores.

Foto: Luis Vidal
Foto: Luis Vidal

En una ciudad muy relacionada con el agua, primero a través de las acequias, más adelante con la riada de 1957 y actualmente con la nueva visión de València al mar, las 2.750 operaciones anuales que lleva a cabo este servicio pasan de manera casi inadvertida para la ciudadanía en una labor sin duda sacrificada y callada.

Los trabajadores de este grupo subrayan que en este trabajo la rapidez es fundamental y, en tono de broma, hablan de que son algo parecido a los «GEOs» del agua, en referencia al Grupo Especial de Operaciones (GEO), que está especializado en operaciones de alto riesgo y cuya rapidez es crucial.

Cómo trabaja Móvil 30

Recibido el aviso por parte del centro de control de operaciones, la Móvil 30 se lanza a sus respectivos coches -debido a la Covid deben ir en vehículos distintos- para 15, o a lo sumo 20 minutos más tarde, estar en el lugar donde se ha producido la filtración o la fuga de agua.

Foto: Luis Vidal
Foto: Luis Vidal

A través del telemando y la teleasistencia de los que disponen y de los contadores inteligentes que tiene el servicio la Empresa Mixta Valenciana de Agua (Emivasa), Guillermo Ferrón, Joaquín Ibáñez o Ramón Chaparro, algunos de los integrantes de este equipo, intentan acotar el punto exacto de los 1.200 kilómetros de red de la ciudad donde se encuentra la fuga.

Resaltan que si bien algunas veces no hace falta más de media hora para topar con la avería, otras sin embargo cuesta días de encontrar, por lo que, afirman, la comunicación entre los diferentes turnos es lo que permite terminar el trabajo lo más pronto posible.

Trabajo nocturno y temporales

Resaltan, asimismo, que aproximadamente en el 40% de los casos se localizan mejor de noche, ya que, como destaca el técnico operativo de la unidad, Manuel Roca, «los ruidos nos influyen»: «Los coches, los transformadores, la gente hablando… Por eso muchas veces es un trabajo más de experiencia que de aparatos técnicos», sostiene Roca.

El técnico operativo afirma que el aviso más frecuente es una rotura de tuberías «debido a que alguna máquina en algún trabajo de obra la haya roto».

Chaparro explica que años atrás, cuando la ciudad no estaba tan acotada como ahora, la red «era muy antigua y había muchas fugas que afectaban a un número muy grande de clientes, hecho que hoy ha cambiado tras invertir mucho en tecnología para la red».

«Se ha acotado mucho la red con electroválvulas y, además de que se producen menos incidencias en la red, los cierres de agua afectan a menos personas», comenta Chaparro, quien también asevera que no todas las operaciones son de su red, sino que hay muchas en jardines de la ciudad en las que también ayudan.

Foto: Luis Vidal
Foto: Luis Vidal

Recuerdan como uno de los momentos más difíciles de la unidad ocurrió cuando, a raíz del temporal Gloria del enero pasado, una sección de tuberías que iba por debajo de la arena de la playa de El Perellonet se rompió. Ibáñez explica que pese a encontrarla, el vehículo tuvo que ir al taller, «porque la furgoneta se llenó de 80 centímetros de arena» mientras ellos trabajaban para encontrar la arqueta que permitía arreglar esta rotura.

Relatan las dificultades climatológicas a las que se han acostumbrado: «Haga mal tiempo, frío o calor, nosotros vamos», afirman los miembros de una unidad a los que todo les parece «demasiado normal»: «Vemos un chorro de dos metros y medio y mientras que la gente está haciendo un vídeo a nosotros no nos supone nada».

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