Alberto Haller, editor de Barlin Libros: “El secreto de la edición independiente es la protección legal al sector”

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Barlin Libros es una editorial valenciana independiente. Independiente de toda institución y gran grupo editorial. Con origen en El Puig y centro de operaciones en la avenida de Baleares de València, se ha convertido en uno de los referentes culturales del universo editorial valenciano gracias, entre otros, a la edición de ‘Electroshock’, de Laurent Garnier, que le ha valido el premio de la Generalitat al mejor libro editado de 2019. Hablamos con Alberto Haller, editor, ideólogo y alma de este proyecto que vio la luz a finales de 2016.

Pregunta: ¿Cómo surge la idea de crear un sello editorial independiente?

Respuesta: Yo tuve una librería durante tres años. La Librería Berlín. Llegó un momento en que me di cuenta de que me gustaba más hacer los libros que venderlos, pero no tenía formación al respecto así que busqué un máster de edición y me fui a Madrid a cursarlo. Tuve la suerte de que, estando allí, me contrataran en una editorial donde hacía de todo y pude aprender muchísimo. Cuando acabé el máster, volví a València y empecé a crear mi proyecto.

Fue una idea bastante loca. Ahora no lo haría o, al menos, no lo haría así, en plan kamikaze. Empezaría buscando financiación por otro lado. Ahora, más de tres años después, sí me está llegando financiación muy poco a poco. Pero entonces, si no hubiera sido por mi familia que me avaló, no hubiera podido hacerlo.

P: Aun así, el proyecto ha ido creciendo…

R: Sí. Ya distribuimos en todo el territorio nacional y empezamos a hacerlo ya en Latinoamérica. Creo que ya hemos entrado en la fase de asentamiento. Tenemos 15 títulos publicados y preparando dos más para el primer semestre de 2020 y otros dos cerrados para el segundo semestre. En 2020 esperamos llegar a cuatro libros que son los mismos que en el segundo semestre de 2019 que ha sido un poco locura. Para ser yo solo en el día a día, es mucho volumen de trabajo.

P: De los últimos cuatro publicados, uno de ellos es guion tuyo, ¿verdad?

R: Sí, bueno. El guion es mío. El anterior de Ana Penyas también es guion mío, pero no estoy en portada, sí en los créditos. Pero me llevé tanta bronca por no aparecer en portada -la primera, de mi madre-, que en esta ocasión sí que he puesto mi nombre en la portada, aunque eso de ser editor de tus propios libros a mí me da un poco de coraje.

P: Las últimas publicaciones están funcionando muy bien.

R: Sí. Acabamos de sacar el de [Michael] Kimmel (Hombres (blancos) cabreados) que es una bomba. Lo hemos editado junto a Alfons El Magnànim. Ya digo que vamos teniendo repercusión y colaboraciones. También acabamos de publicar el de Tremendas, de Majo Síscar, y una recopilación de artículos de Alfonsina Storni, Urbanas y modernas, que es una delicia. En el primer semestre sacamos además El Expediente y Yo también soy. Este último, un libro muy arriesgado que se va vendiendo muy poco a poco, pero da gusto tener libros así en el catálogo.

P: ¿Se puede contar qué estáis preparando para 2020?

R: Claro. El primero que vamos a sacar es aprovechando los 40 años del estreno de la película Apocalypse Now. Vamos a editar un cuaderno de rodaje que no está en castellano escrito por su mujer, Eleanor Coppola, durante toda la locura absoluta que fue el rodaje de esa película y digamos que da el contrapunto femenino de cómo se vivió todo eso.

Y en mayo vamos a sacar un libro que es una apuesta muy personal. Son unas memorias de un expatriado ruso. Se llama Pasaporte Nansen, la vuelta al mundo en motocicleta. El libro original es de 1936, es la única edición del libro que hay. La historia de este libro es muy loca.

Son las memorias de uno de los 3 millones de rusos expatriados tras la revolución Bolchevique que se quedaron sin nacionalidad. Si ahora estamos viviendo dramas impresionantes con la crisis de los refugiados, imagínate entonces, 3 millones de personas vagando por el mundo. Y se habla muy poco de esto. Este libro son las memorias de uno de ellos: sin nacionalidad, ni raíces, ni lugar a donde ir. El Pasaporte Nansen fue una solución de las Naciones Unidas de la época para que pudieran viajar por el mundo y buscar trabajo.

Se compró una bici y empezó a buscar patrocinadores en periódicos y se va a dar la vuelta al mundo. Llega a EE.UU. y allí lo recibe incluso el presidente. Es un libro de aventuras, pero con un trasfondo social brutal. No va a ser un libro con mucha trascendencia, pero yo voy a estar muy orgulloso de él.

P: ¿Es doblemente complicado abrir una editorial independiente y, además, con libros sobre cuestiones tan sociales que no son las que más se venden?

R: Sí pero también es verdad que al ser temas tan profundos tan sociales, comprometidos, te acaba creando prestigio aunque es cierto que el prestigio no te da de comer. Pero de momento no me puedo quejar. Hay libros que han funcionado de maravilla y otros que no tanto. Los de música, por ejemplo, En éxtasis, de Joan Oleaque, y, sobre todo, Electroshock, se venden muy bien. Y el de Tremendas se está vendiendo también muy bien y yo no me lo esperaba.

P: ¿Cómo decides qué temas editar? ¿Son cuestiones que te interesan a ti o piensas en un lector ‘tipo’?

R: Sobre todo, me tienen que gustar e interesar. Obviamente, al ser una editorial tan pequeña y tan personal, tienes que poder defender el producto.

P: ¿Es complicado conseguir los derechos siendo una editorial tan pequeña de España?

R: Pues mira, los de Mark Mazower fueron muy sencillos de conseguir. Sus derechos los lleva una importantísima agencia literaria con sede en Nueva York. Y creo que por eso fue más fácil. Les escribí un correo diciendo que quería editar La Europa negra en castellano. No me preguntaron absolutamente nada, ni quien era ni referencias ni nada. Me dijeron la cantidad, regateamos un par de días y me enviaron los contratos.

Luego otros fueron mucho más complicados. Los derechos de Hombres (blancos) cabreados los lleva una agencia de Barcelona que es la subrepresentante de una agencia de EE.UU. pero tú escribes a Barcelona y ellos sí que conocen el mercado y sí te preguntan quién eres, qué referencias tienes, etc. Fue más difícil.

P: Hablando del libro de Kimmel, parece raro que no estuviera ya editado en castellano…

R: Sí. Kimmel solo tiene otro libro en castellano y es flipante porque en cuestión de masculinidades es la referencia mundial.

Una primicia: en mayo lo traemos a Valencia. Lo traemos a uno de los debates del Magnánim y luego iremos a Barcelona y posiblemente a Madrid.

P: ¿Crees que tradicionalmente el sector editorial en España no se ha preocupado por temas sociales?

R: No, hay editoriales que se dedican ya a estos temas, pero es posible que haya ciertos libros que no les interesa publicar porque no van a tener muchas ventas.

Yo no tengo apenas gastos estructurales. Mis gastos son nulos. Entonces, para mí, vender 1.000 ejemplares de un libro es un éxito. Me cubre gastos y puedo vivir de ello bastante holgadamente. Yo entiendo que una editorial que pertenece a un grupo grande y tiene muchos gastos, vender menos de 2.000 es un fracaso.

También es verdad que el 90 % de las editoriales independientes se dedica a la narrativa. Yo no lo hago porque, aunque soy muy lector, no me atrevo a juzgar una novela desde un punto de vista profesional, pero al ser historiador y politólogo, los temas sociales que editamos en Barlin sí los puedo defender, sé muy bien cómo venderlos a medios y en redes sociales. A mí me resulta más sencillo que publicar novela.

P: Hay muchas editoriales independientes, pequeñas, cada vez más, ¿cuál crees que es el motivo de este ‘boom’?

R: El secreto de la edición independiente son las facilidades del sector a nivel legal. El IVA es el súper reducido. Además, contamos con la ley, vigente en toda Europa, que obliga a las librerías a vender a un precio fijo. No hay guerra de precios y eso a los editores nos da una estabilidad. Es un sector que está muy protegido y eso abre la posibilidad a que existan este tipo de proyectos. Por otra parte, la clave de este sector es la distribución. Hay tres-cuatro distribuidoras clave en este país y si trabajas con alguna de ellas sabes que tienes una labor comercial al nivel de Planeta y tus libros van a llegar hasta la librería más recóndita. Hay muchas editoriales muy pequeñas que ven desproporcionado el porcentaje que se quedan las distribuidoras, y prefieren hacerlo ellas mismas, pero en mi opinión, es un error. Esto es una carga de trabajo impresionante y si encima te tienes que encargar de la distribución, es inasumible.

P: Y en todo ese ecosistema, ¿qué papel juegan las redes sociales?

R: Es importante. Yo, por ejemplo, en Barlin echo de menos tener una comunidad fiel. Conozco editores que todo lo que sacan, ya tienen 80-100 lectores que se lo compran solo por quiénes son. Pero sí, echo en falta una comunidad. Tendría que trabajar mucho en eso.

P: ¿Vendéis mucho en grandes librerías?

Sí, donde yo vendo más es en Amazon. Es exagerado.

Yo prefiero que compren en librerías de barrio, pero yo también tengo que subsistir. Gente concienciada que vaya a comprar a librerías pequeñas hay muy, muy poca.

A mí, como editor, y de manera egoísta, me podría dar igual donde te lo compres mientras lo compres, pero creo que la red de librerías independientes es súper importante. Yo he tenido una y es muy importante porque si no, estos proyectos no acaban saliendo.

P: Y es curioso porque al no haber guerra de precios, se podría comprar igual en las librerías pequeñas…

R: Hay mucha gente que no sabe que el precio está protegido. En Inglaterra y en EE.UU., no. No puedo imaginarme cómo podrían sobrevivir editoriales independientes o librerías independientes con un sistema de libre mercado de libros.

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