Un ‘Romeo y Julieta’ bajo los fragores bélicos entre republicanos y monárquicos

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Bajo dirección y adaptación de Alfonso Zurro (director de Teatro Clásico de Sevilla) llegó al festival de Sagunt a Escena el clásico de Shakespeare: ‘La tragedia de Romeo y Julieta’, a la que el gran público conoce como ‘Romeo y Julieta’ y que Zurro prefirió dejar así, en su versión, eliminando el sustantivo en aras de escenificar el drama de la joven pareja; es decir: acentuar sobre las tablas la tragedia que niega el título.

La acción y los hechos, olvídense del siglo XVI, nos trasladan a la convulsa España de los años ’30 del siglo pasado en donde las facciones monárquicas y republicanas generan un caldo de cultivo idóneo para una convulsa social. Así, la familia Capuleto (estirpe de la joven y bella Julieta) queda alineada con el bando monárquico y…, como contrapunto, los Montesco, apellido ligado al romántico pero audaz Romeo, se asocia a los defensores de la república.  Con estos mimbres ‘Romeo y Julieta’ no solo intentarán sacar adelante su amor frente al odio entre familias, sino que el peso de la identidad política hará que todo juegue en su contra.

Una imagen de ‘Romeo y Julieta’. (Foto-Javier Furió).

¿Pero Shakespeare está? Sí, sí que está en la construcción narrativa y dramática pero adecuado a las circunstancias que la versión de Zurro pretende trasladar al espectador. Los diálogos y los fragmentos más destacados del drama shakespeariano está presentes pero…, eso sí, retocados con frases y palabras tales como ‘facha’, ‘rojo’, ‘monárquico’…, lo que conlleva a identificar a la familia Montesco, en su caso, con una determinada ideología y situar a los Capuletos en un modelo social conservador y continuista. Si bien es verdad que en el original Shakespeare da más protagonismo a la familia  Montesco (madre y padre de Julieta, Teobaldo, nodriza, fiesta en la casa los Montesco…), que a la familia Capuleto, en ningún caso rivalizan por cuestiones ideológicas sino por viejas y enconadas disputas personales.

‘Romeo y Julieta’ en en teatro romano de Sagunto. (Foto-Javier Furió).

Zurro, desde el mismo arranque de la obra, deja clara su intención: el odio es el motor de todas las tragedias. El odio personal, ideológico, político, clasista…, es el causante que impide que el amor triunfe, que las relaciones sociales prosperen, que la sociedad progrese. Con una apuesta escénica basada en una gran muro que va moviéndose y articulando las diferentes escenas de la obra (bien pensado por el escenógrafo  Curt Allen) ‘Romeo y Julieta’ se muestra como una tragedia que atraviesa las épocas y los movimientos sociales allí donde el odio se instala. No hay lugar para el amor en una sociedad revanchista y cargada de viejas cuitas y el resultado es la muerte ante el más mínimo deseo de darle nacimiento.

Correctos en sus interpretaciones, el grupo actoral logra envolvernos en la piel de conocidos personajes y sus dos principales protagonistas defienden con acierto sus afamados roles sin estar en Verona.

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