JR, Alboraya necesita más autobuses de su EMT

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Alboraya es durante todo el año un lugar de esparcimiento y paseo despreocupado y relajado de muchos capitalinos de Valencia. Una buena parte del término municipal es el campo cercano a Valencia como otros municipios con agricultura que circundan la gran ciudad, pero tal vez más cercano. Uno de los lugares aún conservados en buenas condiciones comparado con otros de Valencia, y en verano una extensión de las playas de Valencia.

ermita PeixetsSin embargo, Valencia, el ayuntamiento y por extensión la autonomía, en muchos aspectos vitales marginan la localidad sin considerar lo que ofrece, incumpliendo en su justa medida el principio de reciprocidad. Muchos dirán que en su pueblo también, porque del mismo modo tienen playa, campos, caminos rurales… Bueno, pero yo hablo de Alboraya.

El caso es que ya estamos en pleno verano y las playas, los caminos y carreteras rurales y el casco urbano se preparan para el veraneo: se repasa con más dedicación la limpieza de las playas; se contratan socorristas y servicio sanitario o se firman convenios de colaboración entre entidades para dicho ámbito; se multiplica la presencia y actividad de la policía municipal, de los operarios de parques, jardines, reparación y obras…

El pueblo, como otras localidades, centra su actividad municipal y privada en acomodar su espacio para dar la bienvenida y ofrecer sus servicios a los miles de turistas y visitantes que tiene que acoger, sin menoscabo del resto de actividades industriales y agrícolas que también necesitan los buenos oficios del ayuntamiento. Alboraya debe ofrecer y facilitar actividades públicas y particulares para el ocio y el –redundando- esparcimiento, la participación vecinal festiva y el entretenimiento sociocultural. No obstante, probablemente, el turismo en verano es el principal tractor de la economía local.

Y como todas las monedas tienen dos caras, nos encontramos en la cruz con carencias y deficiencias más visibles en esta época del año: se encarece el alquiler de pisos y apartamentos, en muchos casos abusando de la mayor demanda del mercado; suelen aumentar las averías en la red de abastecimiento de agua y desagüe porque hay más población; las calles y caminos se llenan de vehículos, peatones y animales de compañía durante más horas; se multiplican las terrazas de verano en la vía pública, modificando –quizá, ocasionalmente entorpeciendo- el tránsito ordinario; hay más vertidos de basuras, más pequeños desperfectos en jardines, bancos, señalizaciones, marquesinas… Lo habitual cuando se usa más la calle.

Es algo con lo que el ayuntamiento, los vecinos y los propietarios de los negocios cuentan -o deben contar de antemano como una parte de los costes de producción natural. Es dinero que gastan los contribuyentes (el ayuntamiento) aunque también inversión, y molestias para los que llevan mal el bullicio y las aglomeraciones. Si Valencia, la Comunidad Autónoma y otras administraciones colaborasen un tanto más de lo que lo hacen esta cruz sería más llevadera, aún yendo por el “buen camino”, como dice el alcalde, Miguel Chavarría.

Alboraya. EMT. Linea 31Si nos fijamos en el plano de los autobuses de Valencia desde los años setenta hasta hace pocos años, vemos que uno de los lugares que tradicionalmente ha quedado fuera de alcance es el esquinazo que ocupa Alboraya. Cierto que en la actualidad llegan desde Valencia el 70 de la EMT hasta una gran horchatería y donde está la primera estación del metro, en la entrada del pueblo por la avenida de la Horchata. Y también el 31, tras mucha insistencia y reuniones, a cambio de 150.000 euros que pone el municipio con ayuda de la Diputación, hasta el instituto de la Patacona, entre las avenidas Mare Nostrum y Blasco Ibáñez. Pero a Saplaya (Port Saplaya) nada de nada por parte de la EMT valenciana. Tenemos autobús municipal de Alboraya, desde el pueblo hasta ambas playas, con pérdidas económicas, y otro que viene desde Puçol cada hora y diez minutos, mínimo, hasta Port Saplaya.

De modo que Saplaya queda al margen de las líneas de autobuses urbanos de la EMT Valenciana. Port Saplaya existe para los valencianos pero no para el ayuntamiento de Valencia como tampoco para ADIF, que no es capaz de hacer un apeadero para el tren de cercanías.

En cambio con los de la EMT de Valencia capital sí nos vamos hasta el Saler y la Albufera, o a Benimámet, los poblados del oeste, Burjassot, los poblados del norte, Tavernes Blanques y Casas de Bárcena. Todos lugares más alejados del centro de Valencia.

Si nos desplazamos con autobuses interurbanos o metropolitanos de otras compañías, con los que se puede viajar en muchos casos con metrobús, como los de AUVACA, que forman parte de Entidad de Transporte Metropolitana de Valencia, podemos ir pasando por Catarroja hasta Albal, Silla, Picassent y Picanya.

Tenemos las tres líneas (azul, roja y verde) de TorrentBus de Torrent, y los de Fernanbús, que están tutelados por la Agencia de Movilidad de Valencia, que unen Xirivella, Alaquás, Aldaia, Torrent, Quart de Poblet, Mislata y Manises, y Godella con este último, y Riba-roja con Quart de Poblet, y nos llevan hasta el circuito de Cheste. También Edetania Bus, que cubre el servicio en el corredor de la Pista de Ademuz, y Autobuses Buñol, que tiene líneas desde la comarca de Buñol, al oeste, hasta Carcaixent, en la Ribera Alta, en el sur. Y Autobuses Herca en los que podemos llegar a Moncada, Segorbe y Montanejos, en dirección norte, y las playas de Vega de Mar, en dirección sur. Todo sin considerar las que me dejo por no extenderme más.

Así que podemos hablar de unas cuantas compañías con metrobús que cubren el servicio entre Valencia y su área metropolitana, uniendo unas 80 poblaciones con un total aproximado de 58 líneas regulares. Pero en el término de Alboraya que está pegado a Valencia únicamente dos paradas de autobús de la EMT, una en la entrada del casco urbano y otra que no llega a cubrir toda la extensión de la paya de la Patacona.

Estimado Joan Ribó, Alboraya, ¡sí!, este municipio que da también fama y reconocimiento en España y muchos lugares del extranjero a Valencia por su deliciosa horchata y fartons, con denominación de origen, necesita una línea de autobús de suEMT que enlace Valencia con Patacona, Port Saplaya y el centro urbano de la localidad, con buena frecuencia de paso, y que el actual 70 no se dé la vuelta en la entrada del pueblo, lejos de la almendra central del municipio, crecido considerablemente con barrios de nueva planta, quedando las paradas muy alejadas del centro urbano. Por otra parte, no estaría de más que apoyase la solicitud de Alboraya a ADIF para que se hiciese un apeadero del tren de cercanías también en Saplaya, por ejemplo, en el antiguo camino Machistre.

Resulta que Alboraya está destinada, por causas de fuerza mayor, a dejarse expropiar parte de sus terrenos agrícolas, su patrimonio ecológico del que podemos disfrutar todos, para construir una ampliación de la autovía V-21 para que todas las mañanas los coches de los valencianos no se atasquen cuando van a trabajar a Valencia a contribuir en la prosperidad de la capital y otro tanto de lo mismo cuando ADIF quiera su AVE, y no tiene derecho a una ampliación del 70 y el 31 de la EMT en las condiciones descritas, o una nueva línea que cubra estos recorridos, y una sencilla estación de tren cerca de Port Saplaya.

Ni siquiera a que los actuales autobuses municipales, que llevan a los vecinos hasta las playas, estén integrados en el consorcio de transportes de viajeros de Valencia, para poder utilizar, por ejemplo, un metrobús. Sabemos que la EMT de Valencia es una empresa deficitaria. No hay más que echar un vistazo a sus balances o informes de gestión.

El último que he visto del ejercicio 2016, aprobado por el Consejo de Administración de la empresa del 28 de marzo de 2017 y auditado por la firma Ernst & Young, arroja unos resultados un tanto desoladores si se valoran en términos de rentabilidad.

Pero un servicio público que debe llegar a todos los ciudadanos, sin distinción de capacidades económicas individuales, preferencias personales…, no se puede medir estrictamente de esa forma, ya que se trata, también, de una parte de la función correctora de desigualdades que -en mi opinión- le corresponde al Estado. Esto sin entrar a evaluar -si se quiere- cuestiones de tipo ambientales, contaminación, reducción del tránsito rodado particular por las ciudades,…

Si nos atenemos a la historia de este servicio municipal, siempre fue más o menos deficitario: desde los inicios (hacia 1876) hasta la creación de la SALTUV por aquellos tranviarios de la Acción Católica, que tuvieron la potestad de crear una fundación como respaldo de la compañía, concedida por el régimen anterior, mediados los 60 del siglo pasado, bajo los auspicios del obispo de Valencia, que gestionaron la sociedad anónima laboral de forma bastante errática.

Por otra parte se trata de intentar disuadir a los que utilizan los vehículos particulares para que cambien su rutina y usen los transportes colectivos, y que estos medios se modernicen y aumenten de calidad y cantidad.

Pero, querido alcalde, JR, lo primero es lo dicho: reciprocidad.

Vicente Alejandro | Gestor de empleo

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