El camposanto abrió sus puertas el 31 de mayo de 1926, después de que el Ayuntamiento de València adquiriera los terrenos por 3.250 pesetas. El recinto conserva panteones históricos, sepulturas vinculadas a la Guerra Civil y elementos catalogados como Bien de Relevancia Local.
El cementerio de Massarrojos alcanza en 2026 su primer centenario como uno de los espacios patrimoniales e históricos de esta pedanía de València. Inaugurado el 31 de mayo de 1926, el camposanto ha acompañado durante un siglo a varias generaciones de vecinos y mantiene buena parte de los elementos arquitectónicos y funerarios que forman parte de la memoria colectiva de la localidad.

Su origen se remonta a los primeros meses de 1926, cuando el Ayuntamiento de València acordó adquirir los terrenos para construir el nuevo cementerio. La Comisión Permanente municipal aprobó la compra del solar a José María Belenguer durante la reunión celebrada el 31 de marzo de aquel año. La operación tuvo un coste de 3.250 pesetas, una cantidad que permite acercarse a la realidad económica de la época.
Como referencia histórica, una entrada para presenciar un partido entre el Valencia FC y el Racing Club de Madrid en Mestalla costaba entonces 1,50 pesetas.
Un recinto protegido por su valor patrimonial
El cementerio de Massarrojos y los restos de su antiguo vía crucis están catalogados como Bien de Relevancia Local (BRL) por su interés como espacio etnológico. Su distribución y sus elementos arquitectónicos permiten conservar la imagen de los cementerios tradicionales valencianos y la evolución de las formas de enterramiento a lo largo del último siglo.
La documentación municipal describe el recinto como un espacio rectangular y alargado, delimitado por un perímetro de nichos. En torno a un eje central se distribuyen varios panteones, detrás de los cuales aparecen campos de tumbas y sepulturas a ambos lados.
El acceso se realiza mediante una puerta ligeramente desplazada respecto al conjunto del recinto. A ambos lados del pórtico se encuentran la capilla y el depósito de cadáveres, dos espacios que forman parte de la configuración original del camposanto.
Un cartel situado en el cementerio recuerda la fecha de inauguración y los responsables municipales de aquel momento. En él se indica que abrió sus puertas el 31 de mayo de 1926, durante el mandato del alcalde de València Luis Oliag Miranda, con Luis Miralles Pelecha como presidente delegado de Cementerios.

Panteones familiares y memoria de la Guerra Civil
Entre los elementos más destacados del cementerio figuran los panteones de las familias Senent y Castellano, construidos en piedra caliza y representativos de la arquitectura funeraria de la época. El recinto también conserva sepulturas vinculadas a algunas de las víctimas de la Guerra Civil.
Junto a estos monumentos funerarios, el camposanto mantiene tumbas en tierra y pabellones de nichos, con lápidas de diferentes tonalidades, principalmente negras y blanquecinas. La combinación de estos elementos permite recorrer distintas etapas de la historia de Massarrojos a través de sus espacios de enterramiento.
El conjunto constituye también un reflejo de las costumbres funerarias y de la importancia que las familias han concedido tradicionalmente a la conservación de la memoria de sus antepasados.
Nicolau Primitiu descansa junto a su familia
Uno de los rincones con mayor valor histórico y cultural del cementerio es la sepultura del erudito valenciano Nicolau Primitiu Gómez Serrano, donde descansan también su esposa, Maria Antonia Senent Ibáñez, conocida como Tonica la farinera, y sus hijos, Ampa y Doménech.
La lápida recoge las fechas de nacimiento y fallecimiento del intelectual valenciano: nació en Sueca el 10 de septiembre de 1877 y murió en València el 11 de noviembre de 1971.
La presencia de Nicolau Primitiu en el cementerio de Massarrojos conecta este espacio funerario con uno de los grandes legados culturales valencianos. Su importante colección bibliográfica se conserva en el antiguo monasterio de Sant Miquel dels Reis, sede de la actual Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu.
Entre el lugar donde reposan sus restos y el edificio que custodia su legado bibliográfico se extiende el paisaje de huertos y bancales de la Vega de València, un entorno que forma parte de la identidad histórica y territorial de esta zona.
Cien años después de su inauguración, el cementerio de Massarrojos continúa siendo mucho más que un espacio funerario. Sus panteones, sepulturas y elementos protegidos conservan la memoria de sus vecinos y ofrecen un recorrido por un siglo de historia de esta pedanía valenciana.
































































































































































































