‘Cuentos para Gigantes’ o cómo leer pequeño y soñar grande

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Nunca deberíamos dejar de leer literatura infantil. Es más, deberíamos dejar de llamarle ‘infantil’ y hablar de literatura sin más, siempre. Las etiquetas nos limitan y nos alejan de historias, de momentos, de expresiones artísticas que creemos que no son para nosotros y sin embargo, si por circunstancias o casualidades de la vida, nos aproximamos a esas creaciones “a pesar de”, es muy probable que descubramos que las buenas historias no caducan, que el ser humano no echa el cierre de su capacidad de ilusionarse, de sorprenderse ni de aprender nunca, aunque ya no sea un infante.

Una de esas circunstancias de la vida nos puso en el mismo camino a Amparo Moya y a mí. Amparo, compañera de profesión, de trabajo y ya amiga, es la autora de Cuentos para Gigantes, obra ganadora del Concurso de Cuentos Infantiles de la editorial Red Paradise y que el pasado viernes se presentó en sociedad. Esa circunstancia feliz me llevó a la presentación y a tener entre mis manos el libro, la ópera prima de Amparo, enmarcada en la literatura infantil pero que, como ella, se precipita por los límites de las clasificaciones tradicionales.

Leer Cuentos para Gigantes es adentrarse en un mundo de talla S pero con alma XXL. Las pequeñas historias compiladas permiten, a través de personajes corrientes y situaciones fantásticas, trasportarse con facilidad al plano de las ilusiones donde aún todo es posible. Donde las niñas y los niños son igual de valientes y aventureros, sin esperar que nadie les rescate. Donde las amistades se fraguan entre interiores poderosos dejando de lado los continentes y sus peculiaridades y sus diferencias. Donde la empatía, el cariño y el compañerismo guían los pasos de los protagonistas.

La autora alterna historias sencillas con otras más íntimas y metafóricas en un conjunto diseñado para llegar al público infantil y al adulto en una consecución de capas superpuestas que permiten al lector zambullirse en las historias y en sí mismo tan profundo como esté dispuesto.

Decía Amparo en la presentación que lo bonito sería leer en familia y preguntarle después a los pequeños qué conclusiones sacaban de la lectura, qué habían entendido, qué les habían parecido. Déjenme que abra yo la veda: yo concluyo que Cuentos para Gigantes es una obra hecha desde un buen corazón para alegrar los nuestros; yo entiendo que Cuentos para Gigantes debe ser una lectura habitual y a diferentes edades; a mí me parece que este libro, que nació sin pretensiones y se materializó en papel, es un bello ejemplo de los valores que abandera: valentía, esfuerzo, imaginación, fidelidad a uno mismo y amor. Porque sí, porque a veces la vida es menos cabeza y más corazón y eso, hoy en día, hay que celebrarlo.

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