Yrsa Sigurdardóttir: “Todos somos quienes somos por el pasado que tenemos”

Yrsa Sigurdardóttir (Reikiavik, 1963) pertenece a esa categoría de escritores capaces de convertir el silencio, la incomodidad y el miedo en una atmósfera de la que resulta difícil escapar. En su última novela, ‘El castigo’ (Destino), la autora islandesa vuelve a adentrarse en los rincones más oscuros de la mente humana con un thriller perturbador, lleno de tensión psicológica y secretos que resurgen cuando parecían definitivamente enterrados.

Yrsa Sigurdardóttir

Coincidiendo con su visita a València para recoger el premio Best Novel Valencia Negra 2025 por ‘El grito’ (Destino), hablamos con una de las grandes voces del noir nórdico contemporáneo sobre el peso del pasado, la infancia, el miedo y esa tensión creciente que atraviesa su literatura.

— ‘El castigo’ parte de una idea muy inquietante, una cápsula del tiempo que parece conectar pasado y futuro. ¿Cómo surge esta conexión?

“Le regalé una cápsula del tiempo a mi sobrino por Navidad y pensé que era una buena manera de llevar el pasado al futuro. También de sacar algo que había permanecido oculto a la luz, al presente. A partir de ahí empecé a pensar qué podía contener esa cápsula para desencadenar una serie de acontecimientos años después. Siempre es complicado escribir sobre algo del pasado que tenga un impacto real en el presente, porque normalmente los hechos se resuelven en el momento en que ocurren. Pero me interesaba precisamente esa idea: cómo algo enterrado durante años puede volver y alterar el futuro”.

— En la novela vemos cómo dos personas pueden vivir experiencias similares y reaccionar de maneras completamente distintas. ¿Qué le interesa de esa idea?

Todos somos quienes somos por el pasado que tenemos. Y, obviamente, cuando ese pasado es muy dramático, cada persona puede reaccionar de una manera distinta. Eso me interesaba mucho en ‘El castigo’, cómo dos personas que han vivido prácticamente lo mismo pueden acabar tomando caminos completamente opuestos. Freyja y su hermano comparten genes, educación y contexto, pero reaccionan de forma diferente. Siempre me ha intrigado por qué ocurre eso. Creo que todos lo vemos incluso dentro de nuestras propias familias”.

— En ‘El castigo’ deja claro que la infancia es una etapa crucial en la construcción de nuestra identidad. ¿Por qué le atrae explorar esta vía?

Cuando empecé esta serie quería escribir novelas policiales, pero para mí el crimen nunca ha sido solamente las pruebas, el ADN o las huellas. Lo que realmente me interesa es el porqué. La parte psicológica. Siempre me llamó mucho la atención una institución que existe en Islandia llamada la Casa de los Niños. Allí llevan a los menores que han sido víctimas o testigos de un crimen, en lugar de trasladarlos a una comisaría o enfrentarlos directamente al sistema judicial. Trabajan con psicólogos especializados en infancia y me parecía una aproximación muy humana e interesante. Por eso hay tantos niños en mis novelas y por eso la infancia tiene tanto peso”.

— A través de estas páginas, también hay una crítica muy clara a los fallos institucionales y a cómo el sistema puede abandonar a los más vulnerables.

Este libro está inspirado en un caso antiguo en el que a una niña le falló completamente el sistema. Y eso no es aceptable. En un país pequeño como Islandia deberíamos ser capaces de proteger a las personas vulnerables y asegurarnos de que no sean ignoradas o maltratadas. En la novela falla el sistema con Vaka, pero también con los dos hermanos, que terminan completamente desamparados. Islandia proyecta muchas veces una imagen idílica y, en parte, lo es. Pero cuando algo falla allí, el fallo resulta todavía más visible”.

— La relación entre Huldar y Freyja es clave en la novela. ¿Qué le interesa de este binomio?

“Cuando empecé la serie tenía claro que quería escribir sobre un hombre y una mujer trabajando juntos. En aquel momento tenía sentido que él fuera policía y ella psicóloga infantil, porque todavía había muy pocas mujeres dentro de la policía islandesa. Pero, sobre todo, me resulta mucho más divertido escribir sobre personajes que no terminan de llevarse bien y que aun así están obligados a trabajar juntos. Esa tensión siempre es más interesante que hacer que todo el mundo se entienda perfectamente”.

— Más allá de la novela negra, en su libro hay una atmósfera muy cercana al terror psicológico. ¿Cómo es trabajar en esa frontera?

Soy muy fan del horror, pero lo que realmente me interesa no es el monstruo o el fantasma, sino la tensión psicológica. Esa sensación de que algo está a punto de ocurrir. Para mí, el terror funciona precisamente ahí: en la incomodidad creciente, en esa expectativa constante que hace que el lector avance sintiendo que algo malo puede pasar en cualquier momento”.

— Por último, ¿qué reacción desearía del lector?

“No quiero que alguien lea el libro y piense que es ridículo o que no tiene sentido. Tampoco quiero que lo lean y se rían todo el tiempo. Lo que me gustaría provocar es intriga. Esa sensación de inquietud que hace que se te pongan un poco los pelos de punta mientras avanzas en la historia”.

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