Como no da puntada sin hilo el Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, hay que creer que su declaración pública de amor a Begoña Gómez fue cualquier cosa menos improvisada. La manifestación amorosa fue en un mitin del PSOE al día siguiente de la reunión del Comité Federal, para darle más trascendencia, bombo y platillo, que lo habitual en estos casos.

No digo que nuestro Presidente no esté enamorado de su mujer, pues quién soy yo para meterme en esos berenjenales, pero digo que la puesta en escena fue más propia de un musical que de un momento de intimidad. Para darle más resonancia al acto, la esposa del declarante estaba en primera fila del evento, en medio de dos pesos pesados del partido, los secretarios de éste en Madrid, Óscar López, y en Andalucía, María Jesús Montero.
Tras la confesión amorosa, la mujer objeto del halago subió a la tarima donde estaba su cónyuge y se fundió con él en un abrazo y un beso, jaleados largamente por el personal. De espontaneidad en la acción, nada de nada, por consiguiente.
El objetivo de la escena parece doble. Por una parte, hay que verlo en clave electoral, pues no hay cosa más enternecedora que el amor y el PSOE evidenció que él y sus dirigentes son personas afectivas que ponen los sentimientos por encima de cualquier cosa, a diferencia de la derecha malvada, materialista y escéptica, que sólo cuida de sus intereses y sus dineros y no muestra ningún cariño a la gente.
El otro propósito del tinglado era predisponer a la opinión pública en favor de Begoña Gómez, ante el juicio que la espera. Nadie ignora que el jurado popular, como resulta en el caso de la imputada, suele ser más severo que el formado por magistrados de oficio, y nada mejor que unas dosis de ternura para ablandar su corazón.
[ Enrique Arias Vega | Escritor, periodista y economista | @EnriqueAriasVeg ]








































































































































































































