La ruta escultórica de personajes cinematográficos de València rendirá homenaje a Icíar Bollaín

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L’Ajuntament de València rendirá homenaje a Icíar Bollaín en la Ruta Escultórica de Personajes de películas y de obras literarias ambientadas en la ciudad, iniciativa que busca reivindicar a València como escenario de ficción a través de los personajes que la han popularizado en el imaginario literario y cinematográfico. Así lo ha anunciado el Concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno, quien ha explicado que este reconocimiento a Bollaín se suma a la concesión el próximo 14 de noviembre de la Palmera de Honor a la aclamada cineasta, guionista y actriz española, que se realizará en la gala de clausura de la 41ª Mostra de València.

Con este propósito, el consistorio incorpora a la ruta la referencia a la comedia dramática La boda de Rosa, dirigida en el año 2020 por Icíar Bollaín y rodada principalmente en València y Benicàssim, con la participación de À Punt y la ayuda de l’Institut Valencià de Cultura, que resultó ganadora de diversos premios desde su estreno.

Presentada en 2020 en el Festival de Málaga, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado, logró ocho nominaciones a los Goya, alzándose con el de mejor actriz de reparto para Nathalie Poza y el de mejor canción original para “Que no, que no”, de Rozalén. Por su parte, Candela Peña, nominada a mejor actriz protagonista, recibió por este papel el Premio Platino y el Gaudí.

València inmortalizará en un futuro en bronce el personaje de Rosa, interpretado por Candela Peña, que se plasmará como corredora en una carrera popular. La pieza se instalará en la plaza de América, junto al Puente de las Flores – Alcaldesa Rita Barberá, un espacio a caballo entre dos Valèncias, la histórica y la actual.

Se trata de una referencia al filme de especial simbolismo, dado que condensa la búsqueda de la libertad por parte de su protagonista. Tal como ha explicado el concejal Moreno, se trata de un homenaje a la película La boda de Rosa; a su directora, Icíar Bollaín, una de las más laureadas del cine español; a su intérprete principal, Candela Peña; y a la lucha de tantas mujeres anónimas, como Rosa, por su emancipación.

Obra representativa de la filmografía de Icíar Bollaín

El largometraje se centra en la experiencia de Rosa, una mujer que, a punto de cumplir los 45 años, se da cuenta de que ha vivido siempre volcada en las necesidades de los demás. Trabaja en el departamento de vestuario de rodajes de cine bajo las órdenes de una jefa que suele llevarse el mérito de su esfuerzo, cosiendo a contrarreloj el vestido de una actriz mientras prepara los trajes de decenas de extras. Su vida personal es un sinfín de demandas familiares: ejerce de asistente de su padre viudo, que planea mudarse con ella sin preguntarle; apoya los caóticos negocios de su hermano Armando; sobrelleva las crisis existenciales de su hermana Violeta; y cuida a distancia de su hija Lidia.

Cansada de cargar con el peso de todas estas responsabilidades invisibles y de haber postergado su propia existencia, Rosa deja su trabajo de forma repentina y rompe con todos sus compromisos. Su plan es mudarse a Benicàssim para recuperar la antigua casa familiar y cumplir el gran sueño de su juventud: reabrir el taller de costura de su madre. Para sellar este cambio de rumbo, se embarca en un proyecto muy particular: organizar una boda consigo misma, un compromiso público de autocuidado y fidelidad hacia sus propios deseos. Sin embargo, su familia no está dispuesta a aceptar sus nuevos límites tan fácilmente.

Tal y como señala Carlos Aimeur, autor del estudio de la ruta de personajes cinematográficos, recientemente publicado por el Ayuntamiento en coedición con la editorial Sargantana, “La boda de Rosa forma parte del núcleo duro de la filmografía de Icíar Bollaín, centrada en la radiografía social y en el universo femenino. La película desmonta, además, lo que la sociedad espera de las mujeres: la idea de que la realización de una mujer madura depende de encontrar pareja o de la abnegación familiar. En lugar de casarse con otro para ‘completarse’, Rosa se casa consigo misma para reivindicar su amor propio y su autonomía”.

“Fiel al estilo de su directora, la obra combina el humor y las situaciones cotidianas con una carga de drama emocional profundo. No es una comedia romántica tradicional, sino una historia de superación personal que aborda temas realistas desde un tono optimista, amable y luminoso”, prosigue Aimeur. “Hereda el costumbrismo, al reflejar con fidelidad el día a día de una familia española de clase trabajadora, y la comedia de enredos, pues el plan de Rosa genera malentendidos entre su padre y sus hermanos, y lanza una crítica social sobre la carga invisible del cuidado familiar, que suele recaer mayoritariamente en las mujeres”.

Un lugar particularmente expresivo dentro del trayecto onírico de Rosa

“La boda de Rosa se articula en dos geografías contrapuestas de la Comunitat Valenciana: la ciudad de València, espacio del agobio y del caos, y la costa de Benicàssim, espacio de la liberación y del reencuentro. Su cartografía está dibujada, además, por las necesidades de los otros: se desplaza según el mapa que le imponen (cuidar de su padre, resolver las crisis de sus hermanos, correr para cumplir las obligaciones del trabajo, etc.), en un espacio fragmentado en que no es dueña de sus trayectos. […] En suma, la película representa el tránsito de una mujer que pasa de vivir en los mapas de los demás a dibujar el suyo propio”, continúa Aimeur.

Especialmente significativa es la carrera inicial, la escena en la que Candela Peña recorre la ciudad de València prácticamente al completo, desde el casco histórico hasta el barrio de El Cabanyal-El Canyamelar, pasando por varios huertos urbanos. Una secuencia que constituye todo un testimonio de la València actual.

De acuerdo con Carlos Aimeur, el Puente de las Flores – Alcaldesa Rita Barberá ocupa “un lugar particularmente expresivo dentro del trayecto onírico que realiza Rosa. El personaje principal del film lo cruza corriendo, en una imagen que simboliza el impulso de escapar de una vida organizada alrededor de otros”.

En palabras de Aimeur, “el citado puente funciona como una suerte de umbral entre distintas zonas de la ciudad y, en la propuesta de homenaje a La boda de Rosa, permite representar a su protagonista en movimiento: no como alguien que ya ha llegado a una solución, sino como una mujer que empieza a reclamar su propio camino. Un emplazamiento, en definitiva, que permite fijar el instante de tránsito entre esas dos etapas y que ofrece una imagen reconocible para el homenaje a la película, al tiempo que rinde tributo a las mujeres contemporáneas y a la ruptura con los esquemas tradicionales del pasado por parte de éstas”.

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