Roberto Navarro Montes: “Invento personas y me divierto viendo cómo actúan, piensan y sienten”

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Roberto Navarro Montes es el autor de ‘Ylandra. Tiempo de osadía’, el primer libro de una saga de fantasía grimdark que es editado por ediciones Labnar. El autor refleja su profesión de psicólogo en la creación de personajes complejos y nos lleva por mundos tan crudos como mágicos y cautivantes.

Pregunta: ¿Cómo ha nacido el mundo de Ylandra?

Portada del libro.

Roberto Navarro Montes: Este mundo nace de la ilusión por crear algo grande; una historia en la que las idas y venidas de muchos y diversos personajes se entremezclaran para ir construyendo una trama compleja, llena de matices y de mensajes. Si a esa ilusión la aderezamos con mucho mimo, tiempo y muchas conversaciones en torno a esta idea, nos sale Ylandra. Es un proceso de más de un lustro antes de escribir la primera palabra y de decenas de ideas desechadas que estuvieron en mente y ayudaron de un modo a otro a crear lo que hoy podemos tener en nuestras manos. Si me lo preguntaras, yo diría que mereció la pena. Cuando le entregamos tanto a un proyecto, el resultado siempre merece la pena.

P.: En la historia de 'Tiempo de osadía' aparecen problemáticas como la esclavitud, la desigualdad, la corrupción. ¿Qué paralelismos hay entre el mundo fantástico de Ylandra y la vida real?

R.N.M.: Ylandra es un mundo de fantasía. Eso es obvio. Hay magia y criaturas que no existen en nuestro mundo y muchas más cosas que he inventado para él. Pero lo que más hay y lo que más importa son las personas que habitan este mundo y estas son seres humanos, tan humanos como tú y como yo. A partir de aquí, todo lo que hay son paralelismos. El amor, el odio, la venganza, el miedo, el rechazo, etc., son todas emociones tan reales como las que cualquier persona podría tener. El mundo fantástico es solo el vehículo que las genera, pero lo importante son estos sentimientos. Funciona igual que, cuando en terapia, le pido a un paciente que cierre los ojos e imagine una escena. Quiero descubrir su emoción y no necesito que viva una experiencia real para hacerlo, solo que la experimente en su mente. Ylandra, para mí, es eso. Una forma de experimentar nuestro mundo real. Y además te divierte y entretiene como lo que más. No podría pedirle más.

P.: Descríbenos en pocas palabras a los principales personajes de la obra.

R.N.M.: Yo creo que en Tiempo de Osadía destacan tres personajes. Mara es todo bondad, inocencia, ingenuidad y va a tener que enfrentar un camino donde esas cualidades van a ver muy atacadas. Siara ha sufrido mucho y es un dolor del que no quiere desprenderse. Es ahí donde la conocemos, en un momento en el que siente que puede volver a avanzar. Pero lleva mucho atrás y eso se ve en su carácter, en su fama y en su persona. Con Siara va a ser difícil aburrirse, vaya. Y, por último, destaco a Aleyn. Un hombre que sabe lo que es verse obligado a hacer cosas terribles que en un momento dado parecen correctas. Alguien cansado de lo que significa ser El Salvador, el gran héroe. Pero también es alguien que no sabe cómo ser irrelevante. Está atrapado y ninguna de las opciones que se le presentan es buena, pero tiene que elegir y lo hace. Hay muchos más personajes, pero me quedo en esta obra con estos tres.

P.: 'Ylandra. Tiempo de osadía' es el primero de una saga de seis libros. ¿En qué etapa están el resto de los textos?

R.N.M.: El segundo sale a la venta el 10 de diciembre. Ya mismo. Y tengo unas ganas de verlo nacer tremendas. El tercero está en pleno proceso de escritura y los otros tres están en mi mente, dando vueltas, alimentándose de los minutos que les dedico a sus escenas. De los libros que me quedan por escribir siempre digo lo mismo... si consigo plasmar lo que hay en mi mente, tal y como está, nos va a estallar la cabeza. Ojalá sea así, porque va a ser divertidísimo hacerlo.

P.: Además de este gran proyecto, ¿tienes otros textos en proceso o en mente?

Navarro Montes es psicólogo de profesión.

R.N.M.: ¿Qué persona que se considere un creador puede responder a esta pregunta con un no? Hay cosas. Muchas. Demasiadas. Hay novelas en el cajón esperando su momento para dedicarles esas horas que las dejen preparadas para desfilar, hay ideas asentándose en mi mente y hay, sobretodo, ganas y más ganas por seguir creando y escribiendo. Lo que me gustaría es que alguien, por fin, fuera capaz de inventar la máquina que alargue un poco los días, porque a mí se me quedan muy cortos. Necesito días de 48 horas. Con días así yo creo que llegaría a todo lo que quiero. De momento, me conformo con dar un paso y después el siguiente.

P.: ¿Cómo has llegado a Ediciones Labnar y cómo ha sido tu vínculo con los editores?

R.N.M.: Llegué por casualidad, en el Labnar Day, para presentarles mi novela. Así llegué y así me quedé. ¿Mi vínculo con ellos? Son dos personas con un corazón y una entrega que no caben en este mundo. Cada día me sorprenden con algo nuevo y magnífico. Cuesta encontrar gente como ellos y yo no podría haber pedido a nadie mejor para cuidar de Ylandra.

P.: ¿De qué modos influye tu profesión de psicólogo en la creación de tus novelas?

R.N.M.: Fácil. Yo no invento tramas. Invento personas, luego les pongo en una situación y me divierto viendo cómo actúan, piensan y sienten. Creo que para poder describir bien a un personaje y darle toda la coherencia que necesita, es necesario entender la psicología humana y, aunque no es necesario ser psicólogo para hacerlo, desde luego no estorba. Si me quisiera extender más, te hablaría de cómo hago por conocer toda su historia, tener un relato de lo que ha sido su vida, cómo quiero entender los conflictos, creencias y actitudes de mis personajes, sus formas de funcionar, sus procesos de aprendizaje, etc. Pero bueno, resumiendo, ser psicólogo me ayuda a empatizar con los personajes y, cuando lo hago, cobran vida, salen de la pantalla y me hablan y es tan real que casi puedo tocarlos.

P.: ¿Qué significa la escritura para ti?

R.N.M.: Jugar. Seguir jugando igual que cuando era un niño. Y te digo algo, amaba jugar. Adoraba mis muñecos. Ahora soy mayor y ya no puedo jugar, pero sí escribir, sí imaginar y sí inventar. Para mí la escritura significa poder ser un niño eternamente. Y no hay nada tan maravilloso como eso.

(Agradecemos la colaboración de Promueve Libros para la elaboración de esta entrevista).

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