Pesadilla en el Mediterráneo

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Ya no recordaba cuándo había sido la última vez que había sentido el impulso de sonreír. Quizás tres años atrás, aquel día en el que su padre la había presentado al resto del poblado como una nueva mujer, acabado el tiempo de la infancia. Tenía 11 años.

Después llegaron tiempos oscuros. Una guerra, un ataque de los soldados que mataron a su padre, su madre y sus hermanos, delante de ella. Pero a ella no. Luego supo por qué. Aún podía servir para dar placer a los soldados mientras éstos llevaban a todos los supervivientes de su poblado hasta la siguiente aldea.

Huir no era una opción, sino una necesidad. Cuán cruel era el panorama que se había abierto ante sus ojos para que dejar atrás su casa, su tierra, su vida, fuera la única salida posible.

El viaje a la esperanza estuvo lleno de dolor, hambre y tristeza. Los primeros meses, la solidaridad, empatía y casi hasta amistad con sus compañeros y compañeras de viaje era lo único que la salvaba de una muerte en vida.

De noche, los soldados la venían a ver para violarla, solos o en grupo, y después golpearla, maltratarla, como si fuera un juguete roto.

Llegó un momento en el que ya no sentía nada, simplemente se concentraba en el deseo de que acabaran cuanto antes, y ya está. Su capacidad de abstraerse al dolor se convirtió en su mejor aliada. Otras no tuvieron tanta suerte, y fueron dejando tumbas en el camino, tumbas sin nombre, sin responso.

Más de un año, o dos, quizás, transcurrió hasta que por fin llegaron a lo que los soldados llamaron el mar. Luego supo que se llamaba Mediterráneo, que significa Mar entre tierras.

Es peligroso pero si llegáis al otro lado, estaréis en el paraíso, les dijeron. Es como una lotería. Ni siquiera esperaron a que el viento cesara y las olas fueran más leves. Los codiciados sitios en aquellas destartaladas lanchas se convirtieron en el más preciado tesoro, y mientras se acomodaba entre la espalda de una mujer y las piernas de un hombre, con la cabeza doblada hacia atrás para no tropezar con el codo de otro hombre, pensó que pronto pasaría la pesadilla. Le esperaba Europa. La tierra de la libertad, le habían dicho, en la que todos los hombres tienen las mismas oportunidades.

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