‘7 reinas’ que merecen celebración

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Pongámonos en antecedentes. En 2012 Sala Russafa producía su primer espectáculo, en colaboración con la compañía Arden (troupe estable de la sala), bajo el título de ‘7 reinas’ con dirección y texto de Chema Cardeña. El éxito del montaje hizo que se realizara una segunda propuesta extendida con el nombre de ‘8 reinas’. Diez años después, y para celebrar el aniversario del espacio escénico, Arden recupera la pieza original  con Jerónimo Cornelles, Juan Carlos Garés, Juan Mandli y el propio Cardeña (protagonistas de aquellas funciones), junto a las actuaciones de Manu Valls, Saoro Ferre y José Zamit. Siete hombres poniéndose en la piel de siete reinas que dan a mostrar sus luces y sus sombras. La Historia (sí con mayúsculas) les ha dado un lugar entre sus páginas tanto para lo bueno como para lo malo y…, es ahí donde Cardeña hurga en su texto (y en la concepción del trabajo de dirección), donde clava su mirada y pluma para perfilar sus interesantes criaturas. La idea ya resultaba atractiva hace diez años: diez hombres representando a diez notables majestades. Hoy resulta mucho más interesante ante la creciente corriente feminista, después de todo…, la corrupción, la manipulación, los juegos del poder y sus consecuencias son tan representativos  de un soberano como de una soberana.

Juan Carlos Garés en una imagen de '7 reinas'.

Así las cosas, María Estuardo, Catalina la Grande de Rusia, Isabel la Católica, Cristina de Suecia, Isabel I, Juana La Loca y Elizabeth I son mostradas bajo la intermediaria presencia de un hombre. Vestidos con rigurosas chaquetas, camisas moradas, corbata y huyendo de ‘feminizar’ (o dotarlas de rasgos identificativos a su género de mujer) ‘7 reinas’ ofrece un rico contrapunto a la imagen de su selecto ramillete de coronadas. Lo puesto, lo opuesto y lo contrapuesto.

Pero la apuesta de Cardeña va más allá de esta travesura dicotómica, las reglas del juego se presentan desde su inicio: los intérpretes saben que tiene que ponerse en la piel de una majestad. La ficción es real y la realidad de estas mujeres ‘reales’ es un artificio para conocer su lado más íntimo y personal, ahí donde los géneros se separan y fluye el componente emocional, racional e irracional, el más humano, el que deja ver la confrontación (lo masculino y femenino) de cada uno…, o de cada una como es el caso.

Bajo el paraguas de la Caja Negra, Chema deja casi al desnudo el espacio escénico donde una pantalla de fondo deja ver los retratos de las mujeres que refleja ante el público. Un singular trono sirve (¿actúa?) como único elemento referencial donde las ‘reales’ aposentan (¿huyen?) sus carnes sabiendo que es su gloria y su tumba. La desnudez de la escena (muy bien trabajada desde la composición) no olvida un elemento que clave para acercar las vidas de estas mujeres a la actualidad y la ficción: la música. Rebeca Ibáñez a la voz (magnifica en su dulzura) y el bajista David Campillos nos enlazan a las historias de cada una de las reinas con afamados temas de Mike Olfield, The Beatles, Abba, Leonard Cohen o Sylvie Vartan. Este sencillo, pero muy eficaz recurso no solo permite armoniosas transiciones, sino que nos permite (entre el alejamiento y la cercanía) situarnos en tiempo y espacio a cada una de las reinas (¿será un guiño a Bertolt Brecht?). A destacar las excelentes actuaciones de Manu Valls, Saoro Ferre, José Zamit, Jerónimo Cornelles, Juan Carlos Garés y Juan Mandli que reinan en sus interpretaciones. Enhorabuena al aniversario de Sala Russafa y aplausos por el rescate de estas ‘7 reinas’ que vuelven con soberana pasión a la escena.

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