Nacimientos obligados

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Nadie en su sano juicio puede estar a favor del aborto como tal. Ninguna mujer en su sano juicio puede estar a favor de quedarse embarazada e ir corriendo a una clínica a abortar. Abortar no es un impulso irracional, no es un período de enajenación transitoria que sufre la mujer. A ninguna mujer que quiere tener un hijo y está embarazada la asaltan comandos proabortistas por la calle, la secuestran y la llevan a rastras a que pierda a su futuro hijo. Cuando una mujer desea tener un hijo, lo tiene y lleva adelante su embarazo.

Cualquiera que haya leído el párrafo anterior pensará que son obviedades y, como tales, sobran. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El pasado viernes, el Consejo de Ministros daba luz verde al Anteproyecto de Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Mujer Embarazada, que reduce los supuestos reflejados en la ley aprobada en 1985 y derogará la ley de 2010. A partir de ahora únicamente se podrá abortar en caso de un delito sexual (12 semanas) o cuando el embarazo suponga un grave peligro para la madre (22 semanas). La malformación del feto queda fuera en este anteproyecto, salvo que éste suponga un daño psíquico para la madre. En cualquier caso, para dar luz verde al aborto serán necesarios dos informes médicos independientes de dos profesionales diferentes que no trabajen en el centro médico en el que se practicará el aborto.

Gallardón

Si bien todas las leyes que regulan el aborto, tanto las que hemos tenido en España como las de los países de nuestro entorno, nunca han obligado a interrumpir un embarazo, en la ley que ha preparado Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia, sí se obliga a tener un hijo en determinadas ocasiones. Los sectores más reaccionarios de la sociedad española y los jerarcas católicos se han apuntado así un tanto muy importante. Sin embargo, esta parte de la sociedad no ha tenido en cuenta –o tal vez sí pero les da igual- que el cuidado de bebés con malformaciones graves supone una carga añadida para las familias –en todos los sentidos- que se verá agravada por los recortes que ha llevado a cabo el Gobierno de Mariano Rajoy en materia de discapacidad.

Habría que preguntar a la Iglesia Católica y a las asociaciones pro-vida qué es lo que entienden por vivir. ¿Vivir es únicamente cubrir las necesidades fisiológicas? ¿O vivir es mucho más que eso? ¿La interacción con otros seres humanos y saber lo que pasa a tu alrededor es vivir? ¿Acaso el Estado, a través de sus leyes, es capaz de decidir si un futuro hijo vive a pesar de saber que no se levantará de una cama nunca y nunca será consciente de lo que pasa a su alrededor? Esa decisión debería competer única y exclusivamente a las mujeres y sus familias.

En muchas ocasiones, esta parte de la sociedad arguye que ese embarazo, aunque sea no deseado, es consecuencia de un acto sexual para el que se supone cierta madurez. Muchos embarazos no deseados son consecuencias de una nula educación sexual. Por cierto, una educación sexual de la que la Iglesia Católica casi no quiere oír hablar, pensando que lo que se enseña a los jóvenes en esas clases es a ser promiscuos.

Si se lee entre líneas, lo que esta ley pone en tela de juicio es el raciocinio de las mujeres –y también el de sus parejas- a decidir si quieren llevar adelante su embarazo. Parece que el Partido Popular no las cree capaces de decidir, por eso acota más los supuestos. Sería interesante saber qué es lo que piensan las mujeres del PP de todo esto. Además, si las mujeres no son capaces de decidir en este tema, ¿por qué deberían serlo a la hora de votar o a la hora de dirigir una empresa?

¿Acaso piensa Gallardón, Rouco Varela y todos sus acólitos que esta ley va a reducir el número de abortos en España? Todo lo contrario. El pasado año, con la ley más abierta que ha tenido España en esta materia, se redujo un 5% el número de abortos. Está demostrado que las leyes más restrictivas son las que provocan un mayor número de abortos. Los viajes a Londres para abortar volverán a estar de moda, aunque está vez con la variante de poder ir a abortar a Portugal, que está algo más cerca. Ni el PP ni la extrema derecha de este país quiere afrontar el problema de raíz, es decir, mejorar la educación sexual y fomentar una verdadera política de planificación familiar, creando redes de guarderías públicas y propiciando una verdadera política de conciliación laboral y familiar.

Durante años el ahora ministro de Justicia nos ha vendido su imagen de progre. Gallardón era el verso suelto del PP, el ala izquierda de la derecha española, y con esa imagen va a imponer una de las leyes más restrictivas en materia de aborto de toda Europa. Incluso buena parte de la derecha de Europa le ha sacado los colores a Rajoy por su nueva ley. Únicamente partidos como el de Le Pen en Francia apoyan el anteproyecto del Gobierno. Viva la Marca España.

Raúl Tárrega MoyaPeriodista | @RaulTarrega | Creador del blog Desde mi Butaca

1 Comentario

  1. Buen artículo, reflexionado y sin puntos demagógicos. Siempre han querido imponer sus ideas por medio de la moral y la religión. En definitiva retroceso, anclaje en el pasado

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