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El Circo del Sol se despide de Valencia con el éxito absoluto de Varekai

La primera vez que vi un espectáculo del Circo del Sol debía tener unos 10 años. Venían a Valencia con Quidam, la historia de una muchacha triste y desesperada a la que sus padres no prestaban atención. Era un espectáculo en la penumbra, bajo una lluvia simulada incesante y cuyo leitmotiv era introducido por un señor sin cabeza bajo un gran paraguas. Lo recuerdo entre escenas grises y sombras oscilantes, aunque al mismo tiempo desprendía magia e ilusión, traspasando esa fina barrera que existe entre el público y el escenario y contagiándonos a todos los presentes del ambiente enigmático y fantástico del circo.

Circo del Sol. Varekai. Valencia

Varekai es todo lo contrario. Es luz en movimiento, color brillante y llamativo en los exuberantes trajes diseñados por Eiko Ishioka, la alegría de los artistas en cada uno de sus vuelos entre las correas y acrobacias por complicadas que sean. Sin embargo esta reinterpretación del viaje de Ícaro con sus frágiles alas emplumadas sigue estando impregnada del mismo espíritu cien por cien Circo del Sol de ese primer espectáculo al que asistí y que consiguió despertar mi respeto y profunda admiración por el arte circense.

Han sido cuatro días intensos para la compañía y su elenco de músicos y artistas internacionales aquí en Valencia, con doble representación diaria de dos horas de duración  cada una de ellas, pero que ha tenido su recompensa con una taquilla que no se ha dejado ni una entrada por vender en ninguno de los pases que el Circo del Sol ha ofrecido en el auditorio de la Feria de Muestras.

Inocente y vulnerable, Ícaro se encuentra herido en un mundo desconocido. En la Prometida encontrará la luz que le guiará. La pareja junto al resto de personajes protagoniza los momentos más bellos y armoniosos del espectáculo. El Vigía, científico loco, y el Guía, un sabio anciano inspirador del cambio, salpican de momentos de humor este bosque animado por seres extraños junto a una pareja de payasos, también muy peculiares, que intentan sin demasiado éxito triunfar como artistas. Y cada una de estas escenas cobra sentido como un todo gracias a la expresión corporal y gestual de los artistas y sus personajes que con sus cuerpos hablan el lenguaje universal del arte.

5El responsable de esta genial obra, el director Dominic Champagne, ha dado sin ninguna duda con la tecla exacta para captar la atención del público y atrapar sus miradas hasta que suena la última nota y la compañía sale al centro del escenario por última vez para despedirse agradecida. La actividad incesante, todo lo que pasa al mismo en el escenario entre números de clowns, piruetas, malabares… son los responsables y tienen la culpa del gran éxito de Varekai.

 


 
 
 

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