Un ‘Trigo sucio’ lavado por el humor

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Llegó al Teatro Olympia ‘Trigo sucio’, la nueva obra del dramaturgo, guionista y director David Mamet. Bajo dirección de Juan Carlos Rubio y versionada por Bernabé Tierno (que también ejerce de productor), la obra pone su punto de mira sobre el magnate de una productora cinematográfica que aprovecha su poder para inflar su ego, ascender socialmente, ocupar protagonismo mediático y…, obtener beneficios sexuales (entre otras muchas cosas). No es difícil encontrar la figura de Harvey Weinstein detrás del personaje principal del texto; sí Weinstein, el que fuera presidente de la productora norteamericana Miramax acusado por delitos de agresión sexual y condenado a 23 años de cárcel.

Imagen de la obra.

Bajo la piel del productor toma las riendas interpretativas Nacho Novo; en el de su secretaria (y cómplice de caprichos y corruptelas) lo hace Eva Isanta; el del guionista laborioso y maltratado Fernando Ramallo; y en el papel de la joven estrella en ascenso, que no acepta los favores del magnate, Candela Serrat. Todo ello al servicio de una versión (tal y como comentó en rueda de prensa Novo) en “tono de comedia”. Es verdad que el propio Mamet definió su texto como una comedia pero…, da la sensación que la adaptación fecunda el tono cómico por encima del ácido humor y la carga de hipocresía social que destila la obra. Novo acentúa la interpretación hacia lo burlesco (el personaje lo tiene, es claro) pero en ocasiones la delgada línea que separa lo burlesco y la sobreactuación se rompe con mucha fragilidad. Isanta mantiene con soltura y frescura su papel de secretaria presta a socorrer al jefe y se muestra eficaz cuando su personaje sabe en qué momento toca abandonar el barco con todas sus consecuencias. Correctos Ramallo y Serrat frente a sus personajes que saben que la función orbita ante la figura de un personaje ciclotímico y egocéntrico.  El cuarteto actoral, a lo largo de 70 minutos, funciona de forma orgánica ante un argumento nivelado en su trama más sólida.

Cabría preguntarse si la opción de crear la escenografía  del despacho del magnate como si fuera un plató televisivo (casi una simulación de la simulación) beneficia el corpus de la dramaturgia de Mamet. La idea de un concepto metalingüístico parece restarle algunos puntos a la desnudez que se pretende darle al tema del abuso del poder. ‘Trigo sucio’ merece la visita del público, y el aplauso ya de paso, ante un tema que afecta a muchas capas sociales aunque Mamet se reserve la idea (al final) de que el magnate volverá a sus andadas tras su caída y resurrección (como lo ha sido y es) junto a nuevas complicidades.

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