Un pueblo sin comercio es un pueblo sin vida

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Un pueblo sin comercio es un pueblo sin vida, una ciudad dormitorio. No es opinión, es un hecho contrastable. Un dato, en las cerca de cuarenta calles que componen el cuadrante sur desde las calles Acequia de Favara, Constantí Llombart y Teodoro Llorente sólo sobreviven tres comercios (el kiosko y la herboristería en los límites de esta ‘zona 0’), una cafetería y una farmacia, además de las dos sociedades tradicionales de la Cooperativa y la Terreta y una guardería. Nada más. Aquí, en el caso antiguo, el tiempo se ha detenido. Se nos muere esta parte de Massanassa.

Massanassa planoEl progreso no ha llegado a unas calles con aceras de hace varias décadas, tráfico desordenado y aparcamiento escaso. Para los que pisamos Massanassa todos los días no puede dejar de ser triste ver cómo en los últimos diez años hemos visto desaparecer en esta zona -que comprende los barrios de l’Orà, la Baixaeta y la zona del Covent- tres kioskos, cuatro hornos, dos carnicerías, una mercería, un estanco, dos barberías, carpinterías, bares y hasta algunos edificios municipales como la antigua biblioteca, un espacio infrautilizado por parte de las autoridades locales.

Aquí es posible andar durante varios minutos sólo, con lo que ello conlleva para muchas personas. Aquí han desaparecido fiestas de calles y las plazas prometidas están diseñadas con tan poco acierto que cuesta ver a alguien sentado tomando el sol en los cubos de hormigón que llenan la tan prometida Plaça de la Baixaeta. Haced una prueba, pasead por estas calles y veréis cuantas casas hay cerradas. Así no puede haber comercio.

Para revivir estas calles y fundir las caras de siempre con nuevas personas que vengan a vivir aquí o que simplemente no se vayan a otros sitios hacen falta muchas cosas. Políticas activas de vivienda joven, ayudas a la rehabilitación, dotar de servicios y accesibilidad a estas calles y pensar en que a veces arriesgar e innovar no está de más. Pero si hay algo que es fundamental es apostar, de una vez por todas, por nuestro comercio local.

Permitir que existan zonas 0 sin apenas comercios ni vida, perder la feria del comercio, dejar pasar subvenciones para fomentar las compras locales y forzar que haya avenidas como Blasco Ibáñez donde no se puede instalar una terraza para que pueda haber cafeterías, por ejemplo, tiene solución. Massanassa necesita un nuevo relato, también materia de comercio.

Campañas de consumo local, un mapa de comercios de proximidad, un directorio de negocios, concursos, rutas, espacios de coworking para jóvenes emprendedores, pensar mejor las semipeatonalizaciones y una Concejalía de Comercio con un responsable con autoridad para decidir y buscar todos los recursos que otras administraciones ponen al servicio de los ayuntamientos son sólo algunas de las claves para ayudar a nuestro pequeño comercio.

Si queremos vida en nuestras calles, calidad y atención personalizada necesitamos comercio local. Necesitamos un nuevo relato para volver a tener todas las calles con vida.

[ Fran Raga | @FranRaga | Jurista]

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