José Moroder, el burgués valenciano que originó San Isidro de Benagéber en Moncada

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“Todo empezó cuando comencé a investigar el sistema de regadío de la mina de bufilla en Moncada. Un sistema de regadío inusual en l’Horta Nord, pues permitía, a través de la canalización subterránea, abastecer de agua gratis para el riego. Un sistema que empezó a construirse a finales del siglo XIX y que fue financiado por un tal José Moroder Peñalva. Me dije…¿quién es este señor?”.

Habla Arturo Xerri, investigador local de Moncada que ha publicado recientemente su primer libro: ‘El sueño de un burgués valenciano: la granja Moróder de Moncada’, un volumen en el que cuenta la historia de José Moroder Peñalva, un negociante que originó lo que ahora es San Isidro de Benagéber, un pequeño núcleo urbano perteneciente a Moncada.

José Moroder Peñalva

Tras nueve años estudiando el patrimonio e historia de este hombre y tres escribiendo el libro que ahora ha salido a la luz, Xerri admite sentir ya a aquel personaje como “parte de su familia”: “La nieta de Moroder me dice que sé yo más que ella sobre la historia de su abuelo y su familia”, apunta entre risas el investigador de Moncada.

Pero ¿quién era realmente esta figura? Según cuenta el autor del libro, Moroder fue un burgués valenciano, “digo valenciano porque vivía en Valencia ciudad”, matiza. Sin embargo, dice, tenía propiedades y negocios por diferentes territorios, sobre todo en Moncada y en Alfara del Patriarca.

El libro, que se divide en 15 capítulos, habla, entre otras cosas, de la granja Moroder, que da nombre al volumen literario y que es, para el historiador, “el origen de todo lo demás”. De hecho, el libro hace un repaso a todos los acontecimientos alrededor de esta granja-masía de los Moroder desde finales dek XIX hasta finales del XX “desde el apogeo hasta la decadencia”, apunta Xerri.

 

¿Qué albergó aquella masía Moroder en Moncada?

La granja de Moroder, tal como explica Arturo Xerri, fue un centro agropecuario que destacó por la cría de vacas. “El señor Moroder estableció una ganadería de vacas holandesas con las que aplicó técnicas progresistas para su época”, apunta el autor.

El espacio total estaba compuesto por un chalet principal y una finca, una serie de tierras entorno a la casa. Fue a finales del siglo XVIII cuando Moroder compró los terrenos alrededor de la masía y los fue transformando en campos de naranjos, después creó un complejo agropecuario que fue “algo avanzado a su época”.

Pero toda época de apogeo tiene, inevitablemente, una continuación de declive. Y ese descenso llegó, para la familia Moroder y su granja agropecuaria, cuando llegó a València la Guerra Civil española. En 1938, cuando las tropas republicanas todavía resistían en València, “la granja Moroder fue expropiada y pasó a ser gestionada por anarquistas para construir la Universidad Agrícola”, detalla el autor.

Aquel enclave rural, pasó a ser, durante un año más que duró el conflicto bélico, la Universidad Agrícola donde se formaron a cientos de jóvenes en el oficio de la agricultura y la ganadería. Algo que duraría poco, pues tras la victoria de los sublevados, la familia Moroder recuperaría sus propiedades; la Universidad cerraría y la granja nunca volvería a ser lo que fue anteriormente.

El nacimiento de San Isidro de Benagéber

José Moroder, el protagonista de la historia, murió en 1940 y sus hijos se hicieron cargo de la gestión de la finca. Alli nació, unos años más tarde, San Isidro de Benagéber.

“Los hijos segregaron el terreno para crear el pueblo de San Isidro. Vendieron al Estado Franquista, concretamente al Instituto Nacional de Colonización, gran parte de los terrenos, por un importe de más de 4 millones de pesetas. Con esa venta, el Estado fundó, en los años cincuenta, el pueblito que ahora pertenece a Moncada”, cuenta Xerri.

Entonces, la actividad agropecuaria se redujo exponencialmente. “La actividad que quedó en la masía fue la confección de la naranja”, cuenta Xerri, “los productos que salían de este enclave se trasladaban al Puerto de Valencia con el trenet“. Un medio de transporte que también tiene historia y sitio en el volumen literario publicado por el investigador.

Tras publicar este primer libro, Arturo Xerri saca una conclusión: “Aún queda mucho por investigar”. Este libro, dice, es interesante para la gente local, de Moncada y Alfara porque “pueden verse reflejados en la historia, pueden ser incluso protagonistas de ella pues, mucha población de estas dos localidades trabajaron o estuvieron involucrados en la actividad que albergó este trocito de la huerta valenciana”, explica.

Más que un libro, dice Xerri, “este volumen es una crónica contrastada de la historia local”, concluye, no antes sin mencionar, que ya tiene en mente su próxima investigación.

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