Réquiem por un español valiente

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Si orgulloso me siento de ser español al ver la  proeza alcanzada por nuestro joven Rafa Nadal al conseguir su décima Copa de los Mosqueteros en el Roland Garros parisino, no va a ser menos que me sienta incluso más orgulloso de ser español al ver el coraje y la valentía demostrada por  ese otro joven compatriota, Ignacio Echeverría, a la hora de salir en defensa de una mujer indefensa victima de la ira y locura yihadista.

Llegada a España de los restos de Ignacio EcheverríaAl respecto, como no podía ser de otra manera, hay muchos descerebrados que con tal de no pronunciar la palabra España o español, porque parece que les quema en sus bocazas, se escudan  en la simple condición de mero ‘ser humano’ de Ignacio, para justificar la autentica gesta  de este pedazo de tío, tan valiente como buena gente donde la haya.

Y si dentro de la desgracia irreparable como es la de perder a un hijo en circunstancias tan trágicas, a manos de unos locos desalmados hijos de la gran p…, los padres del  también  nuestro Ignacio, ya pueden estar orgullosos de haber engendrado a un ser excepcional que, a partir de ahora, debería de ser ejemplo y referente en valores para toda la juventud española.

En otro orden de cosas, yo no voy a estas alturas a intentar satanizar a toda la comunidad musulmana por la ola de atentados terroristas perpetrados por unos musulmanes majarones y asesinos que, en nombre de su Dios, se dedican a matar a seres inocentes sembrando el terror allá donde selectivamente fijan su agenda u hoja de ruta. Ese Dios no puede ser jamás el del buen musulmán, el del buen cristiano o el buen judío. El Dios de la imposición a la fuerza, el odio y la venganza solo puede anidar en mentes enfermas o bien en aquellas ávidas en manipular a la Humanidad a través de la fuerza, el miedo y el terror.

Y hablando de ese hipotético Dios amante de la sangre y el terror, según las mentes instrumentales del mismo, no deberíamos de olvidar igualmente jamás ese Santo Oficio o Inquisición, inventada en nuestra piel de toro, y dedicada a sembrar igualmente el terror en todo aquel que no hiciera lo encomendado por el jefe Torquemada o el frailón de turno.

Un terrorismo diferente, pero terrorismo al fin y al cabo ejercido por una iglesia que desde luego no era ejemplo de absolutamente nada. Apropiándose vilmente de las propiedades de judíos y moriscos expulsados de la península, y practicando el ‘voto de castidad vaticano’ donde el propio papa Alejandro VI, tenia media docena de hijos reconocidos, y donde las relaciones incestuosas y constante ‘follisqueo’ entre sus hijos Lucrecia y Cesar eran conocidas hasta en el cielo de San Pedro.

Todo ello, eso sí, mientras la cristiandad amparada por el entonces emperador Carlos I, se dedicaba a darle por saco al turco, por aquellos tiempos cabeza de la morería internacional. Así como igualmente a masacrar a los nativos de las tierras del nuevo Mundo, hasta tal punto que fue otro fraile, pero este de los buenos, Bartolomé de las Casas, el que vino a denunciar ante la corona los excesos y el ‘terrorismo institucionalizado’ perpetrado por aquellos que solo buscaban esclavizar a todo bicho viviente de los pueblos conquistados.

Dicho lo cual, y dejando la historia tranquila impresa en los libros, hemos llegado a un extremo por el cual es la civilización musulmana la que internamente tiene que frenar semejante barbarie y violencia, generadora de mas violencia y, lo más grave y peligroso, generadora de un sentimiento xenófobo y racista de consecuencias irreparables. Tiene que ser el colectivo musulmán, como gente de paz y devotos del Corán, quienes desde las propias mezquitas hacer todos los días llamamientos al cese de la violencia y la sinrazón; y a todo aquel imán cuyo mensaje sea contrario a la paz, ponerlo de patitas en la frontera o entre rejas tanto a él como a su ardor guerrero.

Decía un profesor de historia amigo mío, cuando hacia una defensa del pueblo musulmán apuntando las excelencias que contempla el Corán, que la putada de toda esta cadena de hechos es que últimamente cuando hay una masacre o acción terrorista es que casualmente siempre hay un musulmán detrás de la bomba o el cuchillo, nunca un cristiano o un judío. Por lo tanto, he ahí la urgencia  para que sean los buenos y pacíficos musulmanes los que se pongan las pilas de una vez, a la hora de frenar tanta locura asesina que lo único que hace es perjudicarles directamente a ellos mismos.

José Antonio Sorzano | @JoseSorzano | Periodista y abogado | Foro de Opinión José Luis Sampedro

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