La crisis de los valores en Europa

Desgraciadamente, todos los indicadores empiezan a mostrar como la vieja Europa empieza a temblar internamente con la perdida de ese rumbo que antaño acordaron y marcaron los viejos y sabios fundadores de la hoy denominada Unión Europa.

Bandera Unión Europea

No deja de ser triste ver cómo, poco a poco, la inexistencia de unos objetivos comunes,  dirigidos bajo la batuta de unos liderazgos fuertes y referenciales, están dejando a nuestro viejo continente sumido en una autentica crisis de valores desconocida desde la constitución de la U.E.

Lejos quedan aquellos tiempos donde bajo la sabia y generosa dirección de los padres de la integración europea, se pudo conseguir que nuestro continente fuera un autentico y poderoso referente en el mundo, en cuanto al respeto y potenciación de los valores de la ciudadanía al margen de otras consideraciones diríamos mas economicistas.

La Europa de los ciudadanos parida por los padres fundadores: Schumann, Adenauer, Monnet, Gásperi, Spaak, Churchill o Hallstein, por desgracia ha quedado borrada en la memoria de esta oleada de nuevos prebostes que componen tanto el Consejo como la Comisión Europea.

Aquella Europa, de valores supremos como la  Libertad y los Derechos Humanos, estamos viendo como inexorablemente  están quedando relegados a un simple plano mercantilista, donde al margen de los acuerdos de rango económico, cada país miembro hace y decide lo que le da su real gana, sin contar con la opinión y acuerdo del resto de sus homólogos. Eso sí, amparándose siempre en las prerrogativas y derechos inherentes a su soberanía como país.

Esa Europa de los Ciudadanos, concebida para lograr alcanzar los máximos niveles de bienestar, se ha quedado en el olvido con la aplicación de los constantes recortes y aplicación de ese desmesurado austericidio a los ciudadanos de a pie. Mientras que no ha sido así respecto  a los bancos o al mismo sistema financiero. Al hilo de todo esto, sería justo recordar, igualmente, la firme voluntad por defender los máximos niveles de bienestar para los ciudadanos, no hace tanto tiempo,  por políticos como Helmut Kohl, François Mitterrand, Felipe González, o aquel magnifico presidente de la Comisión Europea, llamado Jacques Delors.

Por el contrario, con la caída del Telón de Acero, a partir de 1989, se nos han ido colando  una serie de políticos de los llamados países del Este, Hungría, Eslovaquia, Polonia, República Checa que haciendo un brevísimo transito desde sus respectivas procedencias comunistas y cambiando el titulo de sus tarjetas de presentación, ahora todos liberales de toda la vida, se han venido integrando como miembros de pleno derecho en las estructuras democráticas europeas que con tanto ”mimo y dedicación” construyeron en su día aquellos padres fundadores de la U.E.

Curiosamente, las alarmas no dejan de sonar sobre las tendencias de extrema derecha, incluso algunas neonazis, que se van introduciendo tóxicamente, poco a poco, en las entrañas de algunas democracias de la U.E. Todo ello, tomando en cuenta los informes emitidos, desde el “Think Tank”  Freedon House;  el emitido igualmente por  Nate Schukkan, director de  Naciones en Transito, así como las alarmas que a diario salen de la propia Agencia Europea para el Refugiado, entre otros muchos organismos, que no dejan lugar a dudas a que la Europa que actualmente se esta volviendo a conformar,  dista mucho de la Europa de los VALORES que se proyecto en su fundación.

Los populismos nacionalistas, xenófobos e insolidarios mostrados principalmente por el denominado grupo de Visegrado, constituido en 1.991 por Hungría, República Checa, Eslovaquia y Polonia, una vez salidos del orbe comunista, son una muestra más de esa brecha que se está abriendo entre estos sistemas nacionalistas y populistas, frente a las tradicionales democracias liberales. Situación, que cada día hace más patente la amenaza constante que se cierne respecto a la unidad y libertad en Europa, tanto en el plano interno como externo.

Desde luego, representantes europeos del corte como el del húngaro Víctor Orban, el eslovaco Robert Fico, o su compatriota María Kotleva, líder del partido neonazi, homófono y racista Partido Popular Nueva Democracia, no creo que le haga mucho bien a la imagen de la tradicional y tolerante democracia europea.

El discurso de odio paranoide, conducido hacia la violencia contra las minorías y los refugiados de la guerra, así como el levantamiento de muros con alambradas de espino, a más de uno nos pone los pelos como escarpias. No se debería de consentir que en el corazón de la Europa de las libertades en pleno siglo XXI, se tengan que oír gritos como: ¡¡Aplasta al refugiado terrorista y protege a la patria!! En una fraseología mas propia de las SA de la Alemania nazi, que de la Europa de la Democracia, la Libertad y los Derechos Humanos.

Advierte Fredom House, que con su nacionalismo intolerante, su egoísmo populista y su lamentable sordera a los principios humanitarios, estos países (ex comunistas) que componen el llamado grupo de Visegrado, pueden ir desmontando lentamente , pieza a pieza, el espíritu fundacional que dio carta de naturaleza a la U.E.

Dicho lo cual, solamente no quedaría  apuntar que la Europa de la Libertades, la Solidaridad, el Bienestar y los Derechos Humanos, en estos momentos parece ser que podría tener más enemigos internos que externos, con la irrupción de esa serie de corrientes extremas que, desde distintos signos ideológicos, esperan agazapadas para poder asaltar el poder en sus respectivos países. Muchas de ellas en nombre de no se sabe muy bien que modelo importado del exterior.

Recuerdo las repetidas, sensatas y acertadas palabras del político del partido Ciudadanos, Albert Rivera, abogando insistentemente por la constitución de unos futuros y confederados Estados Unidos Europeos. Pues bien, yo le contestaría a este joven político que con los actuales mimbres poca cesta europea se puede hacer.

José Antonio Sorzano | @JoseSorzano | Periodista y abogado | Foro de Opinión Salvador de Madariaga


 
 
 

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