Un misionero de Moncada, premiado en Colombia por haber mejorado la nutrición de niños indígenas

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El sacerdote capuchino Juan Guinart, de 75 años y natural de Moncada, ha recibido el premio ‘A toda una vida por la nutrición infantil’ otorgado por la Fundación Éxito de Colombia, donde permanece como misionero desde hace casi cincuenta años, según informó el Arzobispado en un comunicado.
Guinart dirige desde 1985 el Hogar del Niño en Valledupar, que incluye un comedor social para más de 300 niños en edad escolar de familias sin recursos, entre ellos, menores indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

El jurado del galardón destacó que Guinart “ha logrado que el cincuenta por ciento de los niños indígenas menores de cinco años recuperen el peso para la talla y el 55 por ciento su estatura promedio, indicadores que demuestran una óptima nutrición y un desarrollo adecuado para la edad”.

La Fundación Éxito, que colabora con el propio misionero en sus proyectos solidarios, se dedica a mejorar la nutrición de la niñez en 126 municipios colombianos.

En su discurso al recibir el premio en Bogotá, publicado íntegramente en el último número de la revista ‘Valencia Misionera’, el sacerdote señaló que el reconocimiento supone para él “un estímulo para seguir confiando en la Providencia, que no abandona a sus hijos preferidos, los pobres”. Asimismo, señaló que acepta “complacido el premio porque en mi persona considero premiados también a tantos misioneros pasados y presentes, que se desvivieron y se desviven, atendiendo a los necesitados”.

El premio concedido pretende “exaltar y divulgar la labor de las personas con una trayectoria mínima de veinte años de trabajo en áreas como la investigación, el ejercicio profesional o social, en acciones conducentes a mejorar las condiciones nutricionales de la niñez o las madres gestantes o lactantes en Colombia”, según fuentes de la Fundación Éxito.

Juan Guinart permanece como misionero desde 1962 en Colombia. En este tiempo, ha sido destinado en diferentes etapas a Bogotá, Barranquilla, Providencia, Valledupar y las serranías de Santa Marta y Perijá. “Desde que me introduje en el pueblo colombiano, me dolió tanto la desnutrición de los niños que me dije: tú puedes paliarla”, expresó en su discurso el sacerdote. “Desde entonces esa fue mi preocupación y mi firme propósito: que donde yo esté no quiero ver hambre a mi alrededor”, concluyó.


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