“Tenía un cristal en la cabeza y ellas me controlaban con un mando a distancia. Solo quería que me dejaran en paz”

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El acusado de matar en enero de 2009 a Carolina Planells y de herir gravemente a su amiga Susana Pérez se ha reafirmado autor de los hechos, aunque esgrime que en ese momento no estaba bajo sus facultades, sino que se encontraba “embrujado”. “Solo quería hablar con ellas, estaba inconsciente y sabía que ellas querían acabar con mi vida”, ha agregado.

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El juicio contra Mohammed A., de origen marroquí, ha comenzado a las 10.15 horas en la sección segunda de la Audiencia Provincial de Valencia, y se ha prolongado hasta las 12.30 horas, momento en que la causa ha quedado vista para sentencia.

Hasta la sala se han acercado medio centenar de amigos y familiares de las víctimas que han pedido justicia y que el acusado no vaya a un centro psiquiátrico -tal y como solicita el ministerio fiscal y la defensa-, sino a la cárcel, como solicitan la acusación particular y popular.

Durante su declaración, el acusado ha justificado su comportamiento con frases como que sólo quería que las dos jóvenes “le dejaran en paz” y que estas le habían instalado un cristal en la cabeza, con el que le “controlaban” a través de un mando a distancia.

Así, el punto central de juicio ha girado en torno a la eventual enfermedad mental del acusado, que según los informes psiquiátricos forenses padece un trastorno de ideas delirantes que le lleva a actuar sobre una realidad equivocada forjada por él mismo, un punto que ha sido duramente discutido por la acusación.

Así, la existencia o inexistencia de tal patología se presenta como parte fundamental en el caso, en tanto en cuanto recomendaría el ingreso en prisión o en un centro psiquiátrico del autor confeso.

Según ha explicado el médico psiquiatra Juan Carlos Cauto, el informe forense es claro: el acusado es una persona “totalmente normal” en su vida diaria, salvo en el contexto creado por sí mismo en torno a las ideas delirantes, en este caso la creencia de que las dos jóvenes paiportinas le estaban echando cosas en la bebida o de que le iban a hacer daño.

En este sentido, ha señalado que Mohammed no actuaba con el conocimiento de que lo que estaba haciendo estaba mal, sino que formaba parte de su delirio, que presentaba el ataque a las jóvenes como su “única opción”.

Sin embargo, la acusación popular ha señalado que desde el primer informe –realizado apenas 24 horas después del suceso-, hasta el tercero –realizado meses más tarde- el perfil psicológico del acusado “va girando” desde el de una persona “normal” a un sujeto con una patología de delirios que, a su juicio, es “una fantasmada” del presunto homicida.

Así, ha resaltado que si el acusado no tenía consciencia de que lo que estaba haciendo estaba mal, no entiende entonces “porqué se escondió” antes de abordar a las jóvenes y “porqué se ocultó” y huyó tras las agresiones.

El acusado, por su parte, se ha declarado a sí mismo como un “enfermo mental” que tomaba pastillas “para los nervios” antes del suceso, aunque no ha sido capaz, a día de hoy, de explicar cómo pasó, aunque según la acusación, dio una detallada declaración de los hechos, “como si fuera una novela” cuando fue detenido.

En sus conclusiones, el ministerio público ha reafirmado su petición de 34 años de internamiento en un psiquiátrico, dado que considera acreditada la enfermedad mental del acusado, un extremo que ha sido compartido por la defensa, que solicita un internamiento de entre 15 y 20 años.

Mientras tanto, la acusación particular ha señalado que el acusado es “plenamente imputable” por la comisión de unos hechos “que no tuvieron ninguna provocación” y para evitar, así, que se “burle a la Ley” española, en tanto que la acusación popular ha manifestado estar convencida de que el acusado “no está enfermo”, sino que posee un “ alto grado de inventiva”.

“No me mates, por favor”

Tras la declaración del acusado, la primera en declarar como testigo ha sido Susana Pérez, la amiga de Carolina que sobrevivió al ataque supuestamente de Mohamed y que sufrió graves heridas físicas y, también, psicológicas pues aún hoy recibe tratamiento y, según sus médicos, el cuadro general “ha empeorado”.

Susana, visiblemente afectada, ha declarado separada del acusado para evitar cualquier contacto visual mientras relataba, a preguntas de los letrados, cómo la noche del 11 de enero de 2009, después de que Carolina y ella hubieran cerrado el pub donde trabajaban y cuando ya estaban en el coche, el acusado las atacó con un cuchillo.

La joven ha recordado cómo Carolina, que ya estaba dentro del vehículo, le advirtió de que un hombre con un cuchillo se le acercaba por detrás pero ella ya no pudo reaccionar y notó como le asestaba puñaladas en la cabeza. “No podía defenderme. Sólo le pedía que por favor no me matara. Le dije a Carolina que saliera del coche y huyera pero ella no podía correr por los mismos nervios”, ha recordado Susana quien ha asegurado que el acusado “miró a Carolina pero siguió apuñalándome hasta que me dio por muerta y se fue a por ella”.

“Entonces me miré el estómago y vi que tenía tripas fuera. Las cogí con la mano, me limpié la sangre de la cara y salí a la carretera buscando ayuda. Paró un chico con el coche. Yo miré pero no vi a Carol. Enseguida vinieron mi padre y mi hermano y yo sólo les pedía que fueran a buscar a Carol que estaba en la plaza”, ha explicado la joven.

Más calmada tras detallar los hechos que, cerca de dos años después la mantienen en tratamiento psicológico y con un bajísimo estado de ánimo, Susana ha contestado a las preguntas de los letrados y ha asegurado que el acusado , no intentó mediar palabra con ellas antes del ataque a pesar de que este asegura que sólo quería hablar con ellas.

Asimismo, ha reconocido que ya habían tenido problemas con él en el pub que regentaban porque se quedaba hasta que cerraban para intentar quedarse a solas con ellas aunque las jóvenes solían pedir a alguno de los clientes que se quedaran hasta que él se fuera. Pese a ello y a haber recurrido a la Policía para que lo sacaran del local, las chicas nunca lo denunciaron porque no le dieron importancia.

Sin embargo, la última vez que fue al pub antes del ataque les dijo que las había denunciado por echarle algo en la bebida para que se enamorara de ellas pero que como eran hermanas -así lo creía él- su religión no le permitía estar con las dos.

Susana ha reconocido que se encuentra en tratamiento psicológico y psiquiátrico y que no se atreve a salir a la calle ni ha podido volver a trabajar. Extremo que han confirmado dos expertos de la unidad de psicología del Hospital General Universitario de Valencia que se encargan del tratamiento de la joven.

En su declaración, los psicólogos han declarado que Susana presenta un cuadro de estrés postraumático que se ha agravado con el tiempo ya que su estado de ánimo ha empeorado aunque ha mejorado en algunos síntomas pues en casa ya se encuentra más tranquila y no necesita tanta luz. Pese a ello, han asegurado que, en este momento, “el pronóstico no es muy favorable”.

El Ministerio Fiscal ha pedido, además de la condena, una indemnización para Susana y otra para la familia de Carolina por los daños psicológicos que el acusado ha causado en ellos. © Hortanoticias

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