Puçol a través del espejo

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Hay personas que nacen con estrella y, otros, estrellados. Y esos son los que protagonizan los treinta relatos del nuevo libro de Manel Alonso, ‘Els somriures de la pena’. El título hace referencia a esa continua desgracia que rodea a sus personajes: “reír por no llorar”. Hortanoticias ha estado con él días después de que su nuevo libro saliera a la venta para hablar de ‘Els somriures de la pena’ y de su trayectoria como literato.
Fiel a su estilo, el escritor de Puçol publica así su segundo libro de relatos en el que reconoce que hay mucha memoria, mucha ternura y añoranza. Son historias verídicas aunque no fieles a la realidad, como el propio Manel explica, “cuando evocas un recuerdo, ya es falaz” porque se contamina de los sentimientos de quien recuerda, para bien o para mal. Pero estas treinta historias, oídas, vividas, contadas, no pretenden ser una crónica sino un esbozo, un detalle de la sociedad en una época y en un pueblo imaginario que, sin embargo, a muchos recordará a su propio pueblo.

“Aquí lo que hay es la intrahistoria. Para contar como era la sociedad de una época has de buscar la novela y no el libro de Historia. Si se lee entre líneas, se va montando un puzzle con detalles muy concretos. La gente de la comarca se va a sentir muy identificada porque comparten costumbres, un mismo dialecto…cuando lean el libro se sentirán como si se hablara de su propio pueblo”, explica el autor.

Manel es de Puçol y allí es donde vive pero sus historias se desarrollan en el imaginario Pouet, un lugar “a través del espejo” donde viven la literatura y la fantasía de este escritor valenciano que, además, se empeña en publicar sus libros en valenciano lo cual, reconoce, le lleva su tiempo porque se preocupa en recuperar expresiones y frases hechas típicas de la expresión oral. “No me gusta que mis personajes hablen en estándar”, asegura, y por ello su literatura tiene un valor añadido.

“Pouet es para mí como el Macondo de Gabriel García Márquez”, un lugar recurrente, imaginario pero con tintes de realidad como si de una simple deformación del mundo real se tratara donde ocurren historias basadas en hechos reales aunque, muchas veces, sorprende más lo que hay de verdad en la historia que lo que es ficción.

Dividida en tres partes, ‘Els somriures de la pena’ comienza con relatos extraídos de la memoria colectiva, las historias que cualquiera puede oír un día de mercado o en el bar de la plaza. La segunda parte se refiere a una familia típica valenciana de los años 70 y, en la tercera, la más autobiográfica, el autor plasma anécdotas de su vida como periodista y editor.

Años de ‘movida’
No es más difícil publicar en valenciano, dice, porque todo depende “de la calidad literaria del autor” y él ya se ha creado un hueco y fue el responsable de Onada Edicions quien quiso editar este libro de relatos. Onada Edicions sólo publica textos en valenciano y, además, está especializada en el espacio común de las comarcas del norte de la Comunitat Valenciana y del sur de Catalunya con obras que hablan de historia, geografía, gastronomía o espacios comunes.

Sobre la lengua, aunque insiste en que no es un impedimento para publicar, sí reconoce que, además de que los índices de lectura en la Comunitat son muy bajos y más en valenciano, falta distribución de la literatura en la lengua propia de la Comunitat y el autor tiene que “moverse” mucho más para hacer llegar su obra.

Manel Alonso lleva años “moviéndose” y ya se ha creado un hueco en el mundo literario valenciano gracias a sus trabajos de poesía, narrativa para niños, narrativa juvenil, dietarios y novelas además de un primer libro de relatos llamado ‘El carrer dels bonsais’, una peculiar calle donde conviven todos los protagonistas de las historias.

Y ahora, ese hueco lo está ensanchando gracias a la globalización que ofrece Internet. Lejos de amedrentarse por las nuevas tecnologías, Manel usa la redcomo una herramienta a su favor. Aunque reconoce que la literatura en un blog “no acaba de cuajar” porque es demasiado “inmediata y los textos necesitan una reelaboración, una reedición en frío, pasado el tiempo”, sí apuesta por este tipo de plataformas para darse a conocer.

“Siempre llevo un dietario encima y a veces publico en mi blog alguna selección o algunas poesías. También las traduzco a otros idiomas como el castellano y el vasco y, con ello, consigo ampliar el público al que llegan mis historias”, señala el autor de Puçol quien, del mismo modo, advierte de que internet ha “democratizado en exceso” el acceso a la obra literaria lo que puede provocar la “obsesión por las opiniones y por el número de lectores” en los autores.

Su ordenador es como el estudio de un pintor, con muchas cosas empezadas y a medias pero, “al final, siempre te decides por una, cuando ves que empieza a tomar forma, te centras y la acabas” pero, antes, ‘Els somriures de la pena’ estuvo años dando vueltas por su cabeza y por su estudio después de que su hijo le animara a escribir “todas aquellas historias que le contaba de camino a sus clases de música”.

Y esos recuerdos, esas leyendas, esas historias que pasaron algún día en algún lugar próximo acabaron convertidas en los treinta relatos de ‘Els somriures de la pena’ pasando de la tradición oral a la literatura escrita en un intento de que las palabras sobrevivan al orador porque, como reconoce el propio Manel, “cuando desaparecen las personas, desaparecen las historias”.© Celia Dubal/Hortanoticias

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