Kempes no se toca

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El divorcio entre la afición valencianista y el ‘proyecto’ -por llamarlo algo- de Peter Lim es cada vez más evidente y más doloroso. Ya a nadie se le escapa que al señor rico de Singapur, esto del fútbol como que le viene grande.

Ésa es la versión benevolente, porque la otra es peor con diferencia. Hay un ‘come come’, un ‘runrún’ que reina en las barras de los bares, en los corrillos y hasta en las colas del pan, que hablan de una situación perversa que no se quiere terminar de creer, pero “ay…”, y que coloca al equipo de Mestalla como un escaparate para los negocios de compraventa de jugadores para el señor Mendes.

Y es que es muy difícil, por no decir casi imposible, que esto sea casualidad. La política de fichajes no puede ser tan nefasta por casualidad. Lo visto este sábado en Mestalla no es producto de la fatalidad, ni del no-saber hacer del no-director deportivo ahora, Alexanco -como tampoco del sí-director deportivo anterior, Suso García Pitarch-. Esto es un chuleo en toda regla.

Pero en esta suerte de desgracias, llámenlo desacatos, llámenlo tropelías, hay un límite del que no se puede pasar. No se puede pasar por encima de esos iconos, esas figuras que toda afición que se precie considera elementales, básicas, casi fundacionales que se erigen en factor diferencial. En el Valencia CF, a eso se le ha venido en llamar ‘el murciélago’ del escudo. Son esas personas que, a fuerza de trabajo y carisma, se han ganado formar parte de la historia del club como el emblema distintivo del mismo. Son patrimonio vivo ya no del club, sino de los mismos valencianistas. Y con esas cosas, no se juega.

Lim se ha atrevido con uno de esos iconos: Mario Alberto Kempes. El Valencia CF ha ‘despedido’ al mito argentino del Valencia CF, sin darse cuenta que al icono valencianista no se le puede despegar del club como a cualquier hijo de vecino no se le puede despegar la piel del cuerpo, sin que salte por lo menos un grito de dolor.

Que el ‘Matador’ es una institución intocable para la parroquia valencianista, es una verdad que sobresale por encima de cualquier otro dogma ‘blanquinegre’. Pero los que han tenido y/o tienen el privilegio de conocer a Mario en las distancias cortas saben, además, que es un tipo sencillo, noble, gran valencianista donde los haya, al que no hace falta un título para portar el escudo del murciélago como estandarte allá por donde va. El feo que acaba de hacerle el club de sus amores es una afrenta en toda regla, un insulto no solo al icono de iconos del valencianismo, sino al propio valencianismo en sí.

Lim no podría haber escogido mejor un blanco más certero para hacer daño a la afición del Valencia CF. Si ése es su propósito, como muestra de poder, desde luego lo ha conseguido. Lo del sábado en Mestalla, con el público abandonando en masa el estadio, va a ser un paseíllo comparado con lo que le espera si sigue con esta ‘guerra total’ contra el valencianismo.

Mientras, Don Mario Alberto Kempes seguirá siendo nuestro murciélago, nuestro corazón valencianista, nuestro crack mundial. Por muchos Peter Lim’s que pasen por la calle Suecia.

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